Una tentación de susurros y lobos DIECINUEVE #3
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DIECINUEVE #3

Sus ojos cristalinos pintados de kohl se pasean por las seis, las cinco hijas de nobles y yo, que estamos detrás de la larga mesa de madera en la que las sirvientas han colocado en fila distintos cálices y copas.

Los guardias de la Garda se acercan con unos biombos y los sitúan entre cada una de nosotras; supongo que será para que ninguna pueda ver lo que hacen las demás, aunque el público sí que puede vernos a todas .

Una oleada de emoción se propaga entre los espectadores, ávidos de entretenimiento.

No obstante, cuando miro hacia las tribunas, veo que al príncipe se le tensan los hombros. Cambia el peso de una de sus esbeltas piernas a la otra y suelta su copa en la mesa, junto al cuenco de hielo.

Cierro las manos en puños y adopto una posición de combate.

Entonces, el silencio se contagia entre los nobles y la Reina Suprema asiente en señal de aprobación antes de agitar la muñeca para indicarle a los guardias que se marchen del campo.

Garra se va con ellos, aunque me dedica una última e intensa mirada por encima del hombro.

Las sirvientas se marchan también. Todos los que no son nobles desaparecen y toman el camino que los lleva de vuelta al castillo.

—El Ensayo nos da la oportunidad de acabar con los eslabones débiles de las brillantes cadenas que conforman la sangre noble —grita la Reina Suprema.

No se molesta en hacer mención del trono vacío—.

El Ensayo es nuestra forja, nuestro crisol para la futura reina.

Y esta vez hay mucho más en juego. —Hace una pausa para que sus palabras calen entre los presentes—.

Vuestras familias son nuestro frente de batalla.

Cada asalto y cada lucha que tenga lugar en vuestras tierras es una lucha para el corazón de esta isla.

Una lucha contra la difusión de las peligrosas promesas de la Mártir y contra los que desean que vuelvan los días oscuros en los que vivíamos bajo el yugo de los magos —espeta con desprecio—, del fuego, de las leyendas y de la magia .

Una sensación de pánico me inunda los pulmones al escuchar los atronadores gritos y vítores de los cientos de nobles que hay a nuestro alrededor.

Apostaría mi vida a que ninguno de ellos ha sentido espasmos en el estómago a causa del hambre o el punzante dolor de las pérdidas que sufrimos día a día y que recordamos al dirigir la mirada hacia el Muelle Negro.

Y, aun así, ellos gritan de alegría por la prohibición de la magia.

Una prohibición que nos mantiene oprimidos, pero que garantiza la seguridad de los nobles, porque solo así evitan que seamos lo bastante fuertes como para revelarnos y reclamar una vida mejor.

El viento sacude la maraña de enrevesadas trenzas de la Reina Suprema, decoradas con pequeñas perlas, diamantes y gemas azules.

—Ya hemos sido testigos de cómo los magos han destrozado nuestra isla —exclama, fulminando disimuladamente con la mirada a los enviados leoneses, aunque el único atisbo de tensión que distingo es la súbita tirantez de la piel tatuada que cubre las mandíbulas de los susodichos—.

Los magos acabarían con todo lo que os habéis ganado en este tiempo y con todo lo que han construido vuestras familias tras siglos de sacrificio.

El miedo se ve eclipsado por la rabia repentina que me inunda las venas.

«Que os habéis ganado». Y una mierda.

—Sellaremos todos y cada uno de los Pozos para avanzar hacia un futuro en el que no tengamos miedo de que regresen —le grita la reina al público—.

Drenaremos la magia que asola cada terreno para extraer el veneno de las heridas que nos dejaron los magos.

Y eso nos protegerá de los que anhelan un gobierno sometido a la voluntad de muchos, en lugar de que gobiernen los que han nacido para ello.

De los más sabios . —Se calla unos segundos y sus labios dibujan una sonrisa maliciosa—.

Y una reina debe ser lo bastante sabia como para identificar un veneno que atente contra su vida, ¿no?

Una inmensa ovación se propaga entre los presentes, que gritan para alabar las palabras de la Reina Suprema.

Yo, por el contrario, noto que se me duermen las manos y se me hiela la sangre.

Y todo lo que abarca mi campo de visión se empieza a volver borroso.

Veo que la reina sigue moviendo los labios, pero lo único que escucho son los latidos de mi corazón retumbando en mi cabeza al entender lo que va a pasar a continuación.

De pronto, se me viene a la mente la mirada abrasadora que me lanzó Lobo cuando estábamos en el templo.

«¿Lucharías? Aunque solo quedara una gota de magia en los Pozos, ¿lucharías?».

Esa fueron sus palabras.

Sigo sin saber si eso sería posible, porque va contra todo lo que me han enseñado y contra todo lo que he creído a lo largo de mi vida.

Sin embargo, las palabras de la Reina Suprema no dejan lugar a dudas.

« Sellaremos todos y cada uno de los Pozos».

« Drenaremos la magia que asola cada terreno».

Siento como si el mundo que hay a mi alrededor se tambaleara por un segundo y, después, vuelve a su sitio tan de golpe que me da un vuelco el estómago.

Aún hay magia en los Siete Pozos.

Y los Susurradores lo saben.