Una tentación de susurros y lobos QUINCE #2
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QUINCE #2

De pronto, el salón parece girar sobre sí mismo cuando una oleada de personas corre en dirección contraria al lugar de donde proviene el grito, de la esquina en la que se escucha un gruñido, del terror puro.

Siento una punzada en el pecho cuando me fijo en el líquido que empapa el suelo y sigo las miradas horrorizadas que apuntan a la esquina más alejada del salón, donde la música estaba tocando la gaita.

Ahora, el Rey Supremo la tiene inmovilizada contra el suelo, sobre un charco de sangre carmesí y… algo verde .

Los latidos de mi corazón empiezan a retumbar a un ritmo frenético cuando veo el chal verde que cubre el regazo de la música.

El Rey Supremo ruje y suelta un torrente de maldiciones indescifrables que quedan eclipsadas por los alaridos de la mujer.

El pecho del rey se agita sin parar y, de repente, le clava en el cuello el puñal con el que estaba limpiándose las uñas hace unos instantes.

La sangre sale a borbotones del cuello de la música, tanta que me parece inhumano.

Observo los dedos enjoyados del Rey Supremo teñidos de sangre hasta que se gira hacia todos los presentes, hacia su corte, escudriña con la mirada los cientos de cuerpos que hay ante él y arruga la nariz como si estuviera decidiendo quién será su próxima víctima.

Me quedo completamente petrificada.

Garra no se ha movido de su sitio, desde donde me estaba viendo bailar con el príncipe, y tiene el rostro tan pálido como las rosas blancas que arrancaron del jardín.

En cuanto sus ojos marrones se encuentran con los míos, creo distinguir en ellos la misma aterradora pregunta que me hago yo: ¿Somos los siguientes?

El príncipe Cashel aparta la mano de mi cintura con tanta delicadeza que me provoca un escalofrío, pero apenas puede contener lo mucho que le repugna la situación. En cuanto mira a su padre, lo invade la furia y grita:

—¡Guardias!

Los demás permanecemos en silencio.

El príncipe es el único que se atreve a moverse y que está dispuesto a asumir los riesgos de lo que pueda pasar a continuación.

Ni siquiera la Reina Suprema se levanta del trono, pero sí que fulmina a su hijastro con esos ojos cristalinos que están impregnados de algo que solo se podría describir como odio puro y desmedido.

Un repentino aluvión de uniformes de color negro y carmesí sale por las puertas bañadas en oro que hay tras el estrado. El estruendo del choque metálico y las pisadas contra el suelo de mármol inunda la sala. Primero entra una unidad de guardias y, después, una segunda.

Todos se detienen justo delante del Rey Supremo con las manos sobre las empuñaduras de sus armas.

El príncipe Cashel avanza hasta colocarse entre las dos unidades de guardias y señala a su padre levantando la barbilla con determinación. Aunque estoy a uno de los lados del estrado, puedo ver que su mirada se vuelve sombría y aprieta la mandíbula.

Ahora mismo es más que el príncipe heredero. Es el futuro rey, el futuro comandante de la guardia de la Garda.

—Lleváoslo —ordena el príncipe en un tono tan cortante como la hoja de su sable.

Los guardias dudan un segundo, pero da tiempo a que el miedo me invada y se me haga un nudo en la garganta.

Tanto el rostro del príncipe Cashel como todo su cuerpo se ponen rígidos y, cuando busca a tientas con la mano derecha el sable, reparo en que es la única arma que lleva a la vista.

No veo puñales ni dagas ni nada que pueda usar en un combate cuerpo a cuerpo.

No lleva nada que le permita improvisar o jugar sucio si se viera en la necesidad de hacerlo con tal de sobrevivir.

Sus dedos envuelven la empuñadura, pero no aparta la vista de los guardias.

El Rey Supremo le gruñe a su propio hijo, un ruido feroz y violento, y noto algo que arde dentro de mí.

Esto está mal . No solo la sangre y la carnicería que hay montada, sino el hecho en sí de lo que está pasando. Que ninguno de nosotros, ni siquiera el Rey Supremo, puede obtener la ayuda que podría salvarnos.

¿Podría la magia haber sanado lo que se quebrantó en su interior antes de convertirse en… esto ?

El rey siempre ha sido conocido por su crueldad, pero ahora veo a un monstruo. Un monstruo al que ninguno de los presentes, salvo su hijo quizás, está dispuesto a detener.

Si la próxima cosecha fracasa, lo más probable es que estemos a escasos meses de sufrir una hambruna. Y eso se traduce en que, en tan solo unos meses, podría producirse un intento de anexión. Nuestro rey no sería capaz de sacarnos adelante en una crisis.

Es un tirano.

Y a los tiranos hay que derrotarlos.

Ese pensamiento me cala hasta los huesos con una certeza abrasadora.

Entonces, la guardia que hay junto al príncipe Cashel asiente en dirección a los demás y todos los músculos marcados se tensan bajo su uniforme cuando ella y otros dos guardias se acercan al Rey Supremo, que sigue sobre el charco de sangre, y le sujetan los brazos por detrás de la espalda.

El rey no se resiste. Se le cae la cabeza hacia delante y cierra los ojos poco a poco, como si se hubiera tranquilizado al sentir el fuerte agarre de los guardias mientras lo sacan del salón y dejan un rastro de pisadas sangrientas a su paso.

No me pasa inadvertida la figura con una capa larga carmesí que va tras ellos.

Y tampoco se me escapa cómo la Reina Suprema observa toda la escena.

Una coraza protege mi corazón palpitante, pero la sensación de certeza resurge con fuerza. La noto bullir en lo más profundo de mi ser y retumbar cada vez con más intensidad desde dentro.

La justicia tiene las manos sucias. No es dócil ni amable, pero eso no significa que no sea necesaria.

Este hombre quiere destruir nuestra isla y acabar hasta con el último rayo de esperanza que se cuela entre nosotros, y todo porque tiene miedo de lo que podamos hacer con la magia, si es que tuviéramos la oportunidad de usarla.

Le aterra que podamos recurrir a la Mártir y a los magos, e incluso a nosotros mismos, y dejemos de depender de él.

Teme no ser capaz de controlarnos si no nos invade la desesperación.

El Rey Supremo lleva años demostrándonos quién es realmente, incluso antes de ser presa de su propia locura.

Y no merece nuestro perdón.

Si queremos que nuestra isla sobreviva, si yo quiero al menos fantasear con que vuelvan los magos y la Mártir y que le devuelvan la magia a nuestro pueblo, el Rey Supremo debe morir.

Eireann merece que la salven.

Nosotros nos merecemos que nos salven. Siento la esperanza retumbando en mi pecho, una oleada que me presiona las costillas con tanta fuerza que parece que se me van a partir. Es una sensación tan extraña y tan desconocida para mí que, por un segundo, me cuesta respirar.

Si cumplo con mi cometido, les demostraré a los Susurradores que soy digna de formar parte de su lucha. Y, si creen que puedo serles de ayuda, tal vez me ayuden a escapar de este lugar cuando haya terminado, cuando haya alcanzado el objetivo que ellos mismos me pusieron.

El aire me llena los pulmones en cuanto los cortesanos que me rodean chocan sus copas y beben vino entre susurros, como si no hubiera pasado nada.

A ellos no les cuesta apartar la mirada de la monstruosa crueldad del Rey Supremo porque no es su sangre la que salpica las baldosas de mármol… por ahora.

Llevo toda la vida haciendo todo lo posible por sobrevivir.

Y pienso seguir haciéndolo.

Voy a matar al Rey Supremo.

Y no porque haya hecho un trato con Lobo.

Sino porque quiero .