Una taza de té para el demonio CAPÍTULO 6 #3
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CAPÍTULO 6 #3

No. Lo cierto es que no la había menospreciado en ningún momento. De hecho, había tenido más paciencia de la que habría tenido cualquiera cuando empezó a bombardearle con preguntas.

Volvió a mirar a su alrededor, viendo ahora el lugar desde otra perspectiva.

—¿Por qué un hotel? —preguntó, posando a continuación los ojos sobre él—. ¿Por qué tú? Quiero decir, los demonios no son precisamente conocidos por su altruismo…

—Y lo dices con conocimiento de causa, claro.

Lo apuntó con el dedo.

—Te recuerdo que querías hacerte con mi propiedad costase lo que costase.

—Tenía un buen motivo para ello.

Y, una vez más, lo que había creído tener claro, volvió a desdibujarse ante la realidad que tenía delante.

—¿Cuál? —preguntó finalmente, viendo ahora que aquello tenía otro trasfondo.

—Protegerles. —Su respuesta fue sincera y directa. No la pensó ni un solo segundo—. El hotel y el inmueble de viviendas, ambos forman parte del mismo refugio… Tu tienda, la parcela en la que está ubicada, me estaba complicando las cosas.

—¿Complicándotelas? —Frunció el ceño—. ¿Cómo? ¿Es que sus huéspedes son alérgicos al té, a las plantas de mi jardín?

—Digamos que necesitaba que la tierra de la parcela en la que está tu negocio me perteneciese para poder reforzar la seguridad del refugio.

Suponía que aquella era la versión resumida de alguna explicación que o bien no llegaría a entender o se le haría muy cuesta arriba.

Alison volvió a mirar a su alrededor.

—Entonces, ¿el Baylor Inn es un refugio para criaturas sobrenaturales con problemas? —resumió—. Y tú, un demonio, eres quien lo gestiona.

—En una manera muy resumida de decirlo, sí.

—¿Y tú qué obtienes a cambio? —Se giró hacia él—. ¿Pagan alquiler? ¿Te deben alguna cosa? ¿Haces tratos con ellos?

—No. —Fue tajante y, a juzgar por su expresión y la manera en que endureció la mandíbula, acababa de ofenderlo—.

Quien entra en el Baylor Inn lo hace porque no tiene otro lugar a donde ir, porque su vida o la de sus familias corren peligro por su sola existencia.

No me deben nada, no hago tratos con ninguno de ellos y no obtengo nada a cambio porque no lo necesito.

No pudo evitar recibir su réplica como una bofetada y la aceptó.

Acababa de hacer lo mismo que hacía la gente de su entorno, juzgarla por quien parecía, no por quien era en realidad.

Se había pasado meses convencida de que Jason Baylor era un capullo. El típico hombre de negocios que no aceptaba un no por respuesta y estaba dispuesto a todo por salirse con la suya.

Y no lo era. No lo conocía demasiado, era verdad, pero hasta ahora, cada uno de sus encuentros había sido más un choque de voluntades que una intimidación por su parte.

Jason no la había menospreciado ni una sola vez, no había intentado estafarla ni engañarla.

Incluso le había dicho la verdad, desvelándole quién era él.

El hombre que tenía delante acababa de admitir que daba refugio a sus congéneres, a aquellos que estaban en problemas, que necesitaban de un lugar para ocultarse o sanar. Los protegía y lo hacía sin pedir u obtener nada a cambio.

—Eres un hombre mucho más decente de lo que creí en un principio, Jason Baylor —admitió en voz alta, mirándole a la cara—.

Te pido disculpas si te he ofendido. Puedo asegurarte que no era esa mi intención.

Supongo que algunas cosas que suceden a mi alrededor y que se salen de lo normal… todavía me cuesta procesarlas.

Su disculpa pareció aligerar el ambiente, ya que lo vio asentir.

—Lo entiendo.

Una vez más cayó el silencio sobre ellos, pero, como parecía ocurrir siempre entre ellos, no duró demasiado.

—Se ha hecho tarde… —Era hora de emprender la retirada. Tenía mucho en lo que pensar—. Los permisos ya están firmados. Procuraré estar presente cuando empiecen con las reformas, aunque confío en que seguirán lo acordado al pie de la letra.

Jason dejó escapar un pequeño resoplido en respuesta.

—Ten por seguro que lo harán —confirmó. Abandonó su posición cerca del escritorio y señaló la puerta con un gesto—. Te acompaño abajo.

—No hace falta, conozco el camino. —Negó. Se subió la tira del bolso y señaló los documentos—. Tú encárgate de darle curso a eso. Nos vemos pronto.

Sin otra palabra más, abandonó la oficina antes de que Jason pudiese decir algo más.

Alison cerró la puerta tras ella y se quedó unos segundos en el pasillo, el tiempo justo para llenarse los pulmones de aire.

—De acuerdo, Ali —murmuró para sí—. Puedes con ello.

Se dirigió hacia los ascensores con paso firme y entró en uno de ellos tan pronto como las puertas se abrieron. Tan solo unos minutos después salía por la puerta, dejando que el aire fresco del anochecer le acariciase el rostro.

Jason Baylor era un demonio. Uno de alto rango. Y tenía, además, un hotel lleno de criaturas sobrenaturales a las que daba cobijo.

—Joder… —resopló, miró una última vez detrás de ella, al cartel con el nombre del hotel y sacudió la cabeza.

Iba a tener que tener otra larga charla con Lola. Solo esperaba que las respuestas que pudiese darle la fantasma no generasen todavía más preguntas de las que ya tenía.