Una taza de té para el demonio CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

—Sobre todo cuando ella es la única que podría dar respuesta a cosas tan absurdas como por qué se me daban especialmente bien las plantas o por qué conocía el nombre de cada una de ellas incluso cuando nunca antes las había visto.

—Se encogió de hombros—. No he sido una niña infeliz, ni tampoco me he sentido abandonada.

Sí, por supuesto, he echado de menos a mi madre y a mi padre, pero mi tío se ocupó de recordármelos siempre y darme todo lo que pensó que ellos me habrían dado. En ese sentido, fui afortunada.

—Así que nunca recibiste formación como bruja.

Sacudió la cabeza.

—No. Ni formación, ni coven, ni iniciación a la magia. —Enumeró lo que le había dicho Lola que solían hacer las brujas—. Podría decirse que soy una bruja verde autodidacta. —Lo miró de soslayo, se lamió los labios y preguntó antes de arrepentirse de ello—. ¿Me dejas ver tus cuernos?

—No. —Tajante.

—¿Son grandes?

—Por todos los infiernos…

—¿Puedo ver aunque solo sea la puntita?

Jason se la quedó mirando con expresión incrédula, como si no pudiese creer lo que acababa de salir de su boca.

—Vale. Eso ha sonado fatal —admitió, consciente ella misma de lo que había dicho—. Me refería a que me dejases echar un pequeño vistazo…

Y eso tampoco había sonado bien.

Por Dios, se estaba hundiendo ella solita en el fango.

—Será mejor que no digas una sola palabra más —bufó él.

Por una vez iba a hacerle caso, porque al ritmo que iba, lo próximo que saliese de su boca podía ser incluso más vergonzoso.

Se quedó callada, pensando en todo lo que había pasado en esos pocos minutos.

¿Cómo no se había dado cuenta antes de que Jason Baylor no era un hombre común y corriente?

Sí, claro que lo había hecho, pero no había sido capaz de encontrar una explicación a todo lo que le provocaba ese hombre. Desde su apabullante presencia, pasando por la manera en la que era capaz de silenciar una habitación y hasta su peligroso atractivo, era evidente que no era un humano más.

Ladeó la cabeza y lo vio perdido en sus propios pensamientos, como si él también estuviese analizando ese mismo instante.

—¿Qué significa exactamente ser un demonio de alto rango? —le preguntó con suavidad, atrayendo su atención de nuevo sobre ella.

Jason pareció relajarse ante la pregunta, sin duda porque no había vuelto a mencionar sus cuernos.

—Que no hay nadie por encima de mí a quien deba dar cuenta de mis actos.

Y esa era una respuesta bastante escalofriante.

—¿Poder? —resumió ella en una sola palabra.

—Poder y responsabilidad —concretó, mirándola de una manera que hablaba por sí sola.

—La responsabilidad no siempre es ostentar el poder, a veces consiste en dejarlo en manos que sepan cómo administrarlo.

—¿Es eso lo que haces en cada fiesta a la que asistes? —No había acusación en su voz, tan solo curiosidad.

—A Simon se le dan mejor los negocios que a mí —admitió—. Pero estaré lista cuando llegue el momento de recoger el testigo. No huyo de mis responsabilidades. A finales de año me incorporaré a Rosemont Holding y a su directiva.

Lo había prometido y no era de las que faltasen a sus promesas.

—¿Y tú? ¿Qué responsabilidades tiene un demonio? —Lo miró y él le devolvió la mirada.

—En mi caso, más de las que me gustaría —aseguró y echó un vistazo a la puerta—. La principal es mantener este lugar en funcionamiento.

—El hotel.

Asintió con la cabeza antes de volverse hacia ella.

—El hotel —repitió a modo de confirmación.

Alison recordó entonces al hombre magullado que había visto al llegar, la parte de conversación que escuchó entre ellos y la manera en la que ese tal Robert se había dirigido al hombre que tenía delante.

—Robert no es… humano —comprendió. Y ahora le parecía tan evidente que no sabía cómo no se había dado cuenta en el acto—. ¿También es un demonio?

Negó con la cabeza.

—No. No pertenece a mi gremio.

Se quedó callada unos segundos, solo para volver a preguntar.

—¿Qué o quién es él? ¿Y por qué estaba tan herido? Parecía que le hubiesen dado una paliza.

Los segundos pasaron y todo lo que hizo fue posar la mirada sobre ella, como si estuviese preguntándose a sí mismo si debía responderle, si podía confiarle lo que quiera que parecía estar guardando.

—Robert es un licántropo.

Directo y sin anestesia.

—¿Un hombre lobo?

—Ellos prefieren el término licántropo, pero sí, básicamente.

El silencio volvió a caer entre ellos. No duró apenas, había demasiadas preguntas en el aire.

—Le dieron una paliza. —Ya no era una pregunta, sino una suposición.

—Solo porque no pudieron terminar el trabajo.

Un inmediato escalofrío la recorrió ante lo que implicaban esas palabras.

—¿Me estás diciendo que alguien ha intentado matarlo?

—Y falló.

Joder.

Miró al hombre frente a ella de la cabeza a los pies, intentando juntar las piezas que había sobre la mesa.

—Y tú acabas de ofrecerle protección, ¿me equivoco?

—No. No te equivocas —confirmó, agitando la mano con un gesto que abarcaba algo más que su oficina—. El Baylor Inn es un refugio para aquellos de mi mundo que necesitan de un lugar para ocultarse o sanar.

—Un refugio.

Asintió una vez más.

Lentamente, cada una de las piezas parecía encajar en su lugar.

De repente, todo tenía sentido. Su extrañeza al entrar en el lugar por primera vez, los particulares huéspedes con los que se encontró en su primera visita…

Ahora, todo lo que había sentido entonces cobraba sentido de una manera inesperada.

Había estado cruzándose con las criaturas sobrenaturales de las que Lola le había hablado en este último medio año. Sin darse cuenta de ello, había hablado con un licántropo, ¿y quién sabía qué más se estaría alojando en el hotel?

Se quedó momentáneamente en shock. Una cosa era escuchar sobre la existencia de demonios, licántropos, fantasmas… y otra estar cara a cara con ellos, manteniendo una conversación puramente normal.

Alison ladeó la cabeza y entrecerró un poco los ojos al dirigirse de nuevo a él.

—¿Sabías que yo era bruja?

Su rotunda negativa lo sorprendió.

—No.

—¿No? —Ni siquiera sabía por qué aquello la decepcionaba.

—Percibí algo extraño en ti —añadió entonces—. No eras como otros humanos, tu alma es distinta.

—Mi alma.

Su mirada se volvió amarilla una vez más y la forma en la que la deslizó sobre ella, más que acojonarla, le produjo cierto cosquilleo.

—Es distinta, más luminosa —mencionó—. No tienes la marca de ningún aquelarre, eso era lo que me faltaba, lo extraño. De tenerla, te habría reconocido desde el principio.

—Ah.

Esos ojos la miraron fijamente.

—No tienes ni idea de nada, ¿no es así?

Podría haber sido un insulto, incluso un intento por ridiculizarla, pero solo detectó comprensión.

—Salta a la vista que no estoy a la última en estos temas —replicó con evidente sarcasmo—. Pero eso no me hace una completa ignorante.

—No he dicho que lo fueses.