Una taza de té para el demonio CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

—March, por Dios —resopló Bella.

—¿Qué? Es una amenaza infalible.

Ambas mujeres se enzarzaron a partir de ese momento en una discusión sobre las mejores maneras de inutilizar a un hombre y Ali solo pudo sonreír.

Aquello había llegado a convertirse ya en algo cotidiano.

Los comentarios absurdos, las risas, las preguntas inesperadas y, a veces, demasiado personales…

Era agradable poder formar parte de algo como eso sin que la gente supiese quién era ella, sin que reconociesen en su persona a la heredera Alison Page y la viesen solo como…

Bueno, como Ali, la chica de la tetería.

Empezó a recoger las tazas del pequeño lavavajillas y las colocó en su lugar.

Solo llevaba la mitad cuando el viejo carrillón de la puerta volvió a sonar al abrirse.

Levantó la cabeza para dar la bienvenida a un nuevo cliente, pero sus labios congelaron la sonrisa que empezaba a curvarle los labios al ver al recién llegado.

Jason Baylor acababa de entrar en la tetería y desentonaba tanto en aquel lugar como lo haría ella misma vestida de esta manera en una recepción de gala.

—¡El demonio!

El exabrupto de Lola la llevó a fulminarla con la mirada, pero la fantasma no la miraba a ella, sino al recién llegado como si fuese la última persona que esperaría entrar por la puerta.

Y no podía estar más de acuerdo con ella en esto último.

El hombre parecía completamente fuera de lugar con ese traje oscuro perfectamente ajustado.

Abrigo largo, zapatos impecables, perfectamente peinado y con una expresión de alguien que acababa de descubrir que existía un mundo muy distinto al que estaba acostumbrado, el recién llegado no era precisamente el tipo de clientes que solía tener.

Lo miró de arriba abajo y, finalmente, se encontró con su mirada marrón. Sus ojos eran de un color muy claro y, según cómo le diese la luz, podían llegar a parecer incluso dorados, lo que los hacía resaltar contra una piel bastante bronceada y su pelo negro.

Enarcó una ceja ante él y preguntó sin más.

—¿Se ha perdido?

El carrillón de la puerta volvió a sonar detrás de él al cerrarse.

—Ya lo creo que sí —escuchó rezongar a Lola y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no mirar en su dirección—. Perdidísimo que está.

—Dado que está usted aquí, veo que no —respondió él, ajeno a los comentarios de su antigua clienta, mientras caminaba despacio hacia la barra.

Ali fue consciente entonces de que, salvo los inoportunos comentarios de la fantasma, todas las conversaciones habían cesado y varios pares de ojos se posaban sobre el recién llegado.

Genial, justo lo que necesitaba. Más rumores.

Obligándose a plantar una sonrisa en sus labios y a ser más amable de lo que le gustaría con ese capullo, le preguntó:

—¿Le pongo algo? ¿Un té de pasiflora , quizá?

Él enarcó una ceja en respuesta.

—¿Puedo aspirar a que también sirva café? —preguntó, mas sus ojos ya no estaban sobre ella, sino deslizándose por la pared que tenía detrás.

—Está de suerte. Hoy la cafetera funciona —le soltó sin perder la sonrisa.

—Un café solo, entonces —declaró, acercándose a la barra y bajando la mirada al suelo cuando este crujió bajo sus pies—. ¿Esto lo hace a menudo o es parte de su decoración para Halloween?

—Solo lo hace cuando entra alguien que desentona con la decoración.

Él se la quedó mirando.

Uy. ¿Había dicho aquello en voz alta?

Uno de los clientes del fondo soltó una risita, respondiendo a su silenciosa pregunta, aunque su hilaridad murió en cuanto el recién llegado dirigió la mirada hacia él.

El tipo cesó su risa de inmediato, incluso pareció ganar algo de color en las mejillas.

—¿Qué hace aquí? —preguntó, dirigiéndose a la cafetera a preparar lo que le había pedido—. Esperaba que me mandase a uno de sus abogados con la documentación, la verdad.

—Estaba por la zona, así que decidí hacerlo yo.

Lo miró por encima del hombro sin poder disimular su expresión de «¿en serio?».

—Entonces, ¿ya ha leído bien mi propuesta y ha redactado un contrato acorde esta vez?

—He leído su propuesta y el contrato está listo para que lo lea, pero no vine por eso.

Su admisión la tomó por sorpresa.

—¿Ah, no? —Se volvió hacia él—. ¿Y a qué otra cosa podía venir? Oh. No me diga que ya se ha terminado el té de pasiflora que le regalé.

—¿Le regalaste té de pasiflora al demonio? —Lola rompió a reír a carcajadas desde su mesa—. Jamás pensé que llegaría a presenciar algo como esto.

El hombre puso los ojos en blanco y Ali tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para ignorar a la fantasma y no reírse también.

Nunca pensó que encontraría divertido a la par que estimulante enfrentarse a un hombre como Jason Baylor, pero así estaba siendo.

Como él no respondió a su pregunta, volvió a concentrarse en el café.

El silencio inicial del local desapareció bajo el murmullo de las conversaciones, recuperando su tono de siempre. Todavía había quien echaba fugaces vistazos hasta la barra, más por curiosidad de ver a alguien como él allí que por otra cosa.

Le puso el café delante y añadió un platillo con una galletita de cortesía en forma de murciélago.

—Su café.

No hizo comentario alguno al respecto. Se limitó a mirarla, cogió la taza y la acercó a la nariz a oler su contenido antes de probarlo, todo ello sin despegar la vista de ella.

Fue un momento extraño y casi íntimo. Notó como su cuerpo reaccionaba a él, a su mirada, y eso la desconcertó por completo.

Sí, a ver, le consideraba atractivo. Tenía que estar ciega para negar lo evidente, pero de ahí a que se estremeciese bajo su mirada, había un mundo.

—¿Qué? —se encontró preguntándole, como si él pudiese tener la respuesta a lo que acababa de pasar.

Jason dejó el café sobre el plato y se lamió el labio inferior.

—Hace usted un café decente.

Sus palabras fueron suficiente para sacudirla y devolverla a la tierra.

Sí, ese era el tono que recordaba de su primer encuentro en la oficina.

—Gracias —replicó irónica—. Es toda una suerte que haya podido probarlo dado su empeño por hacerse con mi local.

Los labios masculinos se curvaron un poco, solo un poco, lo suficiente para entrever esa sonrisa tan particular.

—Ya tenemos un acuerdo, señorita Page, solo queda firmarlo —le aseguró, cogiendo de nuevo la taza y dándole un nuevo sorbo.

—Claro, lo haré tan pronto como me pase el contrato y lo lea a fondo.

—Por supuesto —confirmó—. Pero, como ya le dije, no es eso lo que me ha traído aquí hoy. Quiero hablar con usted de…

—Si ha venido a hacerle una nueva oferta a la niña para comprar el local, ya puede irse de vuelta. —El comentario de la señorita March llegó desde el fondo, interrumpiéndole.

—March —la censuró Bella.

—¿Qué? Es la verdad —replicó la mujer y, fiel a su naturaleza entrometida, volvió a preguntar—. ¿Ha venido a comprar el local?

Jason se volvió y respondió con absoluta tranquilidad.

—No, señora. No tengo intención de comprar el local.

Su admisión fue como una inesperada ola de alivio cayendo sobre ella. Aun así, no podía confiarse. No descansaría hasta que viese ese contrato y lo examinase con lupa.

—¿Y entonces a qué ha venido?

—A pasear, seguro que no —murmuró Lola, aun cuando nadie podía oírla.

—Por el amor de Dios, March —bufó Bella—. ¿A ti qué te importa? Deja en paz al caballero.

—Vine a ver a mi nueva socia —declaró, volviéndose ahora hacia ella. Estaba segura de que su sonrisa tenía que ver con la cara de sorpresa que se le había quedado.

—¿Socia?

—Eso he dicho —afirmó y no tardó en añadir—. De eso quería hablarle…

Asintió y apoyó las manos sobre la barra.

—Le escucho.

Y lo hizo. Con atención. Lo que le proponía entraba dentro de lo que ya habían acordado.

Se mantenían todos los puntos que para ella eran innegociables, su titularidad sobre el local y el negocio, así como libertad absoluta para hacer con el inmueble lo que le diese la gana.

Las reformas y acondicionamiento de la parcela serían sufragadas por la empresa Baylor, lo cual incluía también las correspondientes a la tetería.

—Así pues, usted conservará su negocio y no tendrá que asumir ningún coste de las obras —resumía él, mostrándole cada uno de los documentos en los que estaba estipulado—.

Dada la antigüedad de los edificios, conservaremos la estética, arreglaremos los desperfectos según la normativa y…

—El chirrido del suelo hizo su parte en cuanto él cambió su peso de un pie al otro—.

Le cambiaremos el suelo por uno que no rechine.