9 de octubre
Mientras estaba sentada en un banco en Primrose Hill, vi a un hombre y una mujer que, por lo que parecía, estaban casados.
Él cotorreaba sin parar como una urraca, amontonaba demasiadas ideas en el escaso espacio que los separaba.
Ella miraba a su alrededor con aire melancólico.
En busca de alguien que la rescatara, sin duda.
Media hora más tarde, vi a otra pareja; ella parloteaba y miraba a su alrededor mientras paseaba por todo el parque sin callar ni un momento. Él parecía irritado, distante y resignado.
Se me ocurrió la posibilidad cósmica de que se hubieran casado con las personas equivocadas.
¿Y si hubieran sido el Él y la Ella a los que tanto les gustaba hablar de naderías los que paseaban por el parque, espoleados por los mismos intereses, una pesadilla para sus vecinos, pero felices en su propia compañía?
Y un día se cruzarían con otra pareja de edad similar; estos dos, en cambio, caminarían contemplando la ciudad, intercambiando algún comentario ocasional, satisfechos en su espacio de silencio.
¿Y si en Londres hay miles de personas a las que se les ha escapado por poco la persona con la que podrían charlar sin parar o con la que podrían pasear en un silencio dichoso?
Es un pensamiento triste, pero ¿y si es cierto?
Más tarde
El correo era una montaña de correspondencia para Pierce —empiezo a preguntarme si debería cobrarle— y una carta para una tal Agnes Dowd. Mi sospecha de que ese era el nombre completo de mi acompañante ficticia —obra de Arabella— se vio confirmada cuando abrí el sobre de color melocotón.
Señorita Agnes Dowd:
Le escribo debido a mi preocupación por su protegida y mi pupila.
Aunque no nos hemos visto nunca, confío en que nuestros objetivos sean similares.
Principalmente, evitar que Emma se meta en cualquier lío que cause dolor o vergüenza a su familia y preservarla para un matrimonio respetable.
Ella me ha comentado algunas de sus opiniones, que me hacen pensar que puedo confiar en sus servicios.
Además, Emma me ha dicho que tiene verrugas.
No confío en las verrugas en la cara en general, pero, cuando se trata de una acompañante, las apruebo de todo corazón. Por favor, escríbame para confirmarlo.
Creo que es prudente que iniciemos una correspondencia con el objetivo de rodear a Emma por todos los flancos. Debe desechar sin pensárselo dos veces cualquier posible reserva que tenga respecto a este plan. Mis opiniones prevalecen sobre las suyas en todos los aspectos.
Lady Eugenia Spencer
Maldición. ¿Qué atrocidad es esta?
Esto podría complicarse.