Una señorita muy poco victoriana (Los diarios de Emma M. Lion 3) 17 de agosto
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17 de agosto

Arabella me invitó a tomar el té por la tarde.

La conversación transcurrió más o menos así:

—Tienes un aspecto terrible, Emma. Pero ¿qué has estado haciendo?

—He estado despierta leyendo el Apocalipsis hasta las tantas de la noche.

—¿Y por qué diablos haces esas cosas?

Suspiré.

—Porque vivo con un hombre atormentado.

—¿Vives con?

—Vivo al lado de.

—Eres un escándalo, querida hija de irlandés.

—Querida en cuanto a hija del mencionado irlandés, supongo.

—Precisamente.

Era lo que siempre había sospechado. Ay.

Cuando me iba, me abordó la doncella de tía Eugenia con uno de aquellos temidos sobres de color melocotón.

Emma :

Contra todos mis deseos, te necesito para que equilibres la mesa en una cena que celebraremos mañana aquí, en Spencer House. Ponte el vestido verde esmeralda. Y esfuérzate por no comportarte con la actitud con la que te encontré esta tarde.

Tu tía

Decir que es pesada es quedarse corta.