Una señorita muy poco victoriana (Los diarios de Emma M. Lion 3) 8 de agosto
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8 de agosto

Cuando volví a casa por la tarde, oí voces en el salón de recibir. El tono, la charla animada, la sensación de que quienquiera que fuese que se encontraba detrás de esas puertas estaba muy satisfecho consigo mismo me resultaron familiares.

Ya que Parian no se veía por ningún lado, abrí yo misma las puertas.

—¡Aquí la tenemos!

—¡Hola, cabeza loca!

Sentados en el salón de mi casa, uno en el sofá verde y el otro en el sillón rosa, estaban las más benditas pesadillas de toda la existencia: Oliver y Phineas Brookstone.

—Dos sinvergüenzas en un mismo día —dije—. Qué suerte tengo.

Se levantaron e intercambiamos besos antes de tomar yo asiento al lado de Phineas en el sofá.

—Teniendo en cuenta el informe de Arabella, me sorprende veros en el país —les dije—. Creía que habíais huido de la amenaza del matrimonio para disfrutar de la vida en el Continente.

Phineas y Oliver sonrieron en tándem, con un aire muy privilegiado y muy inglés. Cabello castaño claro, ojos verdes, algo más bronceados de lo habitual. Idénticos. Una sensación un tanto inquietante.

—Nos hemos perdido la primera oleada de compromisos y las más desesperadas ya han encontrado prometido, así que mamá consideró que podíamos regresar con seguridad. —Phineas cruzó las piernas y se recostó en el sofá—. Necesitaba que estuviéramos presentes para algún evento.

—¿Y qué ha dicho al veros tan sanos y fuertes?

—Mamá piensa que estamos espléndidos —dijo Oliver arrastrando las palabras—.

Papá, por el contrario, tiene la firme convicción de que nuestro aspecto no es nada inglés y nos ha prohibido montar hasta que nuestra tez vuelva a ser translúcida, con algunos toques de rojo.

Es tremendamente patriótico, el viejo. Cree que nuestro deber británico es tener un aspecto enfermizo.

Bueno.

—¿Os habéis encontrado, por casualidad, con mi primo Damian mientras estabais en el extranjero?

Oliver miró a Phineas. Se produjo entre ellos algún tipo de comunicación silenciosa y entonces se volvieron los dos hacia mí y me ofrecieron un «no» simultáneo.

¿En qué andaría metido actualmente Damian?, me pregunté. Viendo que no deseaban divulgar la información, seguí presionando.

—¿Vais a quedaros mucho tiempo en Londres?

—Iremos y vendremos, locuela —respondió Phineas—. Iremos y vendremos.

—Pero ahora cuenta tú, Emma —dijo Oliver bastante serio—. Nos ha dicho Arabella que te quedas aquí definitivamente. ¿Tienes intención de permanecer en Londres todo el año?

Sonreí.

—Lapis Lazuli House es mi hogar. ¿En qué otro sitio querría estar?

—La ciudad está llena de hollín durante todo el año, es un poco sosa, ¿no te parece? —dijo Phineas levantando una ceja.

—La verdad es que no puedo opinar. Será mi primer invierno.

Ambos respondieron con una silenciosa manifestación de lástima. Oliver suspiró.

—Ha llegado la hora de hacer el trabajo sucio, Phineas.

Phineas, con cara de resignación, hundió la mano en el bolsillo y extrajo un sobre de color melocotón cuyo origen conocía perfectamente.

De mi garganta salió un gemido forzado.

—Acabamos de estar con Arabella y nos ha pedido si podíamos actuar como mensajeros de tu tía. Ten. Te pedimos disculpas por facilitar la imposición de estos horrores sociales, Em.

Depositó el sobre en mi mano.

Nos quedamos todos mirándolo durante unos instantes antes de que yo, alzando la barbilla con determinación, procediera a abrirlo.

—Léenoslo, vieja amiga —dijo Oliver con una sonrisa.

—Sí, por favor. Sus insultos son siempre de los mejores.

—Sois terribles. —Creo que se lo tomaron como un cumplido y, en consecuencia, hice una clarificación—: No pienso leer en voz alta mi correspondencia personal.

Phineas soltó una especie de chillido que acabó en carcajada.

—Oh, pues ella fue leyendo en voz alta a la vez que escribía. En el Segundo Salón, debo añadir. Nos han degradado del Primero.

—¿Por qué será que estoy convencida de que os merecéis tal degradación?

Abrí la carta y empecé a leer.

Emma:

Debes presentarte en Spencer House el 23 para acudir desde allí al Baile de la Duquesa de Bedford.

No tenía intención de invitarte, puesto que es un Evento que supera con creces Tu Estatus , por muy relacionada que estés conmigo por lazos de Sangre .

Pero resulta que esos gandules patanes que te harán entrega de esta misiva, a saber, Phineas y Oliver Brookstone, asistirán también.

Momento en el cual Phineas empezó a reír.

Puesto que se trata de una Noche Crucial para Arabella, no podemos permitir que ese par de tontos echen a perder mis planes…

Momento en el cual Oliver también empezó a reír.

Son unos idiotas de primera categoría. Así que ya ves mi dilema…

—Lo vemos —dijeron simultáneamente los gemelos.

Le he pedido a Madame Tasset que rehaga uno de los vestidos más bonitos de Arabella para que encaje con tus medidas con el fin de que no nos pongas en un compromiso con tu apariencia .

Estará terminado para el 23. Si no mantienes a los chicos Brookstone ALEJADOS de Arabella, te castigaré por todos los medios necesarios.

Te espero el viernes a la hora del té.

Tu Tía

Miré a los gemelos.

—Habla de vosotros como si fuerais la peste. ¿Pero qué habéis hecho, en nombre de Dios?

La sonrisa burlona de Oliver fue la respuesta no verbal que acompañó a las palabras de Phineas:

—Ambos le hemos comunicado que nos gustaría casarnos con Arabella simplemente para sacar de quicio a la vieja.

Sentí la gélida presión de tía Eugenia constriñéndome el corazón.

—No puede ser.

—Esperamos quedar relegados al Tercer Salón en menos de un mes. Seguro que agradará en el club.

Audaces, temerarios y un poco locos, metiéndose con tía Eugenia por puro divertimento, pero los gemelos Brookstone siempre han tenido grandes aspiraciones.

No tardaron mucho en marcharse.

—Y ahora nos vamos a Blackman’s para empezar a propagar el rumor de que Phineas y yo estamos mirando anillos de boda —dijo Oliver despidiéndose de mí con un beso en la mejilla—. Nos vemos el 23, Emma.