3 de agosto
Les he dicho a Parian y Agnes que se tomen el día libre. Las últimas dos semanas han sido insoportables y ambos —Agnes con elegancia y Parian con algo menos— se han desenvuelto bajo circunstancias realmente deprimentes.
Me las arreglaré sola en lo que a las comidas se refiere.
Agnes me ha dejado en la despensa una bandeja preparada para el primo Archibald. Lo único que tengo que hacer es hervir agua.
(Y podrá considerarse afortunado si no se la echo por encima de su desagradecida cabeza).
Aún no he empezado a leer Autoconfianza . Lo reservo para esta tarde.
Siento curiosidad. ¿Podría ser extraño que nunca haya leído un libro escrito por un estadounidense?
No lo es, puesto que responde en gran parte a mi lógica interna. Entre estas dos gloriosas islas tenemos toda la literatura que necesitamos.
Sin embargo, tal vez eso de ampliar fronteras tenga su razón de ser. No para obtener la ciudadanía de un lugar así, pero ¿un pasaporte…?
Más tarde
Ay, Dios. Autoconfianza .
No había leído ni siquiera la primera página entera y ya ha había discrepado dos veces y posiblemente me había mostrado de acuerdo una vez.
Esto será interesante, pero ni agradable ni cómodo.
Lo cual suena como una descripción de los estadounidenses en general .
Tal vez lo que acabo de decir no es justo.
O tal vez sí.
En cuanto abrí el libro, Teobaldo hizo algo inesperado. Estaba durmiendo en mi cama y, de pronto, aguzó las orejas, levantó la cabeza, se desperezó y saltó de la cama al escritorio.
—¿Vienes a ser testigo de mis estudios? —le pregunté.
Parpadeó a modo de respuesta. Y se quedó allí sentado, observándome durante todo el rato que estuve leyendo. El Inquilino, al parecer, me ha enviado un espía.
Bien.
Pues le informará de lo siguiente:
Notas sobre Autoconfianza Escrito por un tal Ralph Waldo Emerson, amigo y crítico de un tal Niall Pierce
La persona debe aprender a detectar y atender ese destello de luz que cruza el interior de su mente en lugar de admirar el lustre del firmamento con sus bardos y sus sabios. Y, sin embargo, el hombre desecha su pensamiento sin dudarlo, y lo rechaza porque proviene de sí mismo .
Un sentimiento muy democrático; aunque no tiene en cuenta la cantidad de tontos de remate que no dedican ni un mínimo de su tiempo a aprender a pensar.
¿Dónde está la sombra de Sócrates cuando se la necesita?
Dicho esto, seguiré el argumento de este ensayo y veré si la resolución tiene un pase, por inaceptable que me parezca la confianza del autor en la mente promedio.
Después de revisar lo que he escrito, me siento una esnob.
¿Lo soy?
Nunca se me habría ocurrido.
Ya que, si yo soy una esnob, ¿qué diablos es entonces tía Eugenia?
En la educación de todo individuo hay un momento en el que llega a la convicción de que la envidia es ignorancia, que la imitación es suicidio…
Violento e interesante. Muy interesante. Pues sí, Niall Pierce, el del espíritu atormentado, eso te lo reconozco.
Más tarde
Llevo dos páginas y ando metida en una acalorada discusión conmigo misma y con el señor Emerson. He mirado y me quedan treinta y nueve páginas para acabar.
Menuda discusión. El señor Pierce sabía bien de qué estaba hablando.
Esta noche no estoy segura de si soy lectora o boxeadora. Quizá las dos cosas al mismo tiempo.