28 de julio
Querido Evelyn:
Me alegró mucho recibir tu carta en mayo.
Me pareció notar que te expresabas como siempre, lo que me permite albergar esperanzas de que estás bien.
Soy consciente de que la fecha de esta carta está demasiado próxima al aniversario del fallecimiento de Maxwell, pero supongo que es por eso por lo que te escribo, para preguntarte si tus padres se plantean aún la posibilidad de traerlo a casa para enterrarlo en Barrows Edge.
Dímelo, por favor, pues me gustaría estar presente en el funeral. Significaría mucho para mí, creo. Poder formar parte de su despedida.
Estoy bien en casi todos los sentidos, y trato de encontrarle el humor a las cosas. Mi primo Archibald sigue siendo… ¿Cómo lo llamabas tú? ¿La mitad de la vanidad estúpida del mundo concentrada en una única persona? Pues es justo eso. Solo que peor, si acaso puedes lograr imaginártelo.
Ambos sabemos que a tu padre le interesará poco que le des recuerdos de mi parte, pero ¿podrías dárselos a tu madre? Le tengo mucho cariño.
Anoche soñé con Maxwell. Todo muy deshilvanado: la mitad sucedía en Spencer Court y la otra mitad aquí en Londres, con gente equivocada en lugares equivocados.
Nada encajaba, excepto casi al final, cuando vi a Maxwell cruzando el puente que hay en el prado de detrás de Spencer Court.
Estabas también tú, subiendo la colina con Damian y Arabella.
Yo iba unos pasos por detrás de ti, pero Maxwell nos llevaba la delantera a todos.
Tú estabas diciendo algo así como que te negabas a ir a pescar a toda costa, lo que me parece muy propio de ti.
Era tan reconfortante como un recuerdo antiguo, aunque a la vez se sentía muy lejano. La edad dorada había pasado…
Escríbeme, por favor.
Emma