18 de julio
La casa entera está patas arriba.
A Agnes se le quema la comida.
Parian anda desaparecido y, si se me permite especular al respecto, ¿borracho?
El primo Archibald está hecho un desastre.
Y tengo encomendada la tarea de administrarle el láudano.
Intento depender lo mínimo del señor Pierce. Se pasa los días en su estudio, un espacio lleno a rebosar de cajas, fotografías y a saber qué cosas más.
He renunciado casi por completo a toda la empresa de escribir mi diario. Tengo la mano con calambres de quedarme despierta hasta las tantas escribiendo una cantidad excesiva de cosas y, como resultado de ello, me encuentro presa del desánimo.
Ahora mismo voy a lavarme las manchas de tinta de los dedos.
En Lapis Lazuli el buen humor ha desaparecido.