Una señorita muy poco victoriana (Los diarios de Emma M. Lion 3) 5 de julio
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5 de julio

Al igual que ayer, la pista de la canica sigue siendo un misterio. Sintiendo la necesidad de poder debatirlo, intenté buscar a Archibald. Pero, cuando llamé a la puerta de su habitación, no respondió.

Oh, desventura.

Cuando bailas con el diablo, acabas quemándote.

A falta de órdenes tajantes por parte de tía Eugenia, me planteo dedicar la mañana a hacer cosas de importancia como intentar forzar la cerradura de la puerta de la biblioteca, escribir una carta a Saffronia March y pasear por Primrose Hill con la canica en el bolsillo con la esperanza de que algo me ilumine de repente.

Más tarde

Hablando del diablo y de órdenes tajantes… Cuando llegué a casa, me encontré no uno, sino dos sobres de color melocotón esperándome en la mesita del recibidor.

Emma:

Mis invitados han regresado a casa y tu humilde presencia vuelve a ser necesaria.

Eres, al fin y al cabo, el Contrapunto, por deficiente que sea.

Hay actos en los que tu presencia será requerida: una cena en mi casa, una soirée en casa de los Storidge, una partida de cartas en casa de lord y lady Black.

Pero, antes de todo esto, espero verte mañana por la tarde a la hora del té.

Reflexiona sobre tus peores cualidades y ven preparada para discutir qué podríamos hacer al respecto.

Tu tía

¿Mis peores cualidades? Me parece muy ambiciosa si piensa que vamos a poder repasarlas todas en el transcurso de una única tarde de té. Creo que necesitaríamos tres como mínimo.

Abrí el segundo sobre y leí:

Pensándolo bien, no deseo que asistas a la partida organizada por lord y lady Black. Tienen estándares de comportamiento muy exigentes. Te espero mañana a las tres en punto de la tarde.

En el correo de hoy llegó también un pequeño paquete, sin insultos personales por compañía. Era de Mary y de todas las Janes de Fortitude, y estaba envuelto en un papel a rayas precioso.

Emma:

Te has superado a ti misma al servicio de las Jane Eyre de Fortitude. Y decidimos que entre todas te haríamos un regalo especial como símbolo de tu valentía. Espero que disfrutes de tu botín de guerra.

Mary

Abrí el primer obsequio y encontré una pluma dorada, fina, con las iniciales «EML» grabadas. Del tamaño justo para poder llevarla siempre encima.

El segundo regalo, para mi gran regocijo, es un par de guantes de cuero. Son de un tono rojo claro de lo más inusual y quedarán fantásticos con mis vestidos de día.

Venían con una nota.

Emma querida:

He acompañado a Mary en su tarea y he elegido personalmente estos guantes. Son para evitar que desarrolles el hábito del hurto.

Jack

Desvergonzado.

El tercer y último regalo —la guinda del pastel— es un bellísimo ejemplar de Jane Eyre , una edición en un solo volumen, encuadernado en suave cuero de color gris y con ornamentación plateada. Está firmado por todas las Janes, en orden cronológico de su reinado. Precioso y muy bien pensado.

Parece encantado de estar en mi estantería.

Y yo estoy encantada de tenerlo.