Una Rosa para Matilda: De la Rosa a la Luz Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Después de jugar suavemente con sus hebras, toma su rostro entre las manos y la besa con una ternura que la hace temblar. Ella se abandona a su beso, sintiendo que el mundo entero gira alrededor de los dos.

Nuevamente, Ewan se detiene, carraspea un poco y se pone de pie. Se aleja unos pasos, respira hondo con sus manos en la cintura, se gira lentamente y vuelve hacia ella. Matilda lo observa con curiosidad, pero cuando dobla una de sus rodillas frente suyo, siente que el corazón se le detiene.

Ewan saca de su chaqueta una pequeña bolsita de terciopelo rojo. La abre con cuidado y revela un anillo que brilla con la luz del sol. Es evidente que ha sido escogido con esmero, sin escatimar en nada.

—Mati, sabes lo que significa y espero ser muy claro: No aceptaré un no por respuesta… —dice con una seriedad que le sorprende.

Matilda parpadea, sorprendida por la brusquedad de sus palabras. “¿Qué le ocurre? ¿Qué es esa manera tan extraña de pedirme matrimonio?”, piensa, desconcertada.

Ella guarda silencio y Ewan, al borde de la desesperación, continúa:

—Tal vez te parezca que estoy loco, pero realmente así es. Estoy loco de amor por ti, Mati, y no he dejado de pensar en casarme contigo desde Nordrich. Tengo miedo de que te aparten de mi lado. Por favor… condesa Matilda Alicia Clarke… ¿aceptarías convertirte en mi esposa?

Esta segunda parte de la propuesta la conmueve, pero algo en él le inquieta. Lo conoce muy bien. Siente que hay algo más, algo que él no está diciendo.

Guarda silencio unos segundos, y ese silencio basta para que Ewan empiece a inquietarse.

—¿No me responderás? —pregunta con un hilo de voz.

—Ewan… te conozco. Tú no eres así. ¿Qué te preocupa? ¿Qué podría apartarme de ti? ¿Qué estás callando? —pregunta ella con suavidad, pero con firmeza.

Él baja la mirada. Guarda el anillo en la bolsita, se pone de pie y se aleja unos pasos con las manos en la cintura y respira hondo, como es habitual en él. Ahora es presa de sus propios temores y demonios.

—Matilda… —dice finalmente, sin volverse—.

Quiero que sepas que no volveré a molestarte.

No he hecho más que el ridículo. Eres la misma niña mimada que siempre pensé que eras.

Fui un iluso al creer que aceptarías casarte con un simple administrador de un aserradero.

Mejor recogemos todo y regresamos. No tiene sentido quedarnos aquí.

Matilda siente un dolor punzante en el pecho. Se acerca a él con pasos lentos, y aunque él evita mirarla, ella toma su mano con delicadeza. Abre sus dedos, toma la bolsita de terciopelo y extrae el anillo. Se lo coloca en el dedo índice, lo observa un instante y luego levanta la mirada hacia él.

—Es hermoso, Ewan. Absolutamente hermoso —dice con una voz temblorosa—. Y sí, mi amor… quiero ser tu esposa. No quiero a nadie más en mi vida que a ti. Perdóname por dudar. No debí hacerlo. ¿Puedes perdonarme?

Ewan siente que el aire vuelve a sus pulmones. Pero aún necesita seguridad.

—¡Júramelo! —exige—. Júramelo aquí, con la catarata Swapchiz como testigo.

Matilda sonríe con dulzura, toma sus manos y las aprieta contra su pecho.

—Te lo juro, Ewan Graham. Te lo juro con todo mi corazón.

Seré tu esposa. Hoy, mañana y siempre. Y…

si es tanto el amor que me tienes —le dice, usando su frase de la noche anterior— y como prueba de mi amor eterno por ti, lo sellaremos esta promesa con la más sagrada de mis virtudes —añade, deslizando la cinta del escote de su chaleco y dejándolo caer.

Ewan la mira inmutable y en silencio. Ella, colocándose de puntillas, pesca sus labios con un beso que lo hace temblar. Suavemente, Ewan coloca sus manos en sus hombros, presionándolos y alejándola un poco.

—¿Estás segura, mi amor?

—Sí… ¿y tú? —pregunta ella tímidamente.

Él le sonríe, acariciando su rostro y con su mirada cargada de amor.

—Absolutamente, amor mío —responde, y agrega—: Estaremos sellando nuestra unión en este instante, con la catarata Swapchiz como testigo. Te haré mía en este instante, lo sabes, ¿verdad?

Con un dejo de nerviosismo, ella asiente. Ewan es consciente de que es su primera vez y la tratará con la ternura y delicadeza que merece, porque ella es diferente, única para él. Es su amor. Solo espera que al final ella le sonría...

🌹 De regreso con Sonja

El domingo a las tres de la tarde, ambos esperan en la parada de la diligencia. Cuando el carruaje se detiene, Matilda y Ewan se abrazan y luego él besa su mano con devoción. Sonríen y se miran con complicidad cuando se despiden. Luego, ella sube al carruaje, buscando a su nana.

—Matilda, querida, aquí está tu espacio. Lo aparté desde que salimos de Liverpool —grita Sonja, haciéndose notar.

Matilda corre a sentarse a su lado, radiante.

—Cariño, ¿era ese el joven Ewan? ¿Estabas con él?

—Así es, nana querida. Y te contaré un secreto: nos hemos comprometido —le susurra al oído.

Al escucharla, Sonja queda inmóvil con los ojos muy abiertos. Entreabre sus labios para decir algo, pero no puede pronunciar palabra. Todo se oscurece frente suyo y se desploma en su asiento cayendo hacia atrás, ante la mirada atónita de todos.

—¡Nana querida! —exclama Matilda, alarmada.