Una Rosa para Matilda: De la Rosa a la Luz Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

Nuevamente, el campaneo del enorme reloj de péndulo les recuerda la hora. Saben que deben apresurarse. Ella recoge su maleta, él paga la cuenta, y se marchan.

Llegan a la estación justo a tiempo. Matilda, conmovida por la despedida, toma la mano de Ewan y la aprieta con fuerza.

Él se inclina y besa su mano con un respeto profundo, casi devoto.

Ella, impulsada por el amor que la desborda, se acerca y roza su mejilla con un beso suave, casto, pero lleno de sentimiento.

—Te amo, Ewan —susurra ella ante de subirse al tren.

Ewan queda en silencio, de pie con las manos en los bolsillos y conmovido hasta el alma. Matilda, instalada en su lugar, le lanza un beso con la mano desde la ventanilla. Ewan siente sus ojos humedecer. Finalmente levanta una mano y le dedica una sonrisa tenue, apenas perceptible, pero sincera.

Horas después, Ewan está de vuelta en su castillo y se encuentra con sus amigos fuera de la propiedad, a punto de partir. Trata de disimular ante ellos lo abatido y apenado que se siente por lo sucedido. No menciona a Matilda, pero Nicholas si lo hace.

—Sí, Nicholas. Me enteré de que se fue ayer —le revela con tono conciso.

—Esa niña mimada y rebelde. Mi padre se pondrá furioso conmigo cuando la vea llegar sola. Pero me tendrá que escuchar... —comienza a decir Nicholas, pero Ewan le frunce el ceño.

Algo ha cambiado; esta vez, no le agrada para nada que se exprese así de ella.

—Tranquilo, Nicholas. Tendrá sus razones, y ya está a salvo de vuelta a Görhem —interviene Ewan.

—Me despido, amigo. Tengo trabajo —interrumpe Kever.

—¿La mina de carbón?

—Así es. Y otros negocios. ¿Todo está bien? —Ewan simplemente le palmea la espalda en respuesta, y Kever añade—: Me llevaré a los caballeros. Viajo en el carruaje y lo aprovecharán. ¿Seguro que estarás bien? —insiste Kever, preocupado.

—Lo estaré, Craig. No te preocupes —asegura finalmente.

—Hasta pronto Ewan, viajo con Craig a Roxburghe. Ya le escribí a mis padres. Así evito la reprimenda por culpa de Mati —le informa Nicholas.

Ewan se despide uno a uno de sus amigos, agradeciéndoles mucho el apoyo. Luego envía por su hermano y su tío para reunirse con ellos en el estudio que era de su padre y que, a partir de ahora, será suyo.

Al entrar, ninguno se preocupó por cerrar la puerta, ya que todos se habían marchado. Samuel y Ronn se sientan frente al enorme y elegante escritorio de nogal pulido, mientras Ewan, miraba al techo, analizando cómo explicarles la situación.

—Bien, les diré. No resultó como esperaba. Verán... El cortejo fue realmente un cortejo, no un engaño —comienza Ewan, y ambos lo miran mientras él trata de ser más claro—. Resulta que ella me ama.

—Eso ya lo sabíamos, Ewan. Ese era el detalle a nuestro favor, ¿recuerdas? —interviene Ronn, quien lo mira confundido, mientras que su tío sonríe, comprendiendo claramente lo que está sucediendo.

—Bien. Esto está mejor de lo esperado. Ahora sí estoy con ustedes en esto. Me alegro mucho, hijo. Que sean muy felices y tengan muchos hijos, que ahora serán mis nietos —expresa su tío con una sonrisa.

Ewan le devuelve la sonrisa, pero aún se ve triste. Ronn sigue confundido y realmente preocupado.

—Tío, me alegro de que nos apoyes ahora, pero ¿podrían ser más claros? ¿Por qué parece que las cosas no están como deberían estar, y que, por cierto, no tengo idea de cómo deberían estar? —pregunta Ron.

—Pues simplemente, tu hermano no necesita tomar a la buena señorita Clarke únicamente por su dote. Él realmente la ama. En realidad, todo está como debería estar —explica claramente el tío.

Ronn finalmente comprende la situación, y una sonrisa se asoma en su rostro.

Ewan, aún con cierta melancolía, siente que al menos un peso ha sido liberado de su conciencia.

La decisión que ahora enfrenta no es solo una cuestión de conveniencia, sino de amor genuino, y eso le ofrece una nueva perspectiva, una esperanza en medio de la confusión y la tristeza.

—Entonces… ¿te casarás por amor, hermano? Eso sí que es una muy buena noticia —le dice Ronn abrazándolo.

Luego su tío se aproxima a él y también lo abraza, felicitándolo.

Antes de salir del estudio, Ewan le pide a Ronn que cancele todos sus planes para la próxima semana.

—¿Qué planeas? ¿Pedirás la mano de Matilda? Deberías dar tiempo ¿Recuerdas? Seis meses al menos —le apunta Ronn.

—Eso no pasará. No lo haré. No, por ahora.

Cambio de planes, no esperaré seis meses para que el alma de mi padre descanse en paz.

Iremos a hablar con el conde y lo confrontaremos.

Le contaremos que estamos enterados del seguro de nuestro padre en caso de fallecimiento.

Le diré que estuve en la reunión y fui testigo de la conversación. Veremos con qué nos sale ese bribón.

—¿Y… por qué no solo te casas con Matilda? El plan era bueno, Ewan. Nos costará comprobar lo de la garantía del dinero. El conde es poderoso. Además, es la dote de su hija. No nos lo cederá fácilmente.

—No puedo, Ronn. Intentémoslo así a ver que resulta. Las circunstancias han cambiado. Todo es diferente ahora.

—Porque la quieres.

—Exacto.

Extrañamente, una sombra parece pasar por el pasillo cerca del estudio donde estaban reunidos. Ronn corre a fijarse, pero no ve a nadie, mira a Ewan y le indica que hará como él ha decidido y sale de su, de ahora en adelante, oficina.