La última amenaza
La celebración parecía concluida cuando Sofía entregó a Elena un sobre sin remitente.
Por un instante regresó el frío de la primera noche.
Dentro no había amenaza, sino una copia de la última declaración de Octavio.
Admitía los delitos y señalaba la ubicación de piezas todavía ocultas, pero añadía que un intermediario desconocido había intentado comprar los negativos.
El caso no estaba completamente cerrado.
Inés propuso entregar todo a las autoridades y evitar nuevas aventuras.
Julia fingió decepción; Teresa soltó una carcajada; Clara recordó que la prudencia también podía ser una forma de valentía.
Elena estuvo de acuerdo. Haber enfrentado el peligro no las obligaba a convertirlo en costumbre.
Su transformación consistía precisamente en elegir, no en obedecer la expectativa de ser heroínas temerarias.