21
PAUL DAVIS
—¿ Bourbon ? —pregunta Ray, sosteniendo el vaso que ya ha llenado y cubierto con hielo.
Está de pie junto al gran ventanal de su oficina, con vistas a West Hollywood y su impresionante horizonte nocturno.
En las concurridas calles, el tráfico se ha ralentizado hasta detenerse, y un lejano concierto de bocinazos apenas nos llega, pareciendo distante e irreal desde mi posición privilegiada en la última planta.
Me acerco y acepto el licor con gratitud. Tengo la garganta seca y me apetece muchísimo. Hago un esfuerzo sobrehumano para no beberme el vaso de un solo trago. Sin embargo, el Weller de doce años se me sube a la garganta y su sabor me trae recuerdos de la noche anterior.
—¿Latesha ha estado aquí? —pregunto en tono despreocupado, dejando el vaso sobre la mesa—. ¿En tu oficina?
Ray sonríe.
—Pues claro. Está aquí todos los benditos días.
—Da un sorbo al bourbon y luego deja el vaso sobre su escritorio.
Me fijo en que va más elegante de lo habitual, con un traje gris oscuro a medida y una camisa de seda blanca brillante con el cuello sujeto por un alfiler de oro.
Señala hacia la ventana y se ríe, una risita rápida y gutural—.
Supongo que son los privilegios de la estratosfera.
Los aspirantes vienen a visitarla. Ella aspira a ser la presentadora principal y hacerse cargo de La pregunta final . Está muy decidida.
La ira me invade, encendiendo mi sangre. Vaya huevos que tiene esa zorra.
Ray me da una palmada en la espalda y vuelve al vaso de bourbon abandonado para dar otro trago rápido. Es un bebedor cauteloso pero constante, que se mantiene ligeramente achispado durante todo el día. No me importa; me facilita el trabajo.
—He visto el programa de esta noche.
Con el vaso aún en la mano, se deja caer en un sillón y me invita a sentarme también con un gesto.
Ocupo el sillón de enfrente, preparándome para sus críticas.
Va a calificar el programa de esta noche como «una oportunidad perdida para hacer sangre» o «un trabajo mediocre».
Le doy un momento, pero no añade nada. Solo me mira.
—¿Qué te ha parecido? —le pregunto finalmente, recostándome en el asiento y colocando el tobillo sobre la rodilla.
—Latesha ha venido enseguida a informarme de que podrías haber pillado a ese policía por la conducción bajo los efectos del alcohol de su mujer.
Todo el edificio lo estará comentando. —Otro trago de licor, y Ray se aclara la garganta en silencio, inclinándose hacia mí como si fuera a compartir un secreto—.
Por supuesto, ella habría destrozado a ese policía en directo y habría disparado nuestros índices de audiencia.
Pero tú has optado por tratarlo con suavidad.
Y apuesto a que esa zorra traicionera ha subido corriendo las escaleras para chivarse de mí.
—Sí, en efecto.
—¿Y por qué has actuado así? —Los ojos de Ray ya no sonríen. Ahora parece muy sobrio—. El veintisiete me presento ante la junta para conseguir la aprobación de la fusión de KCLA Channel 8 News. Sabes lo importante que es esta fusión para mí, ¿verdad?
—Sí, lo sé. —Asiento con la cabeza.
—Y tú, mi amigo y compañero de confianza, has dejado escapar a ese tipo cuando lo tenías en tus manos. No lo entiendo.
—Ha sido algo de última hora —digo, antes de dar un rápido y reticente sorbo al bourbon y dejar el vaso en la mesa de centro sobre un posavasos con un logotipo—. He pensado que sería mejor no enemistarnos con este policía en particular. Hay algo en él.
Ray frunce ligeramente el ceño, pero asiente con la cabeza. Se apoya sobre los codos, como si yo no estuviera hablando lo bastante alto y tuviera que acercarse para oírme. Quizá se está haciendo viejo y se ha vuelto duro de oído.
—En primer lugar, no se me ocurre ninguna razón por la que estuviera dispuesto a participar en el programa. No le reporta ningún beneficio, solo riesgos, ya que dentro de unos meses cumplirá los veinte años. ¿Por qué arriesgar su pensión por esto?
—Ajá —dice Ray—. Interesante. Entonces, por eso…
Levanto la mano un instante, con naturalidad.
—Hay algo más. Lo han ascendido después de tres incidentes distintos por uso excesivo de la fuerza, como si esas denuncias nunca hubieran existido.
Uno terminó con la muerte del sospechoso; otro incidente dejó al sospechoso en coma durante semanas.
Y nada ha dejado rastro en su historial, como si fuera de teflón.
Eso significa que cuenta con respaldo, y todavía no sabemos quién es.
Hasta que lo sepamos… —Me encojo de hombros.
Ray se levanta y acorta la distancia entre nosotros con un gran paso. Yo también me levanto, sin saber muy bien qué esperar. Me estrecha la mano con entusiasmo mientras con la otra me da una palmada en el hombro.
—¡Y por eso tu copresentadora seguirá siendo tu copresentadora!
—Se ríe—. Tú mantienes la cabeza fría en el fragor de la batalla.
Latesha Jones, no. Una vez que huele la sangre, no se detiene.
—Levanta su vaso y yo cojo el mío para que podamos brindar alegremente mientras respiro aliviado—.
Ahora, vete a casa y celébralo con tu preciosa mujer. Dale recuerdos a Amanda, por favor.
—Gracias, Ray, se los daré. —Al decir estas palabras, siento que el cansancio me pesa en el cuerpo y me debilita.
—Anoche nos hiciste brillar —añade Ray, antes de terminarse el bourbon . Los cubitos de hielo tintinean cuando deja el vaso en la mesa—. Tres miembros de nuestra junta estaban allí y los tres me enviaron mensajes sobre ti.
No puedo evitar sonreír. No está nada mal.
—Gracias —digo, notando cómo Ray me guía, amable, hacia la puerta—. Por favor, dales las gracias de mi parte.
—Una cosa más antes de que te vayas. —La sonrisa de Ray se amplía.
—Dime.
—Haz que esta fusión con KCLA se lleve a cabo y serás mi segundo al mando.
Además de tu nuevo trabajo como presentador principal a nivel nacional.
—Me guiña un ojo y asiente con la cabeza, seguro que sabe bien lo mucho que me gusta su oferta.
No solo será fama…, también será poder. Poder para decidir. Y por fin me libraré de Latesha.
—¿Para Golden State Broadcasting? —pregunto, sintiendo cómo se me hincha el pecho.
—Para toda la cadena. Vamos a estar en horario de máxima audiencia. Noticias de televisión nacional, compañero. Tú y yo.