Una noche de bodas muy canalla 1. Ash
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1. Ash

ASH

Elle.

Pelo largo, rubio platino.

Inconfundible.

Con un plumas plateado y vaqueros rotos. Un metro setenta, delgada y bronceada, con un culo prieto, manos esbeltas, ojos gris acero y una boca por la que probablemente mataría por besar.

La bajista de Dirty. Mi amiga.

Y la exnovia del novio.

Pasando justo por delante de mí, por la pasarela de madera.

Yo estaba allí de pie, desnudo y muerto de frío, tapándome los bajos con las manos, justo al lado de Dylan.

Delante de Roni. Los tres estábamos plantados fuera de la cabaña de Roni, y ella acababa de informarnos de que nosotros —Dylan y yo— no íbamos a poner un pie dentro hasta que soltáramos unos condones.

Y ahora me alegraba de que lo hubiera hecho.

Porque entonces pasó Elle.

Y se me olvidó por qué quería entrar en la cabaña de Roni.

¿Qué hacía Elle tan sola? Con un bolso de tela colgado de un hombro, vagando por ahí a oscuras, en plena noche…

—No he visto nada —dijo, con un toque de diversión en la voz, apartando la mirada al pasar de largo y despidiéndose con la mano—. Pasadlo bien, chicos y chica.

—Joder —murmuró Dylan, con la cabeza ya en la cama de Roni y el resto de él tiritando a mi lado—. Voy a por los condones. —Le dio un beso a Roni en la mejilla. Y entonces mi mejor amigo y eterno compañero de aventuras se perdió en la noche.

Miré a Roni, y ella me miró a mí.

Estábamos solos. Era guapísima. Sexy, con curvas y dispuesta. Los tíos no la llamaban Wild Card por nada. Había oído las historias. Zane. Piper. Incluso Jude. Todos tenían una historia sobre Wild Card Roni.

Y entendía por qué.

La había besado la noche anterior en la despedida de soltera de Katie, había bailado con ella, nos habíamos enrollado un poco.

Pero Elle no estaba en esa fiesta.

Era la primera vez que Roni y yo estábamos solos, y la verdad es que no podía decir qué habría sentido si hubiéramos llegado a este momento sin que Elle pasara por delante. Porque el caso era que Elle sí había pasado.

Y ahora esto no me cuadraba.

Me pasé la mano por el pelo, botando sobre las puntas de los pies, intentando digerir la situación. Roni abrió la boca para decir algo, pero me adelanté:

—Yo también. —Le cogí la mano y se la besé. Probablemente nunca le había besado la mano a una mujer. Al menos, no a una mujer que no estuviera desnuda en mi cama. Simplemente pareció lo correcto en ese momento.

Porque no recordaba haber estado nunca tan cerca de tirarme a una mujer y dejarla plantada.

Y me largué pitando.

Y que me partiera un rayo si sabía lo que estaba haciendo.

Lo único que sabía era que tenía que salir de allí.

Subí a toda leche hasta mi cabaña, me sequé y me vestí. Luego saqué unos condones y me los metí en la cazadora de cuero. Ni siquiera estaba seguro de por qué lo hice.

Lo único en lo que pensaba era en Elle.

Cuando desapareció de junto a la hoguera hacía un rato, simplemente di por hecho que se había ido a dormir. Había intentado acompañarla a su cabaña, pero no me dejó. Dijo que quería estar sola.

Pero claramente no estaba durmiendo, y ni siquiera sabía qué pensar al respecto. Solo que me inquietaba.

Me inquietaba lo suficiente como para no poder enrollarme con Roni, ni siquiera irme yo a dormir, mientras ella estaba ahí fuera, sola.

En la noche de bodas de Jesse.

Porque eso no estaba bien.

Cuando volví a salir a la noche, la elección fue fácil: echar un polvo, o ir detrás de Elle y asegurarme de que estaba bien…

mientras me acercaba a la cabaña de Roni por la pasarela de madera, simplemente seguí andando.

Fui por donde había ido Elle, hacia la hoguera, donde la fiesta de después de la boda había durado toda la noche, con música y alcohol y baños en cueros.

Pero no estaba allí.

Ya no quedaba nadie, pero al menos algún alma responsable —alguien del equipo de gestión de Dirty, Brody o Maggie, sin duda— había apagado el fuego.

Así que seguí adelante… hasta el único otro sitio al que me llevaba el camino: las aguas termales de abajo, al borde de la cala. Mientras bajaba serpenteando por el sendero rocoso, la vi allí.

Elle.

Estaba sentada en una de las pequeñas pozas bordeadas de rocas, sola.

Su bolso —y su ropa— estaban tirados sobre las piedras. Estaba de espaldas a mí; podía distinguir las curvas de sus hombros delgados a la luz de la luna.

Justo cuando abrí la boca para decir algo ingenioso, esperando no darle un susto de muerte, dijo:

—Piérdete, Jude. Estoy bien.

—No soy Jude —dije, deteniéndome en una roca por encima de ella.

Me miró por encima del hombro.

—Ah. Hola, Ash.

No era exactamente la bienvenida más cálida que un tío podía esperar, pero habría que conformarse. Sabía que esta no era precisamente una gran noche para ella.

¿Quién querría asistir a la boda de un ex, un ex del que todavía estabas enamorada?

—¿Te importa si me meto?

Incluso en la casi oscuridad, vi cómo se le fruncían las cejas y cómo los brazos le flotaban protectoramente alrededor del cuerpo.

—Está oscuro, Elle. No veo una mierda.

Era verdad. Sobre todo porque estaba sumergida en agua de las axilas para abajo.

Suspiró profundamente y dijo:

—Lo que sea. —Luego se reclinó, apoyando la cabeza contra una roca que había cubierto con una toalla.

Me valía.

Me quité la cazadora y las botas, luego me desnudé rápido hasta quedarme en calzoncillos.

Hacía un frío de cojones, y todavía no había entrado en calor después de aquel baño en cueros.

No vi bragas en su montón de ropa, pero eso no era precisamente una prueba concluyente de que estuviera desnuda en el agua.

En cualquier caso, me dejé la ropa interior puesta, por respeto.

Desnuda o no, no parecía que estuviera de humor para aguantarle la polla en la cara a nadie. Ni siquiera una tan increíble como la mía.

Me metí en el agua y me hundí a su lado.

—Jooooder… —suspiré con un gemido ronco cuando el calor me golpeó. Encontré un hueco liso para acomodarme contra una roca y cerré los ojos, dejando que el calor me empapara y el frío se derritiera hasta que dejé de tiritar. Tardé un rato.

Una vez descongelado, me aventuré:

—¿Jude ha estado dándote la brasa esta noche?

—Sí. Anda por aquí merodeando —refunfuñó—. Controlándome. Lo de siempre.

Sí. Podía entender cómo eso podía resultar molesto, teniendo en cuenta que Jude, además de ser el jefe de seguridad de Dirty, era también el mejor amigo de Jesse.

La miré. Estaba tensa de cojones, con esa cara bonita toda crispada y los hombros pegados a las orejas.

—Ni siquiera voy a preguntarte cómo va tu noche —le dije—, así que puedes relajarte.

Se le bajaron un poco los hombros al destensarse.

—¿Y tú? —Me miró de reojo—. ¿Roni?

—No va a pasar.

Ladeó la cabeza, evaluándome. Quizá estaba considerando tocarme un poco los cojones.

Probablemente. Había visto esa expresión de escepticismo en su cara antes.

Muchas veces, en realidad. Normalmente entre bastidores o en alguna fiesta, mientras yo estaba rodeado de groupies dispuestas y ella pasaba de camino a otra parte.

—¿Dylan ha ganado a cara o cruz? —Su tono era puro sarcasmo, pero el ánimo que irradiaba estaba helado de desprecio.

—Ya no nos jugamos a cara o cruz quién se queda con una chica —le informé, impasible. Esta tía podía ponerse en plan zorra glacial conmigo esta noche y no me iba a afectar. La conocía lo bastante como para saber de qué estaba tan cabreada, y no tenía nada que ver conmigo.

Cualquiera que conociera a Elle sabría por qué lo estaba pasando tan mal hoy.

—Solo hacíamos eso cuando éramos jóvenes e inmaduros —añadí.

—Ya. ¿Y cómo decidís quién se la tira primero?

Sonreí un poco, considerando cómo expresarlo.

—Hemos aprendido a compartir.

—Hmm. —Su tono fue despectivo. Claramente no quería más detalles sobre eso. Normalmente no quería ningún detalle en absoluto, así que no estaba seguro de por qué sentía curiosidad.

—Supongo que Roni no es mi tipo —amplié.

—Ya. ¿Y cuál es tu tipo últimamente? —Otra vez, el desprecio. Como si fuera culpa mía que Jesse Mayes, el guitarrista principal de Dirty y el hombre de sus sueños, hubiese cortado con ella hacía cosa de un año.

Así que a lo mejor estaba metida en una larga fase de odio a los hombres.

Seguía sin afectarme.

Simplemente me quedé mirándola, admirando cómo la luz de la luna brillaba sobre su largo pelo platino, observando los mechones flotar alrededor de sus hombros en el agua. Cómo su cara se veía suave y algo plateada bajo las estrellas… y demasiado jodidamente joven para una expresión tan amarga.

Me pregunté cuánto hacía que no sonreía de verdad, con una de esas sonrisas enormes e imparables. Cuánto hacía que no se reía de verdad con ganas.

O que la follaban de verdad con ganas… Tan bien que se le encogieran los dedos de los pies y se olvidara de Jesse Mayes durante un par de jodidos segundos.

—Si tú me dices el tuyo —dije, decidiendo lanzarme y flirtear con ella directamente—, yo te digo el mío.

¿Qué daño podía hacer flirtear?

Estábamos medio desnudos, en una poza caliente bajo las estrellas, era plena madrugada, y estábamos solos.

Pero Elle apartó la mirada, contemplando las aguas de la cala, donde la fuerza del océano rompía las olas contra las rocas justo debajo de nosotros.

Joder. La perdí ahí.

Claro que Elle y yo rara vez hablábamos de sexo o relaciones. No por elección mía. Pero ella era increíblemente cuidadosa con eso. Conmigo, incluso con sus compañeros de banda en Dirty, Dylan y Zane; básicamente con todos sus amigos varones. Desde la ruptura con Jesse.

En realidad, desde que todo se fue a la mierda entre ellos dos, no hablaba conmigo de casi nada. No como antes.

Cuando le gustaba Jesse, no había manera de callarla sobre él. Cuando se convirtió en algo más que un capricho, también me enteré. Cuando se enamoró hasta las trancas… me enteré de más de lo que jamás querría saber.

¿Ahora? Ni una puta palabra sobre sus sentimientos.

Era como si cuando la dejaron, hubiera decidido no sentir nada en absoluto, salvo congelarse como una reina de hielo y detestar a los hombres.