Una noche de bodas muy canalla 4. Roni #2
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4. Roni #2

Y una sonrisa lenta y perversa transformó la expresión oscura y controlada de su cara. Se le marcaron los hoyuelos.

Cerré los ojos.

Porque acababa de avanzar en el tiempo. Al momento en que esto terminara. Cuando se retirase… y se fuera.

Y se me hizo un nudo serio en la garganta.

Lo disimulé todo echando la cabeza hacia atrás y dejándome ir un poco, gimiendo mientras me lo daba, dejando que el calor y la fricción y el deseo crecieran dentro de mí, aunque se me cerraba la garganta y los latidos se me aceleraban.

¿Se iría? ¿Justo después de esto?

Sí.

Pero ¿cuánto tardaría en hacerlo?

¿Y cuánto me dolería?

Mierda. Solo… mierda.

¿Desde cuándo me daba miedo el sexo casual?

Siempre había más árboles a los que maullarles, ¿no?

Pero Jude… Jude era diferente.

No debería serlo, pero lo era totalmente.

No había nada casual en esto. Al menos, no para mí.

—¿Estás conmigo, preciosa? —preguntó, y abrí los ojos para encontrarle mirándome con esos ojos de fuego infernal, el atisbo de una sonrisa todavía en sus labios—.

Porque estoy a punto de perder el control y quiero llevarte conmigo cuando me corra.

Me encantaría alargar esto para ti, V, pero ha sido una noche muy jodidamente larga.

—Jadeaba mientras me embestía, y podía ver el leve temblor de sus músculos mientras se contenía.

—Sí —dije con la voz entrecortada—. Estoy contigo. Casi.

No iba a ponérselo fácil, ¿no?

—Entonces más vale que empieces a pedirlo. Dime qué quieres. Qué necesitas…

Le sostuve la mirada y dije:

—Tú sabes lo que necesito.

Al menos, antes lo sabía.

Su sonrisa se desvaneció y con eso me folló, más fuerte… más fuerte, hasta que me deslizaba por el sofá y la cabeza me colgaba por fuera.

—Sí… Qué apretadita estás, nena. Qué caliente…

Tus tetas son tan… joder —dijo, apretándome los pechos hasta casi hacerme daño.

Así que sí: definitivamente recordaba dos cosas que necesitaba…

hablar sucio y mano dura—. No me puedo creer que casi se me olvidara lo jodidamente buenas que son estas tetas.

Entonces se inclinó sobre mí y me empujó un pecho hacia su boca, lamiendo y repasando mi pezón con la lengua… hasta que gemí entre dientes apretados.

Oh, no. No, no, no.

Nada de esa ternura con la lengua.

—Más fuerte —le dije, sin aliento.

Obedeció, pero no fue suficiente. No suficiente para librarme de esa sensación, su lengua aleteando sobre mi pezón, saboreándome…

Entonces lo volvió a hacer… lamiendo, luego chupando suavemente.

—Más fuerte —dije con voz ronca—. Sabes que me gusta fuerte…

—Sí —gruñó, embistiéndome con fuerza—. Me acuerdo.

—Y no me chupes el pezón así.

—¿Así? —Se metió mi otro pezón en la boca y lo provocó con la lengua, lamiendo despacio, deliberadamente.

—Joder… Que te den, Jude… en serio.

Se rio entre dientes, pero no dejó de provocarme los pezones, chupando, lamiendo, besando…

Entonces una de sus manos me subió por el cuello y me agarró, apretando solo un poco, sujetándome inmovilizada mientras me embestía. No podía moverme, me tenía tan bien sujeta.

—Más fuerte —jadeé mientras luchaba por respirar.

Me soltó el pezón con un pop.

—Joder, V…

Me agarró entonces, tirando de mí hacia él, atrayéndome a su regazo mientras me lo daba.

Me sujetó las caderas contra él y me folló desde abajo, fuerte y profundo.

Me enrosqué alrededor de él, estremeciéndome mientras me machacaba el clítoris, pretendiendo enterrar la cara en su cuello cuando me corriese, pero no me dejó.

Me empujó la cara hacia atrás con la suya y encontró mis labios, besándome, su lengua poderosa saqueando mi boca.

Perdí el control, entonces.

Perdí el control por completo…

Me corrí, con fuerza, mientras su lengua acariciaba la mía, resbaladiza, húmeda y cálida, mientras su boca se deslizaba contra la mía, chupando…

mientras me sujetaba las caderas y me follaba con embestidas cortas y bruscas.

Habría gritado como una posesa si su lengua no me llenara la boca, pero como era así, simplemente gemí y le cabalgué, frenéticamente, y le mordí la lengua. Fuerte.

Gruñó en mi boca y un escalofrío le desgarró el cuerpo, segundos antes de que sus caderas se dispararan hacia arriba y explotara dentro de mí.

Entonces apartó la boca, gimiendo.

Le cabalgué despacio, alargando las olas de su placer, besándole la cara con los ojos cerrados y abrazándole fuerte… simplemente saboreando su éxtasis… cabalgándolo con él…

Hasta que su cuerpo se fue relajando y me abrazó, soltando un suspiro profundo y satisfecho.

Abrí los ojos.

Su mirada entornada me recorrió la cara y sonrió con suficiencia al decir:

—¿Eso ha sido lo bastante fuerte para ti?

—Podría aguantar más fuerte.

Se le oscurecieron los ojos y me besó, suavemente.

Luego me levantó y se puso de pie, dejándome con cuidado sobre el sofá.

Le observé moverse hacia su ropa, pero yo no iba a quedarme ahí sentada mientras se vestía y se marchaba.

Por muy de goma que tuviera las piernas, por mucho que la cabeza todavía me diera vueltas, aunque la mayor parte de mi sangre no estuviera ni de lejos cerca de mi cerebro…

me levanté y empecé a vestirme la primera.

Cuando estuve completamente vestida, le miré.

Él también estaba vestido, observándome mientras se subía la cremallera de la sudadera.

—¿Quieres que te acompañe a tu cabaña?

Aparté la mirada.

—No. Estoy bien.

Lo sentí acercarse. Me enganchó un dedo bajo la barbilla y me levantó la cara para encontrar su mirada. Me escudriñó el rostro, despacio, sus ojos oscuros completamente serios.

—¿Sientes algo por mí, V?

Bufé. Y luego le mentí.

Le mentí total y jodidamente.

—No —dije.

Pero por favor…

A lo mejor Jude sí era un capullo. Follarme así —peor aún, besarme así— y luego preguntarme si sentía algo por él momentos después, ¿no?

Me di la vuelta, subiéndome la cremallera de la cazadora.

Me cogió de la barbilla otra vez y me giró la cara hacia la suya.

—Mejor así. —Sus ojos oscuros sostuvieron los míos en desafío, pero su tono era suave—. Porque te lo dije hace mucho tiempo: tú y yo, preciosa, no vamos por ese camino.

—Y yo te dije —respondí con frialdad— que todos los caminos llevan al polvo. Lo que significa que este camino está cerrado.

Se rio entre dientes, bajando la mirada a mis labios.

—¿Y cuál era aquella otra cosa que solías decir…? —Su pulgar me rozó la mejilla—. ¿Que nunca volvías a repetir?

Me encogí de hombros y me aparté, pero logré esbozar una pequeña sonrisa coqueta.

—Siempre hay una primera vez para todo.

—Segunda vez —dijo—, si no recuerdo mal.

—Ya, bueno. Nunca se me han dado bien las mates.

Se rio. Y luego me dio un azote en el culo, como si fuera un jodido cachorro al que estaba mandando a casa.

—No dejes que lo de Wild Card te afecte, V —dijo—. Eres salvaje. No tiene nada de malo.

Entonces hizo lo peor de todo.

Me agarró la cazadora para que no pudiera irme, se inclinó y me besó. Un beso largo, profundo, apasionado que me hizo palpitar el clítoris y encogerse los dedos de los pies y revolverme las tripas por dentro. Era la forma en que un tío te besaba cuando le gustabas mucho, mucho de verdad.

Solo que el cariño de Jude por mí solo llegaba hasta cierto punto.

Lo suficiente para follarme, al parecer. Pero no más allá.

Pues que le jodan.

Me aparté y me fui, sin mirar atrás. Dejándole creer que eso era todo lo que quise ser para él: la Wild Card; la chica fiestera; y fingiendo que me parecía bien.

Pero no me parecía bien.

Lo supe cuando empujé la puerta y salí al aire fresco de la noche, y la fría realidad de lo que acababa de pasar me golpeó con toda su fuerza. Porque no era solo un polvo.

Y al final, no tenía absolutamente nada que ver con la venganza.

Sí sentía algo por Jude. Mucho.

Igual que entonces.