1. Roni #2
Porque estaba en una misión para demostrarme algo a mí misma en esta boda. Bueno, a mí misma… y a otra persona. Porque cuando Jessa me invitó a venir como su acompañante, vi una oportunidad de oro para dar rienda suelta a mi lado más visceral.
La venganza: un plato que se sirve frío…
Pero, al parecer, mis sentimientos no eran tan fríos como había pensado. Y ahora, gracias a que Ash se había rajado de nuestro trío, no le había demostrado una mierda a nadie, ni a mí misma.
En cualquier caso, no era culpa de Dylan.
—No hace falta el sarcasmo —dije, ladeando la cabeza y flirteando un poquito—. Es la forma más baja de humor, ¿sabes?
—Será que no soy tan gracioso. —Con una sonrisa torcida, volvió a fulminarme con sus preciosos ojos verdes—. ¿Puedo hacer algo para que cambies de opinión?
—Desgraciadamente, no.
—Entendido.
Seguía ahí plantado, cortándome el paso. Si fuera cualquier otro tío, igual le habría dicho que lo superara y le habría dejado ahí, en la oscuridad. Pero de verdad que era un encanto. Y estaba buenísimo.
Pero no iba a decírselo. A darle ideas equivocadas. Yo ya había soltado la palabra con A, y si íbamos a ser amigos, no podía ir jugando a dos bandas.
A nadie le gustaba una calientapollas.
Se le oscureció la mirada, como si me estuviera leyendo el pensamiento. Entonces se inclinó hacia mí, lo bastante despacio como para que yo pudiera esquivarle si quería, y me besó. Lento, y un poco ardiente, pero sin lengua. Yo le devolví el beso, pero me contuve. Me contuve muchísimo.
Cuando terminó, soltó un pequeño gruñido en la garganta, sus labios suspendidos cerca de los míos.
—Eres una mujer peligrosa, Roni.
—Eso me han dicho —susurré.
Luego se echó hacia atrás, y el momento pasó.
—Gracias por no romperme el corazón —añadió, con lo que me había dado cuenta de que era su manera desenfadada y alegre de tomarse prácticamente todo. Incluido que le rechazara una posible amante.
—Anda ya. —Le alisé el jersey como una madre orgullosa a punto de mandarlo al colegio. Noté sus músculos sólidos bajo mis manos, los pectorales flexionándose… receptivos, dispuestos… deseosos de agradar. Él me miraba hacerlo con los ojos entornados.
Así que puede que el momento no hubiera pasado del todo…
Joder… sería un polvo increíble. El batería de Dirty tenía esa energía especial. Pura. A toda máquina. Sin frenos.
Como un pura sangre.
—Creo que voy a subir a la cabaña de Jude —murmuró—. ¿Te vienes?
—No. Gracias. —Ni de coña iba yo a esa fiesta. Le di una palmadita en la mejilla—. Ve a echar un polvo.
—A sus órdenes. —Le brillaron los ojos, divertidos. Luego se le puso la cara seria.
Dio un paso atrás y me dedicó un gesto de cabeza, uno solo. Era un gesto que yo había visto antes. El que un tío te hacía justo antes de darse la vuelta, para asegurarse de que sabías lo que te estabas perdiendo. Y lo sabía, más o menos.
Luego se dio la vuelta y se fue. Justo cuando la oscuridad estaba a punto de tragárselo, se detuvo y levantó la botella de vodka.
—¿Te quedas con la bebida? Parece que te vendría bien.
—No, gracias. Guárdala para la chica que está a punto de volarte la cabeza.
Negó con la cabeza.
—Buenas noches, Roni —dijo, y desapareció.
Bueno, joder.
Eso había sido un poco mierda. Y sin embargo…
Es que no estaba de humor para un polvo de conveniencia.
Y eso era todo lo que Dylan Cope habría sido para mí. Y yo para él.
Un trío salvaje con dos estrellas de rock buenísimas era una cosa.
Memorable, incluso para los que no participaban.
La clase de cosa que corría de boca en boca, incluso en un evento como este.
Claro, seguramente la gente se estaba liando por todo el resort esa noche; ¿qué otra cosa pasaba cuando encerrabas a un puñado de estrellas de rock buenorras y un puñado de mujeres en una boda remota con barra libre?
Pero ¿a quién le importaba eso?
Si querías que la gente hablara por la mañana —si querías que esa persona especial de tu pasado se enterara de tus hazañas sexuales—, no te follabas a una estrella de rock.
Te follabas a una estrella de rock y a su mejor amigo, otra estrella de rock, a la vez.
Así al menos te ganabas una mención de honor en el brunch de la mañana.
Mierda. ¿De verdad iba de eso todo esto?
Y si era así… ¿cuándo me había vuelto tan patética?
Ahora podía ver, ya que se me había pasado el puntillo y las distracciones buenorras y desnudas se habían evaporado en la noche, que esa era una razón muy estúpida para follarte a alguien. O a dos personas.
Pero, siendo sincera, me había follado a un tío por razones más estúpidas. Como, por ejemplo, pensar que estaba enamorada de él. O peor…
Pensar que él estaba enamorado de mí.
Respiré hondo el aire fresco e increíble de la noche y me dije que lo dejara pasar. Que lo olvidara.
A nadie le importa.
A ti tampoco debería.
Empecé a rodear la terraza, alejándome de la música que seguramente venía de la cabaña de Jude. Lejos de la dirección en la que habían desaparecido tanto Ash como Dylan. Solo intentando estar presente en el momento y absorber lo que me rodeaba, porque este lugar no merecía menos.
Bosque lluvioso en la costa del Pacífico, con árboles ancestrales y altísimos y olas rompiendo contra las rocas de abajo.
Hacía un frío cortante esa noche, el resort encajado en una cala frente al océano oscuro, aislado.
Sin nieve. Solo al borde mismo de la helada, todo frío y verde y a punto de desplegarse en primavera.
Paraíso invernal.
El sol saldría en unas horas; probablemente podría pasearme por ahí toda la noche, quedarme dormida bajo las estrellas. Acurrucarme en uno de los sofás de la terraza perimetral del pabellón principal con un par de mantas.
Y una última copa. Un brindis por mí y mi absoluta falta de necesidad de ningún hombre. Solo disfrutar de mi propia compañía un rato.
Porque de verdad daba igual lo que cualquier otra persona pensara o dijera de mí, bueno o malo, por la mañana.
¿Desde cuándo me importaba una mierda lo que nadie tuviera que decir sobre mi vida sexual?