16
Segundas oportunidades
A pesar del clima enrarecido que se ha instalado tras la confesión, enseguida recuperamos la buena sintonía, y las bromas y el buen ambiente vuelven a fluir nuevamente entre nosotros. Para todos, menos para Aiden, que sigue con el ceño fruncido, en un detalle que no pasa desapercibido para nadie.
Rob anuncia que sale a echarse un cigarro y le pregunta al dueño de la casa si lo acompaña.
Aiden jamás ha fumado —o eso creo—, pero tiene pinta de que ambos necesitan mantener una conversación a solas.
Me alegra que sigan manteniendo su amistad, a pesar del transcurso de los años y de que cada uno haya tomado un ritmo diferente en su vida.
A las tres de la mañana, Rob y Kirsten anuncian que es hora de irse a casa, y Becca y Amanda aprovechan el viaje para irse con la pareja.
Aiden me susurra al oído si me gustaría quedarme y, aunque ansío meterme en la cama y dormir hasta mañana, considero que deberíamos tener una conversación de todo lo ocurrido en este momento.
Así que, después de ayudarlo a recoger las bebidas del porche, volvemos a tomar asiento en el mismo lugar para retomar la charla pendiente:
—¿Estás bien? —me pregunta mientras deposita dos vasos de agua sobre la mesa. Necesitamos estar sobrios para lo que se viene.
Lanzo un largo suspiro y alzo la cabeza para mirarlo de frente.
—La verdad es que… estoy perfectamente. Es como si me hubiera quitado una losa de varias toneladas de encima.
—Puedo imaginar. —Dibuja una sonrisa de medio lado en su rostro—. Oye, siento todo lo que tuviste que pasar entonces tú sola. No tenía ni idea. Éramos amigos y si lo hubiera sabido…
—Aiden…
—¿Sí?
—Nadie es responsable de lo que pasó entonces. Bueno, además de Kevin y yo, sobra decir…
—¡Menudo capullo! Cuando esta tarde te ha visto en el bar, al principio pensé que te preguntaba si tenías pareja.
No daba crédito a que intentara flirtear contigo después de todo.
¿Para qué? ¿Para tener un lío de una noche mientras está casado y con dos hijas?
—Compone una mueca de desprecio con su boca—.
Y ahora me doy cuenta de que preguntaba por él, por ese hijo que nunca supo si tuvo o no, porque decidió desentenderse.
—Muchas veces me cuestiono qué habría pasado si hubiera seguido adelante con el embarazo.
—Habrías sido una madre increíble —posa su mano encima de la mía y la aprieta en señal de consuelo.
—Gracias, pero siempre pensé que, si algún día formaba una familia, sería algo premeditado: poder traer una vida a este mundo que sea fruto del amor entre dos personas, con un padre que no se despreocupara y que le ofreciera todo el amor que merece.
—Lo tendrás, algún día lo tendrás.
Le dedico una sonrisa cargada de tristeza y las dudas me acechan al instante. ¿Cómo pudo Rob saber antes que Aiden sobre mi embarazo? ¿Qué han hablado cuando han salido hace un rato a fumar?
—Oye, Aiden. Hay algo que no entiendo. ¿De verdad tú no sabías nada? Quiero decir, Kev y tú erais uña y carne en aquella época y me extraña descubrir que él se lo dijera a Rob antes que a ti.
Traga saliva y se humedece los labios. Antes de articular una palabra, se toma unos segundos tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—Eso era al principio…. Mi relación con Kev llevaba ya un tiempo resentida.
—No tenía ni idea.
—Prácticamente, al mismo tiempo que la vuestra empezó a empeorar también.
Me sostiene la mirada y el silencio se agudiza entre los dos. Veo temor reflejado en sus ojos y me da pánico saber que hay más secretos escondidos de los que presentía en un principio.
—¿Cómo? ¿Qué quieres decir?
—Sarah, Kev y yo no teníamos mucha relación durante esa época. —Lleva su mano a la cabeza y se amasa el cabello—. ¿Recuerdas el día que estábamos de pícnic en la playa y los dos os pusisteis a discutir como locos?
—Cómo olvidarlo. Aquel día se había pasado demasiado con la bebida y se puso como un energúmeno cuando le dije que tenía la intención de hacer las prácticas en el extranjero durante el verano.
—Después de aquello, te marchaste a casa llorando.
Me rompía por dentro verte así, eras mi amiga.
—El brillo se borra de su mirada—. Odiaba que te tratara de esa manera, así que lo confronté y discutimos.
Llegamos a las manos y me acusó de estar enamorado de ti, de que tenía envidia de él por su fama en el instituto, por ser una estrella del fútbol y por su relación contigo.
—Eso es ridículo. Estaba paranoico. ¿Por qué te acusaría de algo así?
—Porque de todo lo que dijo, había una verdad en todo aquello.
Parpadeo, con un gesto de sorpresa, y me yergo en el asiento.
—Ah, ¿sí? ¿Y cuál era?
—Que estaba enamorado de ti.
En el silencio que nos rodea, apenas se escucha nada más que el ritmo entrecortado de nuestras respiraciones.
—Vaya, no sé qué decir.
—¿No lo sabías? Pensé que alguien te lo habría contado ya o, tal vez, lo habrías averiguado por ti misma. Al fin y al cabo, parece que todo este maldito pueblo sabía desde siempre que estaba enamorado de ti.
«Oh».
—No tenía ni idea, de verdad, Aiden. Siento mucho haber jugado así con tus sentimientos la noche que descubrí a Kevin y Jessica juntos.
Cuando salí de allí corriendo, estaba confundida, devastada.
No sabía qué hacer ni qué pensar. Y te encontré allí...
—Mis ojos se abren como platos—. Tú siempre has estado allí.
Por fin me doy cuenta de que siempre ha sido él. El que estaba en mis mejores y en mis peores momentos. Era mi mejor amigo y para él, yo era más que eso. Todo el mundo lo sabía, excepto yo. Menuda imbécil me siento.
—No, si alguien tiene que disculparse soy yo. Te encontré vulnerable en el jardín y, en vez de dejarte un hombro para que llorases todo lo que necesitaras, confundí mis sentimientos y te besé.
Hago un ademán con mi mano para restarle importancia, porque lo que para él fue una vulnerabilidad, para mí fue un pequeño gesto que me ayudó a mantenerme a flote.
—¿Sabes qué? —niega con la cabeza—; que aquel beso fue el mejor recuerdo que guardo de esos días. Si no hubiera sido por tu apoyo y por tu presencia, me habría derrumbado por completo.
—Sentía que estabas muy sola por entonces y solo quería tenderte una mano. Y entonces te marchaste y no entendí nada de lo que pasaba. Hasta hoy, que me has dado la última pieza del puzle para completarlo.
—Por eso te dije el otro día que no quería que pensaras que aquel beso tuvo algo que ver con mi marcha. De hecho, gracias a él, pude albergar algo de esperanza de lo que había dejado en Middleton. Fue de las pocas cosas que me hicieron levantar la cabeza y seguir adelante con mi vida.
—Me alegra saber, aunque sea diez años después, que fui un buen amigo para ti.
—Fuiste más que un amigo, Aiden —confieso sintiendo el rubor subir hacia mis mejillas—. Si me hubiera quedado aquí, las cosas podrían haber sido diferentes entre tú y yo …
—Nunca es tarde para las segundas oportunidades. —Juega con un mechón que me roza la mejilla y lo aparta detrás de la oreja—. Tal vez podríamos empezar de cero.
—Nada me gustaría más.
Clava su mirada en mis ojos y siento un vuelco en el estómago.
Se acerca suavemente y me besa con anhelo, dejándome sin aliento.
Un cosquilleo recorre todo mi cuerpo y, de repente, una descarga de recuerdos del pasado me atraviesa: escenas que compartimos en nuestra infancia y adolescencia.
Rememoro la intensidad de cada mirada, su atención constante, la preocupación por mi bienestar y las tardes enteras en la panadería ayudando a mis abuelos, solo para pasar más tiempo a mi lado.
Un recuerdo que me enternece y aterra a partes iguales. Nada desearía más en este mundo que tener una segunda oportunidad con él, pero miles de kilómetros separan nuestras vidas. Pase lo que pase, presiento que el dolor regresará y que tendré que ponerme otra vez la coraza.