Una Navidad irlandesa (Hermanas O’Hara 1) 11
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…mañanas de arrepentimiento

—¡B uenos días! Ho, ho, ho ¡Feliz Navidad!

Desconozco de dónde viene ese sonido, pero me despierto de repente, con la cabeza martilleándome como si estuvieran haciendo obras en plena Times Square.

Abro los ojos y reconozco las vigas de madera en el techo.

Debí quedarme dormida en el sofá anoche —o, mejor dicho, hace apenas unas horas—, hablando con Aiden, hasta que vimos los primeros rayos de luz colarse por la ventana.

Alzo mi mirada y veo a Aisling con la cara lavada y el rostro radiante.

Cualquiera diría que anoche fue ella y no yo la que se bebió hasta el agua del río Lee.

Aunque, para qué engañarnos, yo tampoco me quedé corta.

Y aquí estoy ahora, sufriendo las consecuencias de la celebración navideña y de la edad que ya no perdona.

—¿Se puede saber por qué estás tan despierta? Anoche eras incapaz de dar dos pasos tú sola y ahora estás… Estás… Puaj, qué asco das —bromeo componiendo una mueca burlona.

—Hermanita, si trabajaras todo el año entre festivales de música y estrellas de rock como yo, sabrías que dentro de este business se comparten muchas cosas, además de recetas para estar como una rosa tras una noche de desenfreno.

—Levanta las manos en señal de triunfo—.

¿O crees que el aguante que tienen los componentes de Guns N’Roses o AC/DC con más de sesenta tacos se debe a algo natural… ?

—No quiero oír nada más. Prefiero morir en la ignorancia antes que saber lo que pasa en tu mundo.

—Buenos días, chicas —saluda Aiden que sube del bar cargado de bolsas—. Qué bien que ya estáis despiertas.

—Buenos días —saludamos mi hermana y yo al unísono.

Nuestras miradas se cruzan y un cosquilleo en el estómago me recuerda el beso que nos dimos anoche, antes de quedarnos dormidos abrazados en el sofá.

—Joder, Ash, qué buena cara tienes. Cualquiera diría que…

—Eso mismo le he dicho yo. Anoche casi tuvimos que llamar a una grúa para llevarte hasta la cama.

—Aun así, mataría por un café bien cargado —apunta mi hermana que mira con deseo el interior de las bolsas que Aiden deja sobre la encimera de la cocina.

—Tus deseos han sido cumplidos. Papá Noel ha venido cargado de regalos.

Nos pasa un café a cada una de nosotras y un plato con galletas, del cual emana un intenso olor a canela.

—Vuestra hermana pequeña tiene una mano para la repostería que se nota a la perfección de quién la ha heredado.

Aisling y yo intercambiamos una mirada de estupefacción.

—¿Siobhan ?

—Si no tenéis otra hermana pequeña más, diría que es la misma.

—No sabíamos que se dedicara a hacer repostería —confiesa Ash con la boca llena y los ojos abiertos como platos—. Oye, pues esto está de muerte.

—Me consta que lo hace solo en sus ratos libres, aunque alguna vez le he comentado que se podría dedicar a ello si quisiera. No me gustaría perder a una de mis mejores empleadas, pero sé que Shiv tiene mucho potencial para desperdiciarlo detrás de la barra de un bar.

No le falta razón, siempre pensé que podría destacar en lo que ella quisiera. Es solo que necesitaba tiempo para poner en orden sus ideas y nos sorprende gratamente que por fin haya encontrado algo que le entusiasma y a lo que poder dedicarse en el plano laboral.

Con el runrún de la revelación de fondo, seguimos charlando durante media hora más y nos despedimos de Aiden para volver a casa.

La abuela tiene que estar poniendo el grito en el cielo de las horas que son.

Y es que, aunque llevemos años sin dar explicaciones de cuándo entramos y salimos de casa, mientras durmamos bajo su techo, se preocupa y nos trata de la misma manera que cuando éramos adolescentes.

—Anoche nos besamos Aiden y yo —le confieso a Aisling que se ha llevado el resto de las galletas para engullirlas de camino a casa.

—Se veía venir, no veo la novedad —masculla con la boca llena.

—En serio, ¿no te sorprende ni un poquito? Después de todo, solo hemos sido mejores amigos desde pequeños.

—Él era tu mejor amigo, tú eres mucho más que su amiga.

—¿Qué dices, Ash ?

—Sarah —se para en medio de la calle y me mira con gesto impasible—, todos los habitantes de Middleton conocen los sentimientos de Aiden hacia ti. Todos menos tú.

—¿Desde cuándo sabes eso?

—Desde que a él aún no le habían salido los primeros pelos del bigote.

Me esfuerzo por retrotraerme al pasado, pero en mi cabeza solo aparecen recuerdos de una bonita amistad.

—Eso no puede ser, yo estaba con Kevin por entonces y él era uno de sus mejores amigos.

Niego con la cabeza.

—Y te estuvo esperando pacientemente todo ese tiempo. Mejor dicho, no movió un dedo mientras estabais juntos, pero cuando las cosas se fueron apagando con Kevin en el último año de carrera…

—Nos besamos en aquella fiesta en la casa de Becca —confieso en voz alta tratando de dar una explicación plausible.

—Por fin, estabas soltera y él quería confesarte sus sentimientos, pero te marchaste a Nueva York cuando te dieron la beca.

—Y ahí se zanjó el tema… hasta hoy —resuelvo con un susurro apenas perceptible.

—Hablando de Becca, mira quién está ahí.

Nos acercamos hasta la plaza central donde una mujer atiende una llamada que intuimos que está relacionada con un asunto laboral. Cuando nos ve aparecer, abre sus ojos de golpe e informa a la persona al otro lado de la línea que la llamará más tarde.

—¡Sarah, Ash! Pero qué alegría veros por aquí.

Nos fundimos en un cálido abrazo con la que era una de mis mejores amigas de la juventud. Su rostro se ensombrece de repente y asimila la razón de nuestra inusual visita a casa.

—Siento mucho lo de vuestro abuelo. Hasta ayer por la mañana no llegué a Middleton, si no hubiera asistido al funeral.

—No te preocupes, vinieron casi todos los vecinos del pueblo.

Su ausencia aún me duele, así que compongo una media sonrisa forzada y trato de cambiar de tema:

—Oye, Becca, estás preciosa. Hace siglos que no nos vemos.

—Mira quién habla, tú estás espectacular. Si no estuviera ya con Mandy, te hubiera pedido matrimonio en cualquier momento.

Nos reímos al unísono. Siempre fue una persona muy directa.

—¿No me digas que al final acabaste con Amanda?

—Lo teníamos claro las dos —me enseña su dedo anular donde luce un radiante anillo de pequeños diamantes—, y no perdimos el tiempo en cuanto se legalizó el matrimonio igualitario por referéndum. Y, además, tenemos un pequeño terremoto de tres años.

Se gira para indicar con el dedo el lugar donde una cabeza llena de tirabuzones dorados sobresale por encima del tobogán.

—No puedo alegrarme más por vosotras. ¿Os mudasteis al final a Dublín?

—Sí, en cuanto salimos de la universidad.

Me ofrecieron trabajo en una empresa tecnológica americana y nos va genial.

Vivimos en las afueras en una casita con jardín, que apenas disfrutamos los cuatro días al año que caen en verano en este maldito país —se burla con sorna—.

Oye, pero cuéntame tú, que seguro que tu vida es más emocionante. ¿Cómo te va en Nueva York?

Vacilo durante unos instantes antes de contestar. Vivir en Estados Unidos no parece tan glamuroso comparado con la vida que tienen montada todos los antiguos amigos que dejé en Irlanda, así que trato de edulcorar la realidad.

—No me puedo quejar, la verdad. Un trabajo que paga bien, vivir en la ciudad que nunca duerme…. ¿Qué más se puede pedir?

Mi hermana, que ha permanecido callada hasta este momento, me mira de reojo sabiendo que estoy contando una verdad a medias.

—Cuánto me alegro. Oye, Aiden está preparando una cena de amigos en el pub pasado mañana.

La solemos hacer todos los años después de Navidad para ponernos al día.

Sé que no eres una entusiasta de estas fechas, pero no hace falta deciros que estáis las dos invitadas.

—Me agarra con ternura del antebrazo—. Vendréis, ¿verdad?

Ash, tú siempre fuiste una más del grupo, a pesar de la edad que nos separaba.

—Pues no lo sé seguro…

—Claro que iremos —me corta Aisling dándome un codazo en las costillas para que me calle.

—Perfecto, te pasaré todos los detalles. ¿Sigues conservando el mismo número?

Asiento sin ganas y asimilo que entre Aiden, Becca y mi hermana no me están dejando más opción que reencontrarme con mi amargo pasado. Ya no hay vuelta atrás, el choque de realidad está más cerca de lo que pensaba.