Una Navidad irlandesa (Hermanas O’Hara 1) 7
27%

7

El mercado navideño

D espués de tomar una sopa de lentejas con un trozo de pan artesano para comer, me despido de Caroline y Aiden que llevarán a la abuela de vuelta a Middleton.

He aprovechado para sacar a relucir mi cámara favorita y me tomo mi tiempo para afinar la técnica de este viejo cachivache y tomar varias instantáneas de calidad en diferentes puntos estratégicos de la ciudad.

Hasta ahora, mi única herramienta era el iPhone con el que, de vez en cuando, me atrevo a publicar alguna foto bonita en mis redes sociales.

Bastante amateur , para qué nos vamos a engañar.

Aun así, sin planificarlo, durante estos últimos años, he ido haciendo de ese pequeño clic en la pantalla del móvil una afición que me gustaría seguir practicando.

Había olvidado lo bien que me hace sentir.

Mientras hago tiempo a la espera de que llegue Aisling, doy un paseo por la ciudad, rememorando con nostalgia momentos del pasado difíciles de olvidar.

Saco varias fotos de ambas catedrales. Sí, porque en Cork tenemos dos templos sagrados: la católica Saint Mary y Saint Anne , además de Saint Finbarre's , perteneciente a la Iglesia de Irlanda.

La religión ha jugado siempre un peso fundamental en este país y sigue teniendo un componente de disputa entre sus habitantes.

Si solo la gente pudiera ver a las personas por quienes son y no por la religión que profesan…

Me asomo por los empinados muros del Fuerte Elizabeth, donde saco varias fotografías del antiguo cañón, y contemplo el anochecer.

Son poco más de las cuatro y media de la tarde, pero la iluminación rojiverde en forma de ornamentos navideños hace brillar a la ciudad hasta su máxima expresión.

El gélido viento se cuela entre los poros de mi cara, así que me enfundo el gorro de algodón y me abrocho el abrigo mientras transito por las adoquinadas calles de la ciudad antigua.

Sin rumbo fijo, me dejo llevar por los recovecos de la urbe y acabo dando con las casas de colores del muelle de Farren, donde aprovecho la atenuante luz crepuscular para tomar las últimas instantáneas.

—Me encanta verte con una sonrisa en la cara —susurra una familiar voz al oído.

Doy un respingo sin percatarme de que Aisling aparece por detrás para darme un susto.

—¡Ash! —la abronco—, ni se te ocurra volver a hacer eso. Vivo en Nueva York, y si alguien se me aproxima de esa manera quiere decir que solo viene a pedirme dinero: ya sea por caridad o delincuencia.

Suelta una estridente carcajada que atrae las miradas confusas de quienes se encuentran a nuestro alrededor.

—¡Qué exagerada eres! ¿Qué hacías aquí parada?

—Estaba dando un paseo sin rumbo, recordando viejos tiempos.

—Ya he visto, mientras venía hacia aquí, que has colgado varias fotos en Instagram. Son preciosas. Siempre has tenido un don. ¿Has pensado dedicarte profesionalmente a ello?

—Es solo un hobby , ya tengo un trabajo que paga facturas a final de mes —aclaro y me preparo para la burla de mi hermana.

—¿Ese trabajo aburrido que consiste en enclaustrarse entre las cuatro paredes de una oficina y poner al día las cuentas de tu empresa?

—Amaga con bostezar para burlarse de mí—.

No entiendo cómo te encantan tanto los números mientras que Siobhan y yo los odiamos. ¿Seguro que somos hermanas de sangre?

—Vosotras dos sois adoptadas, ya os lo decía de pequeñas. —Compongo una mueca socarrona y recuerdo las crueles bromas que las hermanas mayores hacemos a las más pequeñas.

—Eso explicaría muchas cosas, entre ellas por qué tú tienes una preciosa melena azabache, yo soy castaña y Shiv es casi pelirroja.

—Lo que te digo: os abandonaron en una cesta en la puerta de la iglesia y allí os recogimos porque nos dabais pena.

Emite un gruñido de fastidio y trata de reconducir la conversación.

—No te desvíes del tema. ¿No has pensado en dedicarte a algo más divertido como la fotografía? Recuerdo cuánto lo adorabas de adolescente cuando el abuelo te enseñaba viejos trucos con su cámara. —El brillo de sus ojos desaparece cuando se acuerda de él—. Ay, cuánto lo vamos a echar de menos.

—Ash, no todas tenemos la suerte de codearnos con famosas estrellas del pop rock en nuestra vida diaria.

—Sí, no te voy a negar que es lo mejor de mi trabajo. Aunque no todo lo que reluce es oro. Algunos artistas son unas auténticas divas y se vuelven más excéntricos a medida que aumentan sus clubs de fans .

—¿Como tu futuro marido? —Se me hace demasiado raro pronunciar esas palabras.

—Sarah, ¿por qué no aceptas que me voy a casar? ¿Es porque tu hermana pequeña lo hará antes que tú? Porque a este paso acabarás siendo una solterona con gatos. —Trata de imitar el paso lento de una anciana caminando por la calle y reprimo una carcajada por lo payasa que es.

—Solo quiero que medites las cosas con calma. Casarse es un gran paso y quiero que no te precipites sin saber con seguridad si se trata del hombre de tu vida.

—No hace falta sobrepensar las cosas cientos de veces como lo haces tú. Y, además, si las cosas van mal siempre podemos recurrir a los divorcios exprés. Afortunadamente, las cosas en Inglaterra están a años luz de nuestro querido país.

Pese a que la separación conyugal lleva pocos años legalizada en Irlanda, el estigma social sigue presente en una sociedad con un arraigo fuertemente católico.

—O sea que… ¿ya estás pensando en el divorcio sin haber pasado todavía por el altar?

—Es una alternativa, no el fin del mundo como lo planteas tú. —Alza las manos al aire en señal de indignación—. Si te relajaras un poco más, te darías cuenta de que hay cosas maravillosas a nuestro alrededor. La vida es demasiado corta como para no exprimirla al máximo.

Caminamos en silencio por la ribera del río Lee hasta llegar a la plaza Emmet donde se ubica uno de los mercados navideños más importantes de la ciudad.

Sus palabras rebotan en mi mente mientras nos acercamos a un puesto de comida española que llama nuestra atención.

El matrimonio que regenta la casita de madera, con el que mantenemos una cálida conversación, nos ofrece un cucurucho de papel con media docena de churros, un dulce español con azúcar que deleita nuestros paladares.

Asimismo, decidimos acompañarlo con un par de vasos de vino caliente para calentar nuestros estómagos.

La canela y el cardamomo invaden mis sentidos con su aroma y comienzo a entrar en calor, tras una larga jornada transitando por las frías calles de la ciudad.

Según las predicciones meteorológicas, la amenaza de nieve podría cumplirse de un momento a otro, antes de que llegue oficialmente el día de Navidad.

Aisling se entretiene comprando los últimos regalos para la abuela y yo aprovecho el tiempo para seguir tomando instantáneas del lugar.

La belleza de los mercados navideños en esta época del año no es comparable a nada semejante, y no puedo esperar a llegar a casa para retocar las fotos que he hecho con el iPhone en el ordenador.

—¿Qué te parece este bolso para Siobhan?

—A decir verdad, tú conoces mejor sus gustos. No sé si pega con su estilo —vacilo y me separo para tomar la preciosa imagen de un ficticio Papá Noel con una ilusionada niña en su regazo. Bendita inocencia infantil.

—Si te esforzaras más en conocerla, quizá sabrías más qué le gusta y qué no.

—No solo depende de mí. Está enfadada con el mundo y no me ha dirigido prácticamente la palabra desde que llegué.

—Es normal, Sarah. Compréndela. Hasta ahora solo le quedaban los abuelos a su lado. Nosotras vivimos fuera y ahora que el yayo ya no está y que los años corren también para la abuela, tiene miedo de quedarse sola.

—¿Es eso lo que le pasa? ¿Te lo ha contado?

—No hace falta que lo exprese con palabras, hablamos bastante a menudo y sé todo lo que pasa por su cabeza.

A diferencia de Aisling, con la que nos comunicamos a través de Facetime todas las semanas, con Shiv mi relación se reduce a una escueta felicitación en Navidad y nuestros cumpleaños.

Quizá por nuestra diferencia de edad. Nos llevamos más de once años y, cuando yo dejé Middleton, ella apenas era una niña con toda una vida por delante.

Odio procrastinar, pero claramente estoy posponiendo una charla inevitable con ella.

Puede que haya llegado el momento de acercar posturas.

Yo soy la hermana mayor y tengo que dar ejemplo frente a ella.