Una Mujer Perspicaz (Misterios Históricos de Tabitha y Wolf 6) Capítulo 26
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Capítulo 26

R at observó cómo el carruaje de los Pembroke abandonaba la panadería y se alejaba del pueblo.

Había utilizado el atajo a través del bosque para seguirlo y se había escondido cuando se detuvo.

Wolf y Bear se habían bajado para entrar después en la tienda.

No estaba del todo seguro de por qué había seguido a los hombres a escondidas.

Tal vez, si les hubiera pedido acompañarlos, habrían aceptado, aunque lo más probable era que no.

Rat tuvo la sensación de no haber transmitido del todo hasta qué punto reconocía en Billy Morris una similitud brutal con los chicos mayores de Whitechapel, que lo habían acosado cuando era pequeño y le habían robado sus monedas y su comida siempre que habían tenido ocasión.

Aunque Rat reconocía que podría haber seguido los pasos de aquellos muchachos y haberse unido a una banda si hubiera vivido en la calle mucho más tiempo, no creía que se hubiera convertido en un torturador de niños más pequeños.

Al menos, esperaba que no hubiera sido así.

Había una crueldad en Billy Morris que iba más allá de la de un niño aburrido que hacía travesuras de vez en cuando.

En cuanto Wolf y Bear dijeron que irían a hablar con el panadero y su hijo, Rat no dudó ni un instante de que el chico mentiría descaradamente.

Tenía plena fe en Wolf. Sin embargo, no creía que él comprendiera del todo a qué clase de individuo se enfrentaba con Billy Morris, no de la manera en que él lo hacía.

Sabía perfectamente lo que Billy haría en cuanto Wolf y Bear se marcharan: correría a buscar a quien le hubiera pagado por las travesuras y enviaría a la señora Thomas a la herrería con la esperanza de conseguir alguna moneda por el aviso. Rat solo tenía que esperar y seguirlo.

Lo que Rat no tuvo en cuenta fue la reprimenda que el señor y la señora Morris le dieron a Billy cuando sus visitantes se marcharon.

Fue una amonestación que se prolongó durante bastante tiempo y terminó con el castigo de pasar días enteros en la panadería sin permiso para escabullirse con sus amigos.

Prometieron que el castigo iría a más, pero que tenían que discutir qué otra sanción podrían aplicar sobre Billy.

Mientras tanto, lo enviaron al almacén a barrer alrededor de los sacos de harina.

Billy sabía que sus padres discutirían durante un rato; su madre se retorcería las manos y se lamentaría de tener un hijo así, y su padre echaría humo en silencio mientras su mujer le comía la oreja.

Si había algún momento para escaparse y entregar el aviso, era ese.

Tendría que ser rápido. Tardaría poco en barrer el almacén, y su padre esperaría que volviera a la panadería para sus siguientes tareas, pero pensó que tendría tiempo si salía ya mismo.

Rat casi se había dado por vencido y empezaba a pensar que tal vez había juzgado mal los siguientes movimientos de su némesis cuando vio a Billy salir a hurtadillas por la puerta trasera de la panadería y alejarse apresuradamente por el callejón.

Rat era rápido y ligero de pies, pero tenía que ser especialmente cuidadoso al seguir a Billy Morris; aquello no era Londres, con sus callejones oscuros y la suficiente gente en las calles como para que resultara fácil seguir a alguien con discreción.

Estaba en una aldea rural con muy poca gente y pocos lugares donde esconderse.

No obstante, tras dejar una distancia prudencial entre él y su presa, Rat siguió al chico mayor.

Billy Morris intentaba ser casi tan cuidadoso como Rat para no ser visto.

No quería que lo descubriera algún vecino cotilla ni tampoco un amigo.

Tenía una misión que cumplir, y debía hacerlo con rapidez y cautela.

Billy había estado causando problemas en Lamphey casi desde el momento en que aprendió a caminar, así que conocía cada rincón y recoveco de la aldea y los mejores escondites.

Se movía con agilidad de un escondrijo a otro, desplazándose rápida y silenciosamente entre ellos.

Cuando Rat se dio cuenta de que el plan del otro chico era moverse por la aldea sin ser visto, imitó sus movimientos, siempre un escondite por detrás de Billy.

Rat tenía la ventaja de que a Billy no se le había pasado por la cabeza que alguien pudiera anticipar su intención de escabullirse sigilosamente para avisar a su benefactor.

Así pues, no prestó atención a los ruidos a su espalda, demasiado preocupado por no ser visto.

Resultó bastante fácil seguir a Billy por la aldea, pero cuando la dejó atrás y se adentró en los campos, se volvió mucho más difícil seguir su rastro de incógnito.

Rat decidió que lo mejor era dejar tanto espacio entre él y Billy como fuera posible sin perder de vista al otro chico.

Por suerte, tras cruzar un campo, Billy se internó en un bosque y Rat pudo alcanzarlo rápidamente usando los árboles como cobertura.

En un momento dado, Rat pisó un montón de hojas, haciendo que crujieran con la fuerza suficiente como para que Billy volviera la cabeza.

Al detenerse un instante, decidió que debía de haber sido una ardilla y continuó.

Caminó por el bosque durante unos buenos quince minutos antes de salir a un largo camino de entrada.

Rat podía ver una casa más adelante, pero Billy se dirigía a los establos situados a la derecha.

No había mucha cobertura entre los establos y el bosque, y Rat pensó que su mejor opción era esperar, confirmar que Billy entraba y, cuando hubiera desaparecido en su interior, dirigirse allí rápidamente.

Vio a Billy correr por el camino, usando los árboles que lo flanqueaban como cobertura, y cruzar rápidamente por delante de la casa hacia el primero y más grande de los establos.

En cuanto Billy entró, Rat siguió su camino, aprovechando también los árboles como resguardo.

La casa parecía bastante tranquila, pensó Rat, mientras corría hacia el establo, sin estar seguro de qué haría al llegar.

Quería ver con quién se reunía Billy, escuchar su conversación y escapar rápidamente para contarle a Wolf lo que había oído.

La primera vez que Rat llegó a vivir a Chesterton House, se alojó en la cochera, con los caballos y con Madison, el chófer de Wolf.

Sin embargo, aquellos establos eran mucho más grandes que la cochera, y no tenía ni idea de cómo estarían distribuidas tales estructuras.

Acercándose sigilosamente a la puerta abierta del establo, asomó la cabeza y vio a Billy inmerso en una conversación con un hombre que parecía un mozo de cuadra, pero estaba demasiado lejos para oír lo que decían.

Algunas cuadras tenían caballos, pero otras estaban vacías con las puertas abiertas.

Rat se deslizó en la primera y luego, asomándose para asegurarse de que Billy y el mozo de cuadra seguían de espaldas a él, corrió para meterse en la de al lado.

Las siguientes dos cuadras tenían caballos, pero Rat seguía sin poder oír la conversación, y sabía que tenía que acercarse más.

Arriesgándose, abandonó la seguridad de su escondite y corrió lo que le pareció una distancia larguísima hasta la siguiente cuadra vacía.

O, al menos, eso había creído. En su lugar, se encontró con un burro en el rincón del fondo, comiendo avena tranquilamente de un cubo.

El compañero del burro era, curiosamente, un pato.

Mientras Rat se colaba en la cuadra, el burro levantó la vista de su comida y empezó a rebuznar ruidosamente, lo que hizo que el pato empezara a batir las alas y a graznar.

Rat no sabía qué hacer con aquellos animales, enfadados por ver su hogar invadido por un extraño, y se pegó contra la pared de la cuadra, esperando que el burro y el pato perdieran el interés.

Sin embargo, no lo hicieron, al menos no con la rapidez suficiente.

Antes de que Rat se diera cuenta, un hombre grande y de aspecto enfadado estaba ante la puerta de la cuadra, diciendo:

—Buttercup, Daffodil, tranquilizaos. ¿Qué os pasa? —Rat esperaba que, si se quedaba muy quieto y en silencio, el hombre tal vez no notara que estaba escondido en el rincón, intentando hacerse lo más pequeño posible.

Justo cuando el hombre se daba la vuelta para irse, debió de ver a Rat por el rabillo del ojo y dijo:

—¿Qué tenemos aquí? ¿Un intruso? ¿Qué pretendes robar, muchacho? —El hombre se acercó y agarró a Rat por el cuello al tiempo que se daba cuenta de que la ropa de Rat era mucho más refinada de lo que esperaba que vistiera un chico de la zona.

—Oye, Billy, ven aquí y mira a quién he atrapado —dijo el hombre.

Momentos después, Billy Morris estaba de pie en la cuadra, observando a Rat retorcerse bajo el agarre del hombre corpulento.

—Lo conozco —anunció Billy—. Es el ricachón que ha venido de visita a la mansión. Me amenazó el otro día con un cuchillo y me dijo que me mantuviera alejado de él.

Acercándose a Rat con una mueca de malicia en el rostro, Billy exigió:

—¿Qué haces aquí, ricachón?

Rat pensó rápido en lo que podría decir y respondió:

—Estaba explorando los campos y bosques vecinos y me topé con estos establos. Pensé en entrar a ver los caballos. No pretendía hacer ningún daño.

El hombre que lo sujetaba parecía inclinado a creerse la historia, pero Billy entrecerró los ojos y dijo:

—Es un poco sospechoso que los ricachones adultos vengan a interrogarme y que luego este minirricachón aparezca aquí de repente.

Roberts, el mozo de cuadra, era muy bueno recibiendo órdenes, pero no estaba hecho para tomar decisiones.

El relato de Billy se había visto interrumpido por el ruido del burro y el pato.

Aun así, Roberts había oído lo suficiente como para darse cuenta de que la situación se había descontrolado y que habría que avisar a la señora.

Sabía que ella no estaría contenta y esperaba que no le echara la culpa a él.

La señora no tenía reparos en usar su fusta como castigo incluso por las infracciones más leves.

Solo podía imaginar a qué recurriría en aquella situación.

—Ve al guadarnés y trae algo de cuerda —le dijo Roberts a Billy—. Lo ataremos. Vigílalo mientras yo voy a buscar a la señora. Ella sabrá qué hacer y, de todos modos, querrá hablar contigo sobre tus visitantes.

Billy sabía quién lo había contratado, pero todas las comunicaciones y los pagos se habían realizado a través de Roberts.

A pesar de su fanfarronería, el chico estaba aterrorizado de hablar directamente con la señora de la casa.

Había oído demasiados rumores a lo largo de los años sobre lo que era capaz de hacer cuando se enfadaba.