Capítulo 31 #2
—Lo hecho, hecho está. Parece que Bobby está libre y la policía ha empezado a buscar un nuevo sospechoso. Incluso si no lo hacen, dudo que ese supuesto conde y su alegre grupo de entrometidos se rindan tan fácilmente. Así que, ¿qué sugieres que haga?
Merryweather sonaba aterrorizado y desesperado y, sin embargo, la pregunta había sido planteada como un desafío. En respuesta, Kit resopló y dijo:
—No tengo ni idea, Merry. Tú mismo te has metido en este lío, y ni loco voy a hacerme responsable de sacarte de él.
No eres el único actor en Brighton, lo sabes.
Si es necesario, buscaré a otro actor principal.
No voy a cargar con la culpa por ti. —Y con aquella réplica final, Kit se dio la vuelta y se marchó dando pisotones.
Asomándose tras el árbol, Tabitha pudo ver a Merryweather todavía de pie en el mismo sitio, furioso. Por desgracia, Dodo eligió ese momento para despertarse de su breve siesta. Al hacerlo, una ardilla subió por el árbol tras el cual se escondía Tabitha, provocando que la perra ladrara.
Al oír el ladrido, Merryweather se dio la vuelta rápidamente:
—¿Quién anda ahí? Salga de donde esté.
Tabitha se quedó muy quieta y rodeó con suavidad el hocico de Dodo para intentar que la cachorra se callara.
Esperaba que Merryweather supusiera que era un perro que andaba solo entre los árboles.
Pero las sospechas del hombre se habían despertado y, en lugar de seguir a Kit, se volvió hacia el bosque y empezó a avanzar en la dirección de la que creía que provenía el sonido.
Si hubiera estado sola, Tabitha podría haberse arriesgado e intentado escabullirse, pero Dodo estaba completamente despierta y forcejeaba contra su agarre.
A ella también se le ocurrió salir corriendo.
Era difícil creer que se hubiera alejado tanto de los demás como para no encontrarse con alguien, sobre todo si gritaba mientras corría.
Acababa de decidir que saldría corriendo cuando Merryweather la sorprendió por detrás. ¿Cómo no lo había oído acercarse sigilosamente?
—Conque es usted, la reina de los entrometidos —dijo Merryweather con una voz desagradable y burlona. Mientras decía aquello, la agarró con un brazo al tiempo que le tapaba la boca con la otra mano.
Tabitha se sorprendió tanto que soltó a Dodo.
La perra también se asustó e inicialmente se quedó entre las hojas, mirándola con esos ojos profundos de color chocolate.
De repente, con un ladrido agudo, Dodo se lanzó contra el tobillo de Merryweather.
Si el hombre hubiera llevado botas, quizá no le habría pasado nada.
Pero Merryweather era demasiado presumido para calzar otra cosa que no fueran unos zapatos Oxford impecablemente relucientes, incluso para un pícnic en el campo.
Con los brazos en alto para sujetar a Tabitha, el dobladillo se le había subido, dejando sus tobillos expuestos a los afilados dientecillos de la cachorra.
Dodo debió de darle un buen mordisco, porque el hombre la soltó y se inclinó instintivamente para apartar a la cachorra de un manotazo.
—Aléjate de mí, rata —gruñó Merryweather, intentando golpear a la perra.
Pero Dodo fue demasiado rápida para él y, habiendo logrado su objetivo, salió corriendo del bosque.
Al darse cuenta de la sabia acción de la cachorra, Tabitha aprovechó la oportunidad para emprender su propia carrera más allá de los árboles.
Maldiciéndolas a ella y a Dodo, Merryweather salió tras ellas.
Hacía muchos años que Tabitha no corría, y llevar un corsé no facilitaba las cosas.
Pero tenía a su favor la juventud y una salud robusta, además de la ventaja inicial.
Corriendo tan rápido como podía, Tabitha intentó orientarse sin detenerse.
Vio que había salido por el otro lado de la zona boscosa y que corría hacia el borde donde el terreno descendía abruptamente hacia el pueblo de Poynings.
Al comprender que, si Merryweather la alcanzaba en la ladera, correría el riesgo de caerse o de ser empujada, cambió de dirección y empezó a correr por la cresta, de vuelta hacia donde habían merendado.
«¿Dónde están todos?»,pensó Tabitha. Quería gritar, pero no le quedaba aire suficiente para correr y dar voces al mismo tiempo.
Tenía que seguir corriendo hasta que viera a alguien, a quien fuera.
El hotel se alzaba imponente delante de ella, y corrió hacia allí.
Había gente trabajando; alguien acudiría si gritaba.
Seguramente, Merryweather cesaría entonces en su persecución.
En ese momento, Tabitha estaba menos preocupada por apresar al asesino y más por no convertirse en su próxima víctima.
De repente, oyó unos ladridos. Al levantar la vista, se dio cuenta de que Dodo corría de vuelta hacia ella, con Rat pisándole los talones.
Y caminando, si no rápido, al menos con determinación tras la perrita y el niño, iba la viuda.
Tabitha había deseado encontrarse con gente, pero no con una anciana y con un niño pequeño.
Temía que, lejos de amedrentarse, Merryweather decidiera hacerles daño a ellos también.
Sin saber qué hacer, Tabitha se detuvo, se dio la vuelta y miró a su alrededor.
Debía de haber alguien más a una distancia desde la que pudieran oírla.
—¡Auxilio! —gritó. Luego volvió a gritarlo.
Para entonces, Merryweather estaba llegando a ella, pero Rat también.
—¡Quédate atrás! —le gritó al niño. Pero él siguió corriendo.
Tabitha volvió a pedir socorro, pero sus palabras parecían perderse en la brisa fresca que recorría los Downs.
Por más que lo intentaba, Tabitha no lograba imaginar cómo huir de Merryweather, con suerte hacia un lugar más concurrido, sin que Rat la siguiera.
Sabía que el chico era valiente y un poco temerario.
Además, era ferozmente leal. Era evidente que Tabitha estaba en apuros y ella temía que Rat creyera que podía salvarla él solo.
Sintió que la duda la inmovilizaba de repente.
Antes de que Tabitha tuviera oportunidad de sopesar su siguiente movimiento, Merryweather la había alcanzado y la había agarrado de nuevo por los brazos.
—Es usted una criatura escurridiza, ¿verdad, condesa?
—gruñó Merryweather, sin notar siquiera que Rat y la viuda se acercaban hacia ellos.
Merryweather continuó—: Pero no volverá a escapar.
Todo el mundo pensará que se ha caído por el borde y que ha muerto al despeñarse.
—Soltó una carcajada, una risa escalofriante.
Intentó arrastrarla hacia el borde, pero Tabitha se resistió. Al ver que Rat estaba casi encima de ellos, Tabitha gritó:
—¡Vete, Rat! ¡Ve a buscar a Wolf!
Pero Rat no se dejó disuadir. Se dio cuenta de que, para cuando encontrara a Wolf, aquel viejo desagradable podría haber hecho daño a milady Tabby Cat.
En su lugar, el joven corrió todo lo rápido que pudo y se lanzó contra la espalda de Merryweather.
Rat no era grande, pero el impulso con el que se propulsó fue suficiente para hacer que el hombre, mucho mayor que él, perdiera el equilibrio, enviándolo por los suelos y llevándose a Tabitha con él.
La caída le habría cortado la respiración a Tabitha incluso sin que el corpulento actor cayera encima de ella.
Ahora, inmovilizada bajo su captor, luchaba sin aliento por liberarse del peso que la aplastaba.
Mientras tanto, Merryweather maldecía e intentaba recuperar el aliento al mismo tiempo. Mientras trataba de incorporarse, intentando no soltar a Tabitha en el proceso, una voz detrás de él ordenó:
—Quédese donde está o me veré obligada a herirle más.
—Tabitha aprovechó la distracción para rodar y salir de debajo del brazo de Merryweather.
Tendida en el suelo, ahora a una distancia segura, Tabitha levantó la vista en dirección a la voz familiar.
La condesa viuda se enfrentaba al perseguidor de Tabitha con una mirada intimidante y una hoja larga y afilada, de aspecto aterrador, en la mano.
Al observar el arma más de cerca, Tabitha se dio cuenta de que la empuñadura era la misma que había admirado en el bastón de la viuda ese mismo día.
Parecía que la mujer se había hecho con un bastón estoque en algún momento.
Pero ¿tenía idea de cómo usarlo? El mismo pensamiento debió de ocurrírsele a Merryweather al mirar a la diminuta anciana y decir con desprecio:
—¿Se supone que eso debe asustarme, anciana?
La viuda se había colocado más cerca de Tabitha, de modo que, si Merryweather intentaba capturarla de nuevo, tendría que pasar primero por encima de ella.
—Por favor, no cometa el error que cometen tantos —echó una mirada momentánea a Tabitha— de subestimarme.
Sé usar esto lo suficientemente bien, y me producirá un gran placer tener la oportunidad de practicar con un sujeto vivo.
—Tan pequeña y anciana como era la viuda, Tabitha tuvo que admitir que, en ese momento, la mujer parecía tan feroz como cualquier poderoso guerrero.
Merryweather miró la hoja, después a Tabitha y de nuevo a la hoja.
Observó a su alrededor. Si corría, ¿hasta dónde llegaría?
Merryweather no estaba en su mejor forma física.
El exceso de comida y bebida a lo largo de los años le había provocado ataques de gota.
Perseguir a Tabitha había sido el mayor ejercicio que el hombre había hecho en décadas.
No creía tener fuerzas para levantarse y correr más.
Sacudió la cabeza con desesperación y desconcierto.
¿Cómo había sido derrotado por una mocosa, una vieja, un niño esquelético y una perra estúpida?
Justo cuando Merryweather Frost contemplaba su triste situación, esta empeoró repentinamente cuando un cuerpo voluminoso aterrizó encima de él y gritó:
—¡Toma esto, malvado! Ya no harás más daño a inocentes, no mientras yo esté aquí.