Capítulo 15
D urante el breve trayecto en carruaje de vuelta al hotel, a pesar de sus reticencias a involucrarse en la investigación, Tabitha no pudo evitar preguntar:
—No sé nada de sus entrevistas con la compañía teatral, pero ¿ha sido útil algo de lo que han dicho Paddy y Jeanie?
Wolf reflexionó sobre la pregunta. Lo único que habían descubierto era que Kit no había sido del todo sincero o, como poco, había cometido una omisión al no mencionar su discusión con Merryweather Frost. Pero quizá también la había considerado ajena al asunto del asesinato de Danielle.
Les habían confirmado algunas cosas, pero ni siquiera saber la hora a la que la compañía teatral se había marchado de la taberna ayudaba mucho. Respondió:
—No estoy seguro. Ahora sabemos hasta qué hora estuvo todo el mundo allí, aproximadamente, pero no tenemos ni idea de cuándo mataron a Danielle, así que eso no nos sirve de mucho.
—¿Saben siquiera con certeza si la mataron esa noche? —preguntó Tabitha.
Wolf consideró la pregunta y se dio cuenta de que habían estado dando por hecho una suposición infundada sobre el asesinato.
—No, no lo sabemos con seguridad. Nadie vio a Danielle después de que terminara la función, pero eso no parece inusual.
Está claro que no socializaba con el resto de la compañía fuera del teatro.
Pero alguien debió de echarla en falta, ¿no?
—Hizo una pausa, nervioso por su siguiente afirmación—: Arlene, Lady Archibald, no sabía mucho sobre la vida de Danielle.
Parece que su amistad era bastante limitada en muchos sentidos.
Wolf levantó la vista con cautela, inseguro de cuál sería la reacción de Tabitha ante la mención del nombre de Arlene. Ya fuera por la presencia de la viuda en el carruaje o por el arrepentimiento ante su grosería anterior, Tabitha respondió:
—Creo que tiene que volver a hablar con Lady Archibald. ¿Sabe ella siquiera que ha decidido investigarlo?
Tabitha tenía razón: tenía que hablar con Arlene.
A Wolf le avergonzó darse cuenta de que nunca le había dicho que estaba investigando el asesinato de Danielle.
Para ser justos, dudaba de que ella se hubiera tomado en serio sus dudas al respecto, y estaba seguro de que había dado por sentado que, al final, se saldría con la suya.
No obstante, Wolf reconoció para sus adentros que su creencia de que podía investigar el asesinato sin tener nada más que ver con Arlene era tan ingenua como cobarde.
Es más, comprendía que cualquier reticencia a estar en la misma habitación que su primer amor haría que Tabitha sospechara más, no menos.
Teniendo en cuenta las palabras de Tabitha, reflexionó que, aunque tuviera que visitar a Arlene, podría protegerse de ella:
—Tiene razón. Creo que la visitaré mañana. Lady Pembroke, ¿le gustaría acompañarme?
No era frecuente que la viuda fuera invitada voluntariamente a un interrogatorio en lugar de tener que engatusar y amenazar, y el ofrecimiento la pilló momentáneamente desprevenida. Se recuperó enseguida y respondió:
—Por supuesto, Jeremy. Sería de lo más inapropiado que visitara a una joven viuda a solas.
—La anciana prefirió olvidar que Wolf había hecho precisamente eso el día anterior, y continuó—: Y, por supuesto, estaré encantada de volver a ver a la maravillosa Lady Archibald. De hecho, Lily debe acompañarnos.
Wolf veía cómo su plan para sonsacar información a Arlene se le escapaba de las manos:
—Aunque estoy seguro de que Lady Archibald estaría encantada de recibirlas a usted y a Lady Lily para tomar el té en algún momento, creo que a nuestra visita de mañana deberíamos ir solo usted y yo.
Necesito obtener información, no hablar de las modas de esta temporada.
—La viuda resopló, pero no discutió. Wolf miró de reojo a Tabitha.
¿Sería absurdo pensar que ella podría acceder a acompañarlos?
Tabitha captó la mirada que le lanzó Wolf y supo lo que estaba pensando.
Lo cierto era que aquella tarde se había sentido más feliz de lo que se había sentido en días.
Disfrutaba volviendo a formar parte del equipo de investigación y, desde que habían salido de la taberna, se preguntaba si debería retractarse de su negativa a ayudar en el caso.
A Tabitha no le gustaba la persona en la que se había convertido desde que planearon el viaje a Brighton.
Había sido mezquina e infantil. ¿Qué clase de modelo de conducta estaba siendo para Melody y para Rat?
Puede que Melly no se diera cuenta de que Tabitha no estaba investigando con Wolf, pero Rat no tardaría en hacerlo, si no lo había hecho ya.
Sin embargo, Tabitha también era realista respecto a la dinámica que había surgido entre Lady Archibald y ella.
Rápidamente se había vuelto antagónica, incluso sin la presencia de Wolf.
Sabía que, con él en la habitación, la mujer se volvería aún más territorial, y eso sería contraproducente para lo que tenían que conseguir.
Justo cuando tomó una decisión, el carruaje llegó de vuelta al hotel.
Wolf ayudó a bajar primero a la viuda y luego le tendió la mano a Tabitha.
Al descender al camino de grava, Tabitha le retuvo la mano un momento y dijo en voz baja, para que la viuda, que por suerte se había adelantado con ímpetu, no pudiera oírla:
—Lo siento, Wolf. Me he portado de forma espantosa y, si puede perdonarme, me gustaría ayudar con la investigación.
El corazón de Wolf dio un vuelco ante las palabras de Tabitha. Le besó la mano y la miró profundamente a los ojos:
—Nada me haría más feliz.
Tabitha sonrió, pero añadió:
—Sin embargo, no creo que deba visitar a Lady Archibald mañana.
—Al ver que la sonrisa de Wolf se desvanecía rápidamente, se apresuró a decir—: No porque no quiera ayudar, sino porque creo que mi presencia será poco conveniente para nuestro objetivo.
Ella cree que soy una rival por su afecto, y no dudo que pasará más tiempo intentando demostrar su preeminencia en su estima que respondiendo con sinceridad a sus preguntas.
Y estará distraído por la preocupación por mis sentimientos.
—Wolf, dándose cuenta de que tenía razón, reconoció la verdad de sus palabras.
La cena de aquella noche fue mucho más animada que la anterior.
Lily, encantada por el indulto de las visitas de cortesía que le había llegado inesperadamente, se había pasado la tarde acurrucada con un libro y estaba muy animada.
La viuda esperaba con impaciencia su salida con Wolf al día siguiente, y la tensión entre Wolf y Tabitha, que había mantenido a todos en vilo durante varios días, finalmente se había disipado.
Durante el postre, una deliciosa mousse de limón, la viuda dijo:
—Ahora que Tabitha ha dejado de estar de mal humor y que todos estamos investigando oficialmente el asesinato, sugiero que saquemos el tablón de corcho del equipaje y lo montemos. En mi habitación.
Tabitha, Wolf y Langley se miraron. La viuda estaba marcando su territorio.
Se estaba asegurando de que no se repitieran los hechos de Edimburgo, cuando Tabitha y Wolf conspiraron para mantenerla fuera del centro de mando de su investigación y lejos del tablón de corcho cubierto de pistas.
Por aquél entonces, su motivación había sido sobre todo mantenerla en la ignorancia respecto a la verdadera naturaleza de la relación de su nieta con la víctima.
Pero estaba claro que la viuda había aprendido la lección, y nunca más les daría la oportunidad de marginarla.
Al darse cuenta de que su implicación en la investigación era inevitable a esas alturas —Wolf había sido quien la había invitado a unirse a él para hablar con Arlene—, todos aceptaron su plan, aunque con reticencias.
La viuda, envalentonada por su victoria, sugirió que no había mejor momento que el presente.
Estaba segura de que no sería difícil que uno de los sirvientes sacara el tablón de corcho de donde estaba guardado, y podrían dedicar el tiempo después de cenar a analizar lo que habían averiguado hasta el momento.
Una vez más, no hubo voluntad colectiva de discutir, así que, antes de una hora, estaban reunidos en su sala de estar.
Lily se había excusado, ansiosa por volver a su libro.
Tabitha había conseguido recoger un montón de fichas blancas gracias al conserje. Wolf y Langley habían pasado el tiempo, mientras esperaban a que subieran el tablón de corcho, poniendo a Tabitha al corriente de sus hallazgos hasta el momento. Mientras hablaban, ella iba creando fichas.
Golpeándose los labios con una pluma, como solía hacer cuando estaba sumida en sus pensamientos, Tabitha analizó las preguntas abiertas.
—Creo que la mayor incógnita hasta ahora es cuándo ocurrió el asesinato. Hemos dado por sentado que tuvo lugar la noche de la última función, pero no lo sabemos.
Wolf estuvo de acuerdo con su lógica, pero reflexionó:
—Pero ¿por qué habría estado Danielle en el teatro después?
Toda la compañía tenía los siguientes días libres, por eso el cadáver no fue descubierto inmediatamente.
Creo que una pregunta que necesitamos en el tablón es: «¿Quién tiene las llaves del teatro?
». Porque, o bien fue asesinada esa noche, o bien ella o alguien más abrió el teatro otro día.
—Sé que ha dicho que ha sacado muy poco de sus entrevistas con la compañía teatral, pero ¿no descubrió nada útil? —insistió Tabitha.
—No sé cuántas veces tengo que mencionar a la suplente, Julianne, o Jennifer, pero es evidente que tiene un móvil —intervino la viuda con estridencia.
Contento de ver que la sala de estar de la viuda tenía un par de decantadores, Wolf se levantó y fue a investigar qué había. Por lo que pudo observar, coñac y jerez. Preguntó qué querían los demás y, tras servirse a sí mismo, a Langley y a Tabitha un coñac, y a la viuda un jerez, volvió a sentarse.
—¿Por qué no añadimos a la suplente en el tablón? —dijo en tono conciliador. Satisfecha de momento, la viuda dio un sorbo a su jerez.
—¿Qué otras preguntas necesitamos responder? —preguntó Tabitha.
Bear, que no había cenado con ellos en el comedor, pero que había sido reclutado para la sesión del centro de operaciones tras la cena, dijo:
—Bueno, queda por aclarar por qué el señor Bailey no mencionó la discusión que tuvo esa noche.
—Wolf y yo lo hemos hablado, y puede que no sea más que el hecho de que no le pareciera relevante para el asesinato — explicó Tabitha—.
Nos dijo que fue a tomar una copa rápida de celebración con el resto de la compañía teatral y que se marchó después de unos veinte minutos, y Paddy y Jeanie lo confirmaron.
Pero tiene razón; hemos aprendido a no descartar nunca ninguna información demasiado pronto.
Así que, por ahora, lo pondré en una ficha.
—Tabitha hizo una pausa y dijo—: Hábleme de nuevo del joven admirador de Danielle del que habló Kit.
Wolf recordó su conversación:
—Bueno, Kit dijo que Danielle tenía muchos admiradores masculinos, lo cual, por supuesto, no es raro en el teatro.
Pero había uno que era especialmente insistente.
Creo que lo describió como un «niñato mocoso, cretino y arrogante».
Dijo que era un ricachón, pero eso podría significar cualquier cosa.
Quizá no fuera más que un asistente jurídico con facilidad de palabra.
La viuda se frotó las manos de alegría ante esta información:
—¿Por qué no lo han mencionado antes? ¡Un crimen pasional! Eso es incluso mejor que la suplente como asesina. Debemos empezar la búsqueda de este malhechor lo antes posible. ¿Cómo lo localizamos?
—Esa es una buena pregunta —concedió Wolf—. Quizá Arlene sepa algo más sobre él.
La viuda estaba como una niña antes del día de Navidad y parecía apenas capaz de contener su emoción:
—Ya puedo imaginármelo: el libertino intenta propasarse y ella se resiste. Enfurecido ante su resistencia, la estrangula hasta matarla. Luego, angustiado por lo que ha hecho, entra en pánico y mete el cuerpo en el primer baúl que encuentra.
Tabitha intentó no reírse ante aquellas teorías melodramáticas; estuviera o no capacitada para investigar crímenes, parecía haber pocas dudas de que la viuda había desperdiciado su vocación como escritora de novelas baratas.
Sin embargo, dejando a un lado la interpretación melodramática, la hipótesis era válida, por lo que Tabitha escribió en una ficha: «¿Quién era el ardiente admirador de Danielle?
». Wolf recogió todas las que había escrito hasta el momento y empezó a pincharlas en el tablón de corcho.
Habían decidido que, cuando no estuvieran reunidos para revisarlo, la viuda escondería el tablón en su armario, donde a ninguna criada se le ocurriría mirar.
De pie frente al tablón y repasando lo que sabían hasta el momento, Wolf dijo:
—Hay una pregunta más para la que no tenemos respuesta: ¿dónde estaba Robert Charles esa noche? Sabemos que no estuvo en la celebración, pero si pudiéramos descubrir una coartada creíble, quizá podríamos convencer al inspector para que lo liberara, al menos de momento.
Volviéndose hacia el grupo, dijo:
—Les voy a contar lo que creo que debemos hacer todos mañana: Langley, vaya a la residencia de Danielle mañana por la mañana con Tabitha. Con suerte, podrá hacer valer sus credenciales de conde y llevar a cabo algún tipo de registro de su casa.
—Con mucho gusto. ¿Alquilaba habitaciones o tenía un hogar propio? Si es lo segundo, ¿estarán allí los criados para dejarnos entrar?
—Langley —dijo Wolf con un aire ligeramente burlón—, dado su cargo en la Inteligencia Británica, voy a suponer que sabe forzar una cerradura, como mínimo. —Langley reconoció con cautela que poseía esas habilidades y que él y Tabitha sabrían adaptarse a cualquier situación con la que se encontraran.
—Estupendo. Mientras tanto, llevaré a Lady Pembroke conmigo a visitar a la encargada de vestuario, la señora Malloy —dijo Wolf, sorprendiendo a la viuda, quien, una vez más, no tuvo que forzar su inclusión.
Al ver su evidente sorpresa, Wolf explicó—: Parece que la señora Malloy todavía está muy afectada por haber encontrado el cuerpo.
Esta puede ser una situación que requiera un tacto más delicado que el mío.
—En silencio, Tabitha se preguntó si el trato de la viuda podría describirse en algún momento como delicado, pero se guardó esa duda para sí misma.
—Después, por la tarde —continuó Wolf—, haremos nuestra visita de cortesía a Lady Archibald. Lady Pembroke, ¿sería tan amable de enviar mañana su tarjeta de visita para avisarla de nuestra llegada? —Una vez hechos los planes, se retiraron a descansar.