Capítulo 12 #2
Wolf reflexionó un momento. Aunque podrían ocuparse de las diecisiete personas con más facilidad si se las repartían, no se fiaba de la viuda, especialmente en el estado de ánimo en el que se encontraba ahora, para captar las pistas sutiles que Langley o él detectarían.
Sin embargo, era difícil imaginar que tolerara que sus entrevistas fueran supervisadas por Wolf o Langley, por lo que quizá lo mejor era que interrogaran a todos juntos.
Menos mal que le había dicho al cochero que volviera en dos horas.
Tendrían suerte si terminaban para entonces.
Haciendo cálculos mentales, se dio cuenta de que tenían una media de siete minutos por entrevista.
Era imposible. Y luego tenían el problema de lo pequeña que era la oficina de Kit.
Finalmente, Wolf se armó de valor y dijo:
—Lady Pembroke, ¿por qué no ocupa el despacho del señor Bailey con Lord Langley e interroga a todas las mujeres, mientras yo busco otro lugar para hablar con los hombres?
—Esperaba que la viuda protestara por el reparto del trabajo, pero quizá todavía estaba demasiado aturdida por la irreverencia de Kit hacia ella, pues se limitó a asentir, aceptando el plan.
Kit llamó a una mujer de mediana edad y aspecto sencillo y le dijo que acompañara a la viuda y a Langley a su despacho y que luego se quedara para ser interrogada.
La mujer no pareció muy contenta con la orden, pero se guardó sus pensamientos y guio a los demás a través de la puerta por la que habían pasado ayer.
—En realidad, antes de empezar mis interrogatorios, me gustaría ver el camerino de Danielle y el lugar donde se encontró el cuerpo —le dijo Wolf a Kit—. ¿Ha entrado alguien en su habitación desde la noche del asesinato?
—No hemos tenido valor. Esta tarde viene una nueva actriz para la audición del papel de suplente, y Jackie asumirá el papel principal que habría interpretado Danielle. De cualquier manera, tendremos que vaciar la habitación pronto, pero hasta entonces está intacta. Le llevaré.
En lugar de ir en la dirección que habían tomado Langley y la viuda, Kit condujo a Wolf por el otro lado del escenario, a través de un corto pasillo, hasta una puerta pintada de blanco con una placa de latón que decía «1. Señorita Danielle Mapp». Kit se detuvo, con la mano en el pomo:
—No he estado aquí desde que encontraron su cuerpo —dijo con tristeza, sacudiendo la cabeza. Esperó un momento más, se armó de valor y giró el pomo.
El camerino era más pequeño de lo que Wolf habría imaginado.
Casi la mitad del espacio lo ocupaba un sofá verde de gran tamaño que parecía haber visto tiempos mejores.
Había un tocador con un espejo grande, cubierto de un desorden de maquillaje, plumas, peines y otra parafernalia que Wolf esperaría que usara una actriz.
En un marco de caoba grande había una foto que Wolf supuso que era de Danielle.
Parecía una foto tomada para anunciar una obra; estaba muy maquillada y había adoptado una pose pícara. Al acercarse y cogerla, comentó:
—Era hermosa.
—En efecto —asintió Kit—. Talentosa, hermosa y simplemente una chica estupenda.
Había un biombo al fondo de la habitación con una bata de seda arrojada de forma descuidada por encima y unos cuantos ganchos en la pared. Uno tenía una pamela grande y otro una boa de plumas. Todo en la habitación daba la sensación de que su ocupante se había ido en mitad de los preparativos.
Aunque Wolf no había conocido a Danielle, sintió una oleada de tristeza ante una vida truncada. Aquella hermosa voz que el público no volvería a oír jamás. También le despertó aflicción; Arlene había perdido a una de las pocas amigas que había tenido que comprendían de verdad lo que ella vivía.
—Me gustaría volver antes de que nos vayamos para hacer un registro más minucioso —dijo Wolf—. Pero no quiero entretenerle. Imagino que su compañía teatral preferiría que no los interrogara aquí. ¿Hay otro camerino que pueda usar?
Kit asintió y condujo a Wolf por el pasillo hasta el siguiente camerino, que tenía su propia placa de latón en la que se leía «2. Merryweather Frost».
Wolf señaló la placa y preguntó:
—¿Su actor principal?
—Sí. El bueno de Merry. Lo cierto es que ya está un poco mayor para interpretar al protagonista galán.
Pero todavía conserva todo su pelo, es un tenor fuerte y, aunque no se lo crea, las damas le adoran.
Además —confió Kit—, estaba encantado de actuar junto a Danielle.
Y no todos los actores lo estarían. Si sabe a lo que me refiero.
—Wolf sabía exactamente a qué se refería.
El camerino de Merryweather Frost estaba impecable.
A diferencia del de Danielle, la superficie del tocador estaba vacía.
No había ropa esparcida por la habitación, y todo el lugar tenía ese aire y aroma a limpieza que faltaba en la habitación de al lado.
Como si leyera el pensamiento de Wolf, Kit dijo:
—Limpio como una patena, ¿verdad? Así es Merry, nunca tiene un pelo fuera de lugar ni una mancha en la ropa. Su dicho favorito es: «Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar».
Wolf pensó en todos los cotilleos que corrían por Londres sobre los actores y actrices más famosos y preguntó:
—¿Era Danielle la actriz principal del señor Frost fuera del escenario también?
Kit soltó otra fuerte carcajada y respondió:
—He dicho que las damas le adoran; eso no significa que él les corresponda, si sabe a lo que me refiero. —Se golpeó el lateral de la nariz con el dedo índice y guiñó un ojo.
—Antes de que se me olvide, me iba a mostrar dónde se encontró el cuerpo —recordó Wolf.
—Ah —dijo Kit, mientras se desvanecía toda su alegría—. Está al final de este pasillo, de hecho.
Condujo a Wolf de vuelta fuera del camerino y a través del pasillo, dejando atrás otros tres o cuatro camerinos que, según informó Kit, compartía el resto del reparto.
Al final del pasillo había una cortina de terciopelo granate bastante deslucida que ocultaba parcialmente lo que resultó ser un gran nicho cuando Kit la descorrió.
—Usamos esto como almacén temporal. Para los objetos más grandes o para cosas que no hemos usado en años, tenemos espacio de almacenamiento adicional en el sótano.
Puede ver un par de baúles empujados al fondo.
Contienen vestuario. Había un tercer baúl, igual que esos, aquí delante.
La encontraron metida en ese. Tuvimos que deshacernos de él; la gente del teatro es muy supersticiosa.
—¿Y fue la encargada de vestuario quien la encontró? —confirmó Wolf.
—Sí, la señora Malloy. Pero no podrá interrogarla hoy. Como le dije, sus nervios no han vuelto a ser los mismos desde entonces. Se está quedando con su hija en Hove para recuperarse. Su asistente la está ayudando, pero si no vuelve pronto tendré que sustituirla.
Wolf pidió las direcciones de la señora Malloy y de Danielle y obtuvo la promesa de que se las darían. Kit prometió facilitárselas antes de que abandonaran el teatro.
No había nada más que ver, así que Kit condujo a Wolf de vuelta al camerino número dos y lo dejó sentado en la silla frente al tocador mientras iba a buscar a la primera persona a la que interrogar.