Una Mujer Audaz (Misterios Históricos de Tabitha y Wolf 5) Capítulo 34
97%

Capítulo 34

T abitha consideró la escena que formaban: dos gánsteres del East End, tres aristócratas y un par de matones en un rincón de la estancia.

Todo parecía extrañamente cordial de momento, pero ¿lo era?

Wolf había admitido que sabían lo del negocio de falsificación de Tuchinsky.

Y, aunque ella afirmaba no haber ordenado el asesinato de Margery Sharpe, no cabía duda de que uno de sus hombres estaba involucrado, aunque fuera a posteriori.

¿De verdad permitiría que todos se marcharan después del almuerzo como si aquello no hubiera sido más que una encantadora reunión social?

Wolf tenía preocupaciones similares. Aunque parecía que la relación entre Mickey D.

y Tuchinsky era bastante cordial, quizá incluso de respeto profesional, ¿era suficiente la palabra de Mickey D.

para que creyera que podía confiar en ellos?

Además, Wolf no estaba seguro de cómo se sentía ante la perspectiva de dejar a Lou y a Rascal a merced de la justicia callejera que Tuchinsky pudiera o no impartir.

No sabía si eso sería dejar que se libraran fácilmente o abandonarlos a un castigo cruel e inusual.

Estaba pensando en la mejor manera de articular esas preocupaciones cuando se produjo un alboroto repentino y muy fuerte que parecía venir de la planta baja.

Tuchinsky y Mickey D. se pusieron inmediatamente en alerta ante el ruido; ambos se levantaron de un salto, con las armas listas. Un hombre alto y de aspecto imponente entró corriendo en la cocina gritando:

—Se han llevado a bubbe.

—¿A qué te refieres, Shlomo? —preguntó Tuchinsky con voz aterrorizada—. ¿Quién tiene a bubbe?

—Esa escoria goyim, Bono y su hermana. Bubbe les había llevado el almuerzo hace un rato y ha bajado para recoger los cuencos.

Bono debía de estar acechando. En cuanto Benny ha abierto la puerta, la khlop de su hermana le ha golpeado en la cabeza con algo y, antes de que nos diéramos cuenta, le había quitado la pistola y Bono había agarrado a bubbe.

Tuchinsky no esperó a oír más y salió corriendo de la cocina; todos los demás, incluyendo a la viuda, la siguieron. Wolf consideró decirles a Tabitha y a la viuda que se quedaran atrás pero, en el mismo instante en que iba a pronunciarlo, se dio cuenta de lo poco que serviría.

Bajaron las escaleras corriendo y se encontraron a Rascal apuntando con una pistola a la cabeza de bubbe.

—Quiero que todos dejen sus armas en el suelo, despacio —exigió Rascal. Ante la vacilación de los dos hombres que los custodiaban, apretó un poco más a bubbe y ella soltó un jadeo.

Tuchinsky se abrió paso entre sus hombres:

—Si le haces daño, te prometo que no solo te mataré, sino que primero te cortaré tu sucio schlang.

—Estoy harto de tus amenazas, Miriam —dijo Rascal burlonamente—.

Apuesto a que tus primos también están bastante hartos de recibir órdenes de una mujer.

Puedes amenazarme todo lo que quieras, pero sé que no te arriesgarás a que haga daño a tu querida bubbe.

Ahora diles a tus hombres que suelten las armas y se las pasen a Lou de una patada.

—Haced lo que dice —gruñó Tuchinsky.

Sus hombres soltaron las armas y las patearon en dirección a Lou. Ella recogió una pistola en cada mano. Luego, mirando a Tuchinsky y a los demás, reunidos al pie de la escalera, Rascal dijo:

—Tú también, Miriam. Y tus compinches. Quiero que todos dejen sus armas.

Tuchinsky, Wolf y Mickey D. eran los únicos que tenían las pistolas desenfundadas, por lo que Tabitha supuso que Rascal no había imaginado que ella también iba armada. Decidió arriesgarse con esa suposición, por lo que no hizo ningún movimiento mientras el resto entregaba sus armas.

—¿Y ahora qué? —gruñó Tuchinsky—. Ya no estamos armados. Suéltala.

Rascal soltó una carcajada desagradable:

—¿Por quién me tomas? Ella es nuestra única garantía de salir de aquí vivos. Así que nos llevamos a bubbe con nosotros. Cuando estemos seguros de estar a salvo, pensaré en dejarla ir.

—Es una anciana. No ha hecho nada para merecer esto. Es conmigo con quien tienes el problema. Yo iré con vosotros —dijo Tuchinsky suplicante.

—Ahora no mandas. No puedes exigir nada.

Desesperada, Tuchinsky intentó otra táctica:

—Sabes, Rascal, puedo pasar por alto que intentaras proteger a tu hermana. ¿Pero de verdad quieres ir a la cárcel por un crimen que cometió ella? No sé por qué mató a Marge. Pero no es demasiado tarde para que la abandones a su suerte.

—¿Que no sabes por qué? —escupió Lou—. ¿Quién crees que dirige ese burdel?

¿Crees que Marge era la que mantenía a raya a las fulanas?

¿La que trataba con todos esos criados que contrataste?

¿La que recaudaba el dinero y timaba a los clientes?

Sí, puede que fuera tu socia, pero ella no era la que hacía el trabajo por ti.

Era yo. ¿Y qué he obtenido a cambio? De ella solo he recibido promesas.

Y, cuando por fin le dije que había tenido suficiente, ¿qué me dijo?

Que, si no fuera por ella, todavía estaría ganándome los cuartos tumbada boca arriba.

Eso es lo único que he conseguido tras todos estos años siendo honrada a carta cabal.

Así que sí, cuando la vi en el Embankment aquella noche, la agarré y la tiré al río. Y no me arrepiento.

Wolf comprendió que la prioridad debía ser la seguridad de bubbe:

—Mi carruaje está fuera. Los acompañaré y le diré a mi cochero que se irán en él.

Pero dejen ir a la anciana. —Lou y Rascal se miraron.

Era evidente que habían actuado sin tener ningún plan.

Wolf sabía que no había nada más peligroso que un hombre acorralado y desesperado.

Levantó las manos en el aire y empezó a caminar despacio hacia la pareja armada—.

Me acerco a para que puedan tomarme a mí y dejar ir a bubbe.

Saldremos y podrán llevarse el carruaje.

Wolf avanzó con mucha lentitud, deseando no hacer ningún movimiento brusco que asustara a Lou y a Rascal.

Justo cuando estaba casi lo bastante cerca para que Rascal hiciera el intercambio, se oyó un ruido repentino al otro lado de la estancia.

La atención de Rascal se desvió momentáneamente y Wolf aprovechó la distracción para tirarle el arma de un golpe y agarrar a bubbe.

Al hacerlo, resonó un disparo, hubo un grito y, casi al mismo tiempo, una figura corpulenta saltó de entre las sombras y atrapó a Lou.

Mientras el estruendo ensordecedor del disparo se desvanecía, el denso humo de la pólvora se sumó al caos resultante.

Su olor acre permaneció en el aire mientras Tuchinsky y Mickey D.

corrían a recuperar sus armas. A medida que el humo empezó a disiparse, Tabitha se dio cuenta de que había alguien en el suelo, presuntamente alcanzado por la bala.

Al acercarse corriendo, se le cortó la respiración al ver que era Wolf, que cubría y protegía parcialmente a bubbe, mientras la sangre manaba de su hombro.

Preocupada por la anciana inmovilizada bajo un hombre mucho más grande, el primer instinto de Tabitha fue intentar ayudar a bubbe a levantarse sin sacudir el hombro herido de Wolf. Mientras se arrodillaba junto a los dos, sin saber cómo lo lograría, de repente se encontró a Bear a su lado.

—¿Fue usted el que saltó de entre las sombras? —preguntó asombrada.

—Angie dijo que debía entrar por la parte de atrás si podía, por si acaso habían caído en una emboscada.

Parece que fue una buena idea. —Al decir aquello, Bear levantó a Wolf con delicadeza, como si fuera un niño pequeño, liberando así a bubbe, que parecía ilesa, solo un poco sin aliento.

Mientras atendían a Wolf, los hombres de Tuchinsky estaban ocupados con Lou y Rascal.

Cualquiera que fuera su castigo por la transgresión del asesinato de Margery Sharpe, Tabitha apenas dudaba de que amenazar la vida de su querida bubbe era un crimen que Tuchinsky no perdonaría.

Wolf parecía estar inconsciente. Al menos Tabitha esperaba que solo fuera eso.

—Dígame que está vivo, Bear —suplicó ella, con lágrimas en los ojos.

—Debe de haberse golpeado la cabeza al caer.

Por lo que veo, la bala le ha dado en el hombro.

Está perdiendo mucha sangre. Está vivo, pero necesitamos que lo atiendan de inmediato.

—Girándose hacia Tuchinsky, Bear dijo—: No creo que podamos arriesgarnos a un viaje en carruaje.

¿Dónde puedo dejarlo? ¿Hay algún médico de confianza cerca?

Tuchinsky se volvió hacia uno de sus hombres:

—Ve a buscar al doctor Cohen. Dile lo que ha pasado.

—Volviéndose hacia Tabitha y Bear, dijo—: Es el mejor médico del East End.

Shlomo, acompáñalos a mi habitación. Luego pon algo de agua a hervir y asegúrate de que el doctor Cohen tenga todas las sábanas limpias que necesite.

Este hombre ha salvado la vida de bubbe. Ahora es mishpocheh, es de la familia.