Capítulo 15 #3
—¿Un conde? No me digas. —Mirando su ropa de cazador de ladrones, comentó—: ¿Eres conde y todavía no puedes permitirte un abrigo nuevo?
Wolf sonrió y admitió:
—Desde luego que puedo. Pero preferiría que mi herencia no fuera de conocimiento público en Whitechapel, por lo que uso mi ropa vieja en las pocas ocasiones en que he tenido motivos para venir de visita.
—Wolf asumió que no tendría que explicar por qué prefería no pregonar su nueva fortuna ante sus antiguos compinches.
—Así que eres el conde de Pembroke, ¿eh?
—preguntó la mujer—. ¿Estás aquí tal vez siguiendo los pasos de mi visitante del otro día?
Imagino que un burdel de Whitechapel que recibe la visita de dos aristócratas en una semana sería motivo suficiente para el cotilleo.
Por no hablar de dos que están emparentados.
Wolf reconoció la verdad en la perspicaz observación de la mujer.
—La condesa viuda es la madre de mi difunto primo, el anterior conde —explicó Wolf—.
Se marchó de su casa hace dos noches sin explicación alguna y no se la ha vuelto a ver ni a saber nada de ella desde entonces.
Por lo que he podido descubrir, una de las últimas cosas que hizo antes de desaparecer fue visitarte a ti.
Wolf había sopesado cuánto revelar de sus cartas; ¿debería admitir que sabía que la viuda había sido vista por última vez tomando un coche de alquiler hacia Whitechapel?
Sin embargo, una larga y exitosa carrera como cazador de ladrones le había enseñado a guardarse las cartas, y tenía curiosidad por ver cuán franca sería madre Sharpe cuando pensara que él no sabía nada.
Esta también estaba acostumbrada a ser cuidadosa con lo que revelaba.
No tenía motivos para no confiar en Wolf; todo lo contrario.
Sin embargo, el Wolf al que había conocido y en el que confiaba, aunque siempre más educado y con mejor oratoria que el residente medio de Whitechapel, no obstante formaba parte de la comunidad.
Pero parecía que este Wolf era un conde, y la experiencia de madre Sharpe con sus supuestos superiores raras veces había sido positiva.
Considerando en silencio sus opciones, reflexionó sobre el caso que le había pedido a la condesa viuda que asumiera.
Incluso en aquel momento, le había sorprendido que Mickey D.
sugiriera a aquella ricachona menuda y de aspecto tan frágil.
Sin embargo, le había impresionado la determinación de la mujer y había intuido un alma gemela, por lo que había confiado la investigación de la desaparición de su hermana a la improbable investigadora.
Pero ¿había sido acertada esa decisión? ¿Le había dado demasiada credibilidad a la recomendación de Mickey D.
? Por mucho que deseara encontrar a su hermana, Vicky Sharpe no tenía deseos de poner en peligro a otra mujer innecesariamente.
Finalmente, dijo:
—Sí. Vino a verme. En aquel momento, creí que Mickey D. la había enviado. Pero, reflexionando, aunque él me había enviado un mensaje avisándome de que era idónea para encargarse de una investigación que yo le había mencionado, no estoy del todo segura de que no viniera con otro propósito.
Dado que Wolf conocía ese propósito, no profundizó más en ese comentario. En su lugar, preguntó:
—¿Y en qué investigación necesitabas ayuda?
Vicky Sharpe le contó lo que sabía sobre la desaparición de su hermana gemela.
Sin interrumpir a la mujer mientras hablaba, Wolf no pudo evitar preguntar con incredulidad: —¿Y Mickey D.
sugirió que la condesa viuda investigara la desaparición de tu hermana?
—Parte de su incredulidad se debía a que Mickey le había ocultado esa información vital cuando Wolf le preguntó qué sabía sobre el paradero de la viuda.
Mickey D. y él tendrían una conversación cuando la viuda regresara sana y salva.
La madama respondió con frialdad:
—Sí, lo hizo. Y después de pasar unos minutos en su compañía, cualquier escepticismo inicial que tuviera se disipó. Es una mujer formidable.
Wolf no podía negar la veracidad de esa afirmación. No obstante, seguía sin poder disimular el asombro en su voz cuando dijo:
—¿Y entonces, a petición tuya, la condesa viuda se ha ido a vivir a un burdel en Villiers Street para intentar investigar la desaparición de tu hermana? ¿Qué historia contasteis para explicar su presencia?
Vicky Sharpe se rió:
—Pues que es nuestra prima Julia Phillips, una institutriz solterona que tiene la intención de vigilar el local durante la ausencia de mi hermana.
Wolf sacudió la cabeza.
—¿Y la gente se creyó que la condesa viuda de Pembroke era una humilde institutriz y prima de dos madamas?
Si Vicky Sharpe se sintió ofendida por las alusiones de Wolf, prefirió no detenerse en su insulto implícito. En su lugar, dijo:
—Dijimos lo suficiente para explicar por qué la condesa viuda habla como una ricachona. Dado que se parece bastante a mi gemela y a mí, la conexión familiar resultaba creíble.
Wolf todavía no podía creer lo que le habían contado, pero parecía que, en cuanto dio la ubicación precisa del burdel, Vicky Sharpe no tuvo nada más que añadir.