Una Mujer Audaz (Misterios Históricos de Tabitha y Wolf 5) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

—Es posible que no. Su familia no tiene títulos.

Son de la pequeña nobleza irlandesa. Pero Lady Farthing, nacida simplemente como Emily Harding, es una gran belleza.

Conoció a Lord Farthing, el hijo menor del duque de Albany, en una fiesta de Navidad y, al parecer, se enamoraron a primera vista.

Fue un romance de lo más vertiginoso y se comprometieron antes de Pascua, aunque no se casaron hasta pasado más de un año.

—Lady Hartley volvió a bajar la voz y dijo en tono confidencial—: No soy de las que cotillean.

Pero sí he oído rumores de que tuvieron que posponer la boda porque Lord Farthing goza de mala salud.

Al decir aquello, Lady Hartley dejó de hablar y miró con complicidad a Tabitha, como si esperara que interpretase algo en esa última frase. Cuando no añadió nada más y siguió poniendo una cara que parecía implicar algún significado más profundo, Tabitha finalmente dijo:

—Siento que hay algo más en esta historia que no me está diciendo, pero no tengo ni idea de qué es.

Lady Hartley repitió, esta vez con mayor énfasis:

—Lord Farthing goza de mala salud. —Al ver que Tabitha seguía desconcertada, Lady Hartley dijo—: He oído rumores de que esa supuesta mala salud no es la dolencia de un hombre respetable.

Si aquello se suponía que debía aclarar el asunto, Lady Hartley iba a quedar decepcionada. Finalmente, cuando quedó claro que Tabitha no iba a captar sus eufemismos, Lady Hartley susurró:

—La enfermedad repugnante. El hombre tiene la enfermedad repugnante.

—El rostro de Lady Hartley cobró una expresión de absoluto horror por haberse visto obligada a pronunciar tal palabra en su propia sala de estar.

Dios mío, la joven Lady Pembroke era incluso menos perspicaz de lo que había sido la anciana con el tema.

Tabitha había sido una completa ingenua antes de su matrimonio.

Había correspondido a una de sus hermanas, Petra, contarle qué debía esperar en su noche de bodas.

E incluso entonces, nada podría haberla preparado para las relaciones conyugales con Jonathan.

Sin embargo, con lo que Tabitha no había contado era con que, una vez casada, se la incluiría en las conversaciones susurradas y excitantes con las que las damas nobles se entretenían en los actos sociales y de las que su madre la había apartado cuando era una joven soltera.

Una vez casada, si bien no se la aceptaba plenamente en aquellas conversaciones, al menos se la toleraba en los márgenes.

Había oído algún comentario susurrado sobre la enfermedad repugnante y más tarde le había preguntado a su doncella, Ginny, qué significaba aquello.

Aunque no era mucho mayor que Tabitha, Ginny se había criado en Whitechapel y había estado expuesta a realidades muchas más duras.

Aunque se había sentido algo avergonzada al discutir tales cosas con Tabitha, Ginny, una mujer que hablaba claro y que se daba cuenta de que su joven e ingenua señora necesitaba comprender algunas de las realidades más crudas de la vida, le había explicado que lo más probable era que las damas estuvieran hablando de la sífilis.

A continuación le explicó, con la mayor delicadeza posible, qué era dicha infección y cómo se transmitía.

Tabitha se había sonrojado profundamente ante lo último, pero agradeció a Ginny su disposición a explicárselo.

Incluso con la explicación sobre la dolencia de Lord Farthing, Tabitha seguía sin imaginar qué podía haber en aquella historia que la viuda hubiera aprovechado como posible investigación. Le planteó la pregunta a Lady Hartley, y la nerviosa mujer dijo:

—Le mencioné a Lady Pembroke que Lady Farthing está intentando obtener una separación judicial de su marido alegando crueldad extrema.

O al menos eso es lo que he oído. Todo se mantiene en absoluto secreto, como podrá imaginar.

La familia Farthing tiene vínculos con la familia real, por lo que la situación se considera muy delicada al más alto nivel.

Tabitha no pudo evitar preguntar:

—¿Entonces cómo ha llegado a oír hablar de esto?

Lady Hartley sonrió ampliamente; si había algo de lo que estaba verdaderamente orgullosa, era de su capacidad para enterarse de las indiscreciones del beau monde.

—Digamos que hay gente que habla demasiado alto en público.

—Se tocó la nariz con el dedo índice mientras decía aquello.

Dado que había sorprendido a Lady Hartley intentando escuchar una conversación que mantenía con Ginny en el tocador en un baile unos meses antes, Tabitha era muy consciente de lo depredadora que podía ser la mujer cuando buscaba cotilleos.

Sin embargo, aquello seguía dejando sin respuesta su pregunta anterior, así que volvió a preguntar:

—¿Pero qué interés podría tener para la condesa viuda?

Lady Hartley sacudió la cabeza y dijo:

—No estoy del todo segura, la verdad. Todo lo que dije fue que había oído que Lady Farthing estaba intentando reunir pruebas para demostrar que su marido había contraído la enfermedad a sabiendas para que se le concediera la separación por crueldad.

Supongo que Lady Pembroke sintió que podía ofrecer sus servicios para ayudar a reunir tal información.

Salió de aquí a toda prisa al oír la noticia, con tal expresión de determinación que enseguida me preocupó la acción que podría haber precipitado.

Tabitha estaba totalmente perpleja por lo que acababa de oír.

¿Realmente se estaba rebajando la condesa viuda de Pembroke a involucrarse en un asunto doméstico tan vulgar?

¿Cómo demonios creía que sería capaz de reunir la información necesaria?

Lady Hartley afirmó no saber nada más, y la visita terminó pronto.

A Tabitha le preocupaba que el comportamiento de la viuda y su propia visita se convirtieran en pasto para la cotilla compulsiva, pero era difícil imaginar cómo la sociedad podría escandalizarse más con Tabitha, y estaba segura de que la tan temida viuda era más que capaz de valerse por sí misma.