Una madre para mis gemelos Capítulo 87. Prefiesta.
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Capítulo 87. Prefiesta.

Emma se había reunido con sus amigas en su casa para planificar su boda con Liam. Ya había acordado con él los detalles más importantes, como la fecha, el lugar y la cantidad de invitados, ahora debía ocuparse de los detalles, como su vestido de novia y el menú de la cena y los aperitivos.

De eso último iba a encargarse Felton, ya habían conversado con él para contratarlo.

—Está muy emocionado con la boda —reveló Carla—. Nunca había atendido una y lo considera un reto interesante. Está preparando varios menús que pronto va a presentarles.

—¡Haremos la prueba del menú en el departamento! —comunicó Lidia con emoción—. Será como una prefiesta de la boda.

Emma sonrió divertida.

—Para ti cualquier cosa es una prefiesta.

—Hay que celebrar mucho ese acontecimiento. A todos nos costó alcanzarlo —dijo a modo de broma, aunque para Emma aquello fue real.

Todos ellos, de una u otra forma, sufrieron por los inconvenientes que se habían presentado por culpa de Marco. Sobre todo, Lidia, que pasó semanas en cama recuperándose por el ataque de su ex.

—Tienes razón, hay que celebrarlo todo lo que podamos, porque no fue fácil llegar hasta aquí —aceptó, recibiendo un abrazo de su amiga.

—Entonces, ¡va lo de la prefiesta en el departamento!

—celebró Carla—. Felton quiere destacarse con ese menú, porque además de querer sorprenderlos a ustedes y prepararles algo especial, desea impactar a Julián y a Camila Holt.

Ellos lo están recomendando con sus amistades millonarias y ya ha recibido dos llamadas para reservaciones.

—Julián, en especial, quedó maravillado con su estilo de cocina —confesó Emma—.

Además, en la boda estarán presentes los dos nuevos clientes de Liam.

Son gente muy importante, con gran influencia en el país, y de muchísimo dinero.

Con ellos trabajará los proyectos de construcción que acaba de iniciar.

Si quedan encantados con la comida de Felton, tendrá mucha más proyección.

—Uy, entonces Felton tendrá que lucirse en esa fiesta. Es su oportunidad —comentó Lidia—. Si gana clientes importantes, quizás deje de ser tan amargado.

—Nooo —rebatió Carla—. Me encanta su carácter quejoso. Es tan sexi —exclamó eso último en medio de un suspiro, arrancando risas en sus amigas.

—Mamá, Emma, ¿iremos al parque?

Las chicas dejaron la conversación porque Matt y Lucas se aproximaron a ellas con una pelota de fútbol en las manos y con sus caritas ansiosas.

—Es buena idea —respondió ella—. Chicas, ¿les gustaría que traslademos la merienda al parque?

Lidia y Carla aceptaron y enseguida comenzaron a recoger todo para salir. Los niños, saltando y gritando por la alegría, fueron en busca de sus abrigos y de otros juguetes para llevar.

Como ya no sufrían de ningún tipo de acoso, no tenían que estar rodeados de guardaespaldas armados para ir a pasar un rato agradable en el parque cercano, así que las tres mujeres fueron cargadas con la comida y con bebidas mientras que los chicos iban con sus juguetes y sus botellas de agua dentro de sus mochilas.

Al llegar, los gemelos enseguida se unieron al grupo de niños que ese día habían asistido. Desde hacía semanas lograron retomar sus rutinas de paseos, pudiendo establecer vínculos con ellos.

Emma y las chicas estiraron una manta en la grama y se ubicaron sobre ella para continuar con la charla, hojeando revistas sobre bodas y el catálogo de trajes de novia que le habían enviado de un atelier que visitó días atrás con Camila.

—Tienen vestidos bellísimos. Los de corte sirena son un sueño —opinó Lidia.

—Podrías probarte alguno de esos modelos, Emma —aconsejó Carla—. Tienes un cuerpo muy bonito, de seguro te quedarán preciosos.

Emma suspiró hondo y bajó los hombros con derrota.

—Ay, chicas, hay algo que debo confesarles. Que no le he dicho aún a nadie, ni siquiera, a Liam.

Las dos la miraron con los ojos muy abiertos, por su tono de voz intuían que se trataba de algo grave.

—Se los contaré a ustedes para que me ayuden, pero no pueden decir nada, menos a Liam. Tienen que prometérmelo.

Lidia casi se ahoga con esa petición.

—Cuéntame ya de qué se trata o moriré por la asfixia. ¿Hiciste algo malo?

—¡Nooo! —negó Emma entre risas, desconcertando más a sus amigas—. No es nada malo, es…

—¡Emma!

La mujer cerró la boca ante ese saludo. Al alzar la mirada descubrió que se trataba de Becca, quien se aproximaba a ella seguida por Grisel, la niñera de la hija de su hermana.

Emma no pudo evitar sentirse incómoda, aunque se esforzó por disimularlo.

—Hola, Becca. ¿Cómo has estado? —preguntó, poniéndose de pie para estar a su altura.

Becca la observó con su típica sonrisa de superioridad, pero pronto la perdió al ver que ella tenía en sus manos un catálogo de trajes de novia y sobre la manta estaban abiertas algunas revistas para la organización de bodas.

—Yo… bien —respondió, procurando recuperar la sonrisa—. Me alegra verte de nuevo por aquí.

—En realidad, llevo un par de semanas viniendo al parque. Retomamos la rutina porque los gemelos la necesitan.

—Cierto, a ellos les hace mucho bien estar aquí. Acabo de saludarlos y se notan muy alegres.

—Es que les encanta jugar con sus amigos.

Por un momento las dos quedaron en silencio, solo mirándose, como si se retaran.

—Qué bueno que ya estén superando la terrible situación vivida en la inauguración de la tienda de mi familia —sacó a colación Becca, produciéndole un ramalazo de amargura a Emma que supo ocultar con una sonrisa.

—La vida sigue para todos. Supe que tu familia no llegó a tener problemas por ese hecho y la tienda funciona con total normalidad.

—Sí, aunque no con total normalidad, porque tuvieron que implementar medidas de seguridad más eficientes y nuevos protocolos de contratación y control de empleados. Nadie quiere vivir una situación similar. Fue algo terrible.

—Sí que lo fue.

De nuevo más silencio. Becca ahora se mostraba ansiosa, como si tuviese algo atorado en el pecho que no podía sacar.

—¿Liam y tú van a casarse pronto? —Al fin soltó.

—Sí. Dentro de tres meses.

—¡¿Tres meses?! ¡Qué rápido! —expresó asombrada.

Lidia y Carla la veían con reproche sentadas en la manta, aunque sin animarse a decir nada. Grisel se hacía la desentendida simulando estar pendientes de los niños, pero en realidad estaba muy pendiente de la conversación.

—¿Por qué tanto apuro? —quiso saber Becca con la mandíbula algo tensa.

Emma alzó los hombros con indiferencia.

—¿Y por qué darle más largas? Liam y yo ya estamos viviendo juntos y hacemos vida como una familia.

—Tienes razón. La boda es este caso es un simple trámite.

La mujer repasó de nuevo las revistas y el catálogo antes de volver a hablar. Era evidente que por dentro hervía por la rabia, pero como pudo se irguió y alzó el mentón con altanería.

—Les deseo lo mejor. Espero sean felices y construyan una gran familia muy unida con los gemelos. Lo merecen —dijo con forzada alegría—. No dejes de invitarme a tu boda, me encantará estar allí para felicitar a Liam por ese gran logro.

A Emma se le revolvió el estómago por esa petición, aunque no borró la sonrisa de su rostro.

—Gracias por los buenos deseos —respondió con la mandíbula tensa.

Becca se despidió de todos y continuó su paseo con Grisel. Emma volvió a sentarse sobre la manta.

—Llegas a invitar a esa bruja a la boda y yo no voy —se quejó Lidia cuando estuvieron solas.

—Le diré a Felton que a la comida de su mesa le ponga más sal —amenazó Carla, mientras ambas miraban con los ojos entrecerrados a la molesta mujer que se alejaba tongoneando las caderas como si fuese una modelo sobre una pasarela.

—Claro que no la invitaré a la boda —soltó Emma, molesta—. La dejaré con las ganas de tener una excusa para abrazar a Liam. No permitiré que vuelva a ponerle un dedo encima.

Tanto Lidia como Carla la vieron sorprendidas.

—Guao, se nos volvió agresiva la niña —bromeó Carla—. No te sabía tan posesiva.

—Yo le voy a dar un abrazo de felicitaciones a Liam luego de la boda, así que no se te ocurra arrancarme la cabeza por eso. Mira que estoy pidiendo permiso con tres meses de anticipación.

Emma y Carla se carcajearon por la ocurrencia de Lidia, relajando el ambiente.

—Yo también pido permiso desde ya —pinchó Carla, arrancando más risas en todas.

—Está bien, pero será un abrazo corto y con algunos centímetros de separación —bromeó Emma produciendo quejas y risas en sus amigas.

Cuando pararon, se sentían tan relajadas como habían estado minutos antes, olvidando la irritante visita de Becca.

—Al final, no nos dijiste cuál era el misterioso secreto que no debíamos decirle a nadie, menos a Liam —intervino Lidia al recordar que se había estado asfixiando por saber de qué trataba el asunto.

Emma las miró con una expresión de asombro y picardía aumentando la ansiedad en ambas.

—Es que… estoy embarazada.

La noticia las dejó congeladas sobre la manta. Aquello no se lo esperaban.