Una madre para mis gemelos Capítulo 86. Palabras sinceras.
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Capítulo 86. Palabras sinceras.

Los Holt invitaron a los Hamilton a cenar en su casa. Emma quedó maravillada con la enorme y elegante mansión que poseían Julián y Camila. En cada rincón se respiraba buen gusto.

Ellos también contaban con un cuarto de juegos para los gemelos, que por supuesto, era más grande y estaba equipado con más juguetes. La pareja hacía lo que fuese necesario para consentir a los niños.

A ese lugar se dirigieron los gemelos a las carreras, luego de saludar a sus abuelos, seguidos por Carmen. Julián y Camila se quedaron en la sala atendiendo a Liam y a Emma, los hicieron pasar a un saloncito para tomar una copa de vino.

—Me alegra que hayan podido venir —agradeció Julián mientras repartía las copas—. Desde hace semanas estábamos organizando este encuentro.

—El retraso fue mi culpa —reconoció Liam y chocó su copa con la de todos antes de dar un trago a su bebida—. El trabajo se triplicó de pronto.

—Los resultados que obtuvo la constructora luego de entregar el proyecto urbanístico en Redwood Creek son impresionantes —alabó Julián—.

En la prensa no dejan de hablar de eso. Los habitantes de la urbanización están fascinados con las casas y con la distribución de las calles y plazas.

Anoche justo estaba viendo un reportaje donde hablaban del modelo de construcción que utilizaste, usando a la naturaleza como protagonista.

—Eso es más sostenible que toda la tecnología sostenible que buscan aplicar en las casas. Aprovechar la luz natural, el agua de lluvia y el bosque que los rodea genera más energía.

—Julián dice que en la prensa no dejan de hablar de ese proyecto, pero en realidad es él quien no para de hablar de ese asunto —bromeó Camila.

—¡Es que es impresionante! No esperé que estuvieses trabajando en algo así.

—Y se vienen más de ese tipo. Ya tengo dos contratos asegurados, por eso he tenido tanto trabajo estas semanas.

—Pobre Emma —exclamó Camila—. ¿Ya te abandonan?

—Nooo —expresaron Emma y Liam al mismo tiempo y ambos emitieron una risa divertida.

—Me queda poco tiempo para otras cosas porque la prioridad son mi familia y el trabajo. Emma y mis hijos están primero en todo, jamás voy a abandonarlos —aseguró él tomando la mano de la mujer para apretarla con firmeza.

—Eso es lo importante, muchacho. De nada sirve tanto esfuerzo en el trabajo si no tienes con quien compartir los triunfos y celebrarlos. La familia debe ser el centro de todo —aconsejó Julián, y propuso un brindis por eso.

Antes de que sirvieran la cena, Camila le dio a Emma un recorrido por su casa, al que se unieron los gemelos. A ellos le encantaba estar revoloteando alrededor de ella, no soltaron su mano durante todo el paseo.

Camila estaba encantada con la conexión tan fuerte y cariñosa que existía entre ellos. Los besos y abrazos sobraban, así como las conversaciones divertidas, las risas y las canciones.

El cambio radical que se observaba en los chicos cuando estaban con esa mujer era muy evidente, y positivo. Las caritas decepcionadas que antes poseían al sentirse solos ya se les habían borrado, la felicidad ahora era su marca distintiva.

Cuando se reunieron con Liam se le lanzaron encima como si su padre fuese una cuerda para colgarse, amaban estar cerca de él. Y a él le fascinaba estar rodeado por ellos.

Liam atendía las conversaciones de otros sin dejar de estar atento a sus hijos, velando por su seguridad y bienestar, así como de Emma. De esa forma demostraba que ellos eran lo primordial en su vida.

—¿Y cómo está Gisela? —quiso saber Camila cuando terminaban de comer—. ¿Ya tienen los resultados de los últimos exámenes?

—Sí, salieron muy bien —respondió Emma con sonrisa de alivio—. Algunos valores están alterados, pero el doctor asegura que eso puede resolverse con dieta. No fue necesario incluir nada más en su tratamiento. Lo que la tiene un poco agitada es la emoción de la mudanza a San Francisco.

—¿Y la casa donde van a vivir ya está preparada? —preguntó Julián.

—Sí. Esta mañana Liam y yo estuvimos allí y supervisamos los últimos arreglos. Esta semana llegaran los camiones con los muebles y para el fin de semana mis padres ya estarán instalados.

—¡Qué emocionante! —exclamó Camila—. Nada como tener a la familia cerca.

—¡Vamos a tener otro cuarto de juegos! —contó Matt emocionado.

—¡Compramos juguetes nuevos para tenerlos en la casa de los abuelos Fred y Gisela! —reveló Lucas con una enorme sonrisa.

—¡¿Otro cuarto de juegos?! —dijo Camila en medio de risas.

—Estos chicos llegan a una casa, se apoderan de ella y mandan a construir un cuarto de juegos. Deben tener sangre de emperadores romanos o algo por el estilo —comentó Julián, arrancando risas en todos.

La velada continuó en medio de un ambiente agradable de cordialidad y diversión. Los restos de tensión que Emma sentía alrededor de los Holt por la manera brusca y recelosa en que ellos la habían tratado en el pasado, terminó de perderlos en aquella cena.

La pareja cada vez se comportaba de mejor forma, haciéndola participe de las conversaciones y mirándola sin juzgarla. Ya no la veían como un peligro, sino como parte de la familia.

Cuando estuvieron de nuevo en la sala, compartiendo un café, con los niños en una mesa cercana dibujando con Carmen, Camila respiró hondo como si buscara llenarse de valor.

—Hemos tardado en decirte esto, Emma, no porque no lo merezcas, sino porque es difícil aceptar en voz alta los errores, pero nos parece necesario hacerlo para seguir adelante sin que se piense que estamos fingiendo.

Emma se tensó por aquellas palabras, incluso, Liam. Era como si de pronto hubiesen roto la burbuja de cordialidad en la que estaban sumergidos para pasar de nuevo al trato tenso y distante.

—No piensen que los invitamos aquí para reclamarles algo o establecer reglas de algún tipo —aclaró Julián, como si hubiese presentido lo que ellos sentían—. Solo queremos pedir disculpas de manera oficial.

—¿Disculpas? —preguntó Emma desconcertada y compartió una mirada con Liam antes de enfocarse de nuevo en ellos.

—Fuimos muy groseros contigo apenas te conocimos —aceptó Camila—. Te tratamos con mucha dureza y desconfianza, por eso queremos pedirte perdón.

—De verdad sentimos desconfianza —agregó Julián—, pero eso no justifica la forma en que te tratamos, con desafío y amenaza.

Ahora que te conocemos mejor y sabemos que de verdad amas a nuestros nietos y estás dispuesta a cuidarlos y protegerlos, queremos pedirte perdón por haberte juzgado antes de tiempo, sin darte una oportunidad a explicarte.

Emma quedó sin palabras, impactada por lo que decían. Nunca esperó que aquello sucediera.

Compartió una nueva mirada con Liam antes de hablar, él le sonrió con ternura y asintió con la cabeza animándola a responder con lo que en verdad salía de su corazón, no por obligación.

—Gracias. Quiero que sepan que en parte los entendí.

Yo también hubiese desconfiado de la persona que de pronto aparece y pretende ocupar un lugar sin antes darse a conocer.

Además, sé que llegué a sus vidas en un momento muy tenso, incluso, para mí.

Todos cometimos errores, así que yo también les pido perdón por no haber sido más abierta con ustedes.

—Fuiste todo lo abierta que pudiste —rebatió Julián—, pero nosotros nunca te dimos oportunidad a nada. Ahora te prometemos que las cosas no volverán a ser como antes, queremos que nos veas como tus amigos.

Esas palabras la emocionaron y empañaron sus ojos de lágrimas. Al no saber qué decir, tomó la mano de Liam buscando apoyo. Él se inclinó hacia ella para estar más cerca e infundirle calma.

—Gracias por este gesto. Para nosotros es muy importante —habló él—.

Emma ahora es una parte importante de nuestra familia, siempre va a estar con nosotros, así como ustedes.

Que ahora no haya resentimientos ni rencores es una gran noticia.

Algo que aprendí gracias a las tragedias que vivimos es que si estamos unidos nada podrá afectarnos, o nos afectará pero en poca proporción.

Si dejamos de lado las diferencias, creo que nos irá mucho mejor en la vida.

—Eso ni lo dudes, muchacho —aceptó Julián, sonriente—. Me salvaste de perder una inversión enorme y ahora me vas a asegurar una buena ganancia con los proyectos que estás por iniciar. Mejor no me puede ir en la vida.

—¿Invertiste en los proyectos de construcción de Liam? —consultó Camila, asombrada.

—¿No viste el exitazo en que se convirtió la última urbanización que entregó? Y las que vienen serán mejores, estoy seguro.

—Con el oleaje de inversión que de pronto me llegó, eso es muy probable —aseguró Liam, al recordar que no solo Julián invirtió en sus nuevos proyectos urbanísticos, sino que convenció a todos sus amigos a que también lo hicieran. El hombre tenía un poder de convencimiento que daba algo de miedo.

La conversación entre ellos continuó ya libre de tensiones y miedos. El perdón que se concedieron fue el gesto final que logró acercarlos por completo, para así tratarse como una verdadera familia.

Una que había aprendido a los golpes la importancia de estar unidos, tanto en las buenas como en las malas, para así lograr una verdadera prosperidad. Una que ahora no se dejarían arrebatar.