Capítulo 79. Ayuda mutua. #2
—¿Ahora? ¿Cuándo vas a reconocer que no puedes vivir sin mí?
—Cuándo tú reconozcas que yo soy el mejor. El más inteligente, capaz y atractivo de esta constructora.
Las carcajadas de Darryl lo hicieron encorvarse por el dolor.
—Eres un maldito. Me duele la panza —se quejó entre risas.
—Eso es para que nunca se te olvide quien manda —bromeó Liam, aunque estando pendiente de su amigo por si se le reventaba un órgano de tanto reír—. ¿Irás al departamento de Lidia, a visitarla?
—Sí, pasaré un rato. Así aprovecho para ganarme a mi suegra. Es muy dulce.
—¿Vas en serio con Lidia?
—Sobrevivimos juntos al ataque de un maniático. Esa para mí es una señal.
Liam negó con la cabeza.
—Espero ella no sea otra Leonela, alguien a quien solo buscas para cubrir la soledad sin pretender comprometerte.
—No, amigo, esta vez es diferente. Lidia me gusta mucho y creo que eso pasa porque es un poco como yo: descomplicada y divertida.
Es lindo estar con alguien que no te juzga ni te obliga a comportarte de una forma que no es tu estilo.
Con ella me siento libre y eso lo estuve pensando antes de que apareciera el miserable de Marco.
—Me alegro que hayas conseguido a alguien con quien puedas congeniar. Y que sea capaz de soportarte —dijo eso último a modo de broma.
—Lo mismo digo para ti. Qué bueno que llegó Emma para soportar tus quejas y malas caras. Esa mujer es una santa.
—Imbécil.
—Por cierto, a pesar de todo el lío que se sigue armando por la búsqueda de Marco, ¿piensas asistir a la inauguración de la nueva tienda departamental de los Donnelly?
Liam respiró hondo, recordando el evento al que Becca los había invitado semanas atrás.
—Necesito ponerle un poco de normalidad a mi vida, así como a la de Emma y la de los niños.
Hemos pasado estos días encerrados en casa y los gemelos comienzan a quejarse porque quieren salir, ir al parque o realizar algún paseo como el que hicimos a la montaña, al parque acuático o a Seattle.
Más ahora que también tienen en casa a los padres de Emma.
—¿Llevarás a los Bowen a ese evento?
—Sí, Julián ya se encargó de gestionar sus invitaciones. No podemos dejarlos solos. Estaremos en esa fiesta un par de horas, para que los niños se diviertan y se relajen. No puedo permitir que el miserable de Marco limite nuestras vidas.
—Pero, ¿supongo que llevarás vigilancia?
—Claro. Estaré con tres guardaespaldas y con una mujer entrenada que hará de niñera, así se mantiene cerca de los gemelos.
—Qué estresante es tener que salir siempre rodeado de seguridad hasta para divertirte.
Liam se recostó en la butaca con expresión cansada.
—Julián fue anoche a hablar conmigo para contarme las novedades del caso de Marco.
No solo lo identificaron gracias a las cámaras de seguridad de la escuela cuando estuvo un día antes del caos de la bomba haciéndose pasar por el técnico Daniel Rowe, sino que confirmaron que se hizo pasar por Jason Graham gracias a las cámaras del consultorio dental.
—Eso lo convierte en el principal sospechoso del crimen del verdadero Daniel Rowe y de mi accidente.
—Así es, pero además, una persona anónima les hizo llegar a la policía la supuesta dirección del lugar donde Marco se residenciaba y fueron a revisar.
No lo encontraron, aunque sí sus huellas dactilares, parte de su ropa y armas y equipos de asalto que había adquirido en la tienda de un tal Ted Doyle.
Ese hombre facilitó las facturas de compra, todas a nombre de Thomas Gallagher, quien al parecer, es la persona que cancelaba los gastos de Marco en la ciudad.
Incluso, es el dueño del auto que él usó para provocar tu accidente.
—¿Y supongo que Thomas Gallagher está preso?
—No. La policía fue anoche a buscarlo y resulta que se fue del país.
—Maldita gente. Qué rápidos son.
Liam apretó la mandíbula con enfado antes de continuar.
—Sí, son muy rápidos, por eso no puedo descuidarme ni sentirme a salvo. Debo permanecer alerta hasta que no atrapen a ese tipo.
—Tengo entendido que los Donnelly además, contarán con mucha seguridad, porque tienen invitados especiales importantes. Así que allí podrían estar seguros.
—Sí, varios empresarios de renombre y creo que representantes de la Alcaldía asistirán. Los Donnelly con sus tiendas mueven mucho dinero y contratan a muchísima gente, son importantes para la economía de la ciudad, por eso les dan tanto apoyo.
—Espero entonces, que la salida sea positiva y puedan divertirse. —Darryl se puso de pie con dificultad, quejándose de los malestares—. Estaremos en contacto, me voy a descansar a casa de mi novia —dijo, mientras caminaba despacio hacia la puerta.
Liam lo acompañó para despedirlo, pendiente de su estado, e intentando no pensar más en la asistencia al evento de los Donnelly para así no despertar sus preocupaciones. Necesitaba un momento de desconexión.
***
Las instalaciones de la nueva tienda por departamentos, a pesar de no estar abierta al público, resultaba un hervidero de actividad.
Decenas de personas iban de un lado a otro trabajando en los últimos detalles para la inauguración.
—¿Confirmaste si Liam Hamilton vendrá al evento? —preguntó Becca a la encargada de recibir a los invitados y a la prensa.
—Sí, ya confirmó. Lo hará con sus hijos y con su prometida Emma Bowen.
—¿Prometida? ¿Aún sigue llamando a esa recién aparecida así?
La mujer alzó los hombros con indiferencia.
—Incluso, vienen los padres de ella: el señor Fred y Gisela Bowen.
—¿Cómo que vienen los padres de ella? Esa gente no está invitada —se quejó con el ceño fruncido.
—Julián Hotl solicitó a tu tío su participación y por supuesto, les dieron pases preferenciales.
El rostro de Becca se coloró por la rabia.
—¿Cómo es posible que Julián haya hecho eso? Él odia a esa mujer y Camila también —dijo pensativa, evaluando en qué parte de su plan se había equivocado y cuándo las intenciones de los Hotl habían cambiado.
—Solo te digo lo que sé. Aquí tengo apuntado que vendrán la pareja de los Holt y de los Bowen, y la familia Hamilton. Estos últimos están registrados con cuatro integrantes.
Becca casi sufrió una combustión espontánea al escuchar esa noticia, eso no podía estar pasándole. Aprovecharía ese evento para averiguar bien lo que sucedía entre Liam y esa mujer y buscaría las formas de separarlos.
—Por cierto, ¿trajiste los adornos de pájaros que tu mamá mandó a hacer? Me ha preguntado varias veces por eso como si yo fuese la encargada de la decoración.
—Sí, están en mi auto. Ya los bajo —respondió Becca aún furiosa por lo que sucedía con los Hamilton.
Miró a su alrededor y encontró a un empleado cerca de ellas apilando cajas sobre un carro, para trasladarlas al depósito.
—Ey, tú, ven conmigo —ordenó de mala gana—. Necesito bajar unas cosas de mi auto, sígueme —indicó y caminó hacia el estacionamiento esperando que él la siguiera.
Marco, esa vez disfrazado de empleado de almacén, usando una peluca castaña de pelo engominado y lentes de contacto color miel, además de anteojos correctivos, fue tras ella manteniendo una sonrisa de superioridad en los labios.
Mientras trazaba un nuevo plan para llegar a Emma, recordó que había notado que Becca Donnelly no parecía muy contenta con la relación que su mujer mantenía con Hamilton.
Al espiarlas en el parque descubrió las miradas de desafío que se dedicaban, así que la buscó para usarla de herramienta.
Aquella sería su última oportunidad. No podía fallar. Ya no iba a permitirse más errores.