Una madre para mis gemelos Capítulo 81. Mejoras en las relaciones.
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Capítulo 81. Mejoras en las relaciones.

El día de la inauguración de la nueva tienda por departamentos de los Donnelly llegó. El lugar estaba a reventar de gente.

Gracias a las ofertas, descuentos y sorteos, muchos acudieron para hacer grandes compras. La zona de juegos parecía una feria de pueblo y al fondo del estacionamiento habían instalado un escenario pequeño donde se presentaban diversos grupos y artistas locales.

En la parte trasera de la instalación se hallaba el área VIP, donde accedían solo los invitados especiales. Allí se encontraban los Hamilton, los Holt y los Bowen, disfrutando de la velada.

—Los Donnelly no escatimaron en gastos para organizar este evento —comentó Gisela, sorprendida—. Debieron invertir una cantidad de dinero enorme para cubrir todos los gastos.

—Eso lo recuperan hoy mismo, querida —opinó Camila—.

Mira cómo salen los clientes de la tienda, con los carritos llenos de mercancía.

Algunos hasta llevan dos o tres —aseguró, y señaló hacia el estacionamiento, donde se veía a la gente meter enormes e incontables paquetes y bolsas en sus autos para marcharse.

—¡Qué gran negocio! —exclamó Fred—. Las tiendas departamentales parecen una apuesta rentable.

—Cualquier negocio en el que sepas invertir es rentable —agregó Julián—.

El de las compras minoritarias, dirigidas a un público amplio, siempre atraen buen público, pero si no sabes invertir en publicidad o en atractivos extras, es difícil que tengas éxito.

Fíjate que esta gente pensó en amplitud.

Hay quienes vienen solo por la música, por los juegos, por los sorteos o los regalos, pero al estar aquí no pueden evitar comprar algo más.

Solo al ver que otro se lo lleva, ellos lo buscan, porque si alguien más lo compra, es porque debe ser bueno e importante.

—En realidad, todo es pura manipulación —reflexionó Emma.

Liam sonrió divertido.

—Son expertos en convencerte de que compres lo que no necesitas solo porque otro lo hace.

La charla se extendió por varios minutos mientras la celebración seguía su curso. Camila, Gisela y Emma terminaron acudiendo juntas a la zona de juegos para estar con los gemelos y los guardaespaldas.

Los hombres, en cambio, se quedaron charlando un poco más, aunque Fred fue absorbido por las apuestas que se hacían en la mesa de póker. Amaba aquel juego.

—Han pasado tantas cosas estos días que no he tenido tiempo de agradecerte, Liam —dijo Julián sin verlo a la cara, simulando estar atento con lo que sucedía en el área de apuestas.

—¿Por qué deberías agradecerme?

—Por haberme advertido sobre lo que sucedía con el proyecto de GreenLake Urban. Yo confié con los ojos cerrados en ese asunto porque tenía a unos buenos amigos allí, pero todos fuimos estafados.

—Lamentablemente, casos de estafas en el mercado inmobiliario y de la construcción se repiten muy seguido. Por eso, aunque haya gente de confianza dentro, no podemos dejar de buscar información sobre el caso.

—Sí, cometí un error muy grave. Lo acepto —reveló alzando los hombros con indiferencia—.

Desde ya nos estamos organizando todos los afectados para iniciar acciones legales contra los estafadores.

No me importa cuánto tarde en desarrollarse ese asunto, voy a recuperar cada dólar invertido en esa mentira —dijo con firmeza.

Liam sonrió, sabiendo que el hombre iba a ser capaz de lograr su cometido. Si algo tenía Julián Holt, era una terquedad de hierro.

—Lo bueno fue que nos enteramos del asunto antes de que les entregaras más dinero.

—Estuve a punto de gastar una buena cantidad en eso, porque el proyecto me parecía rentable. Por suerte, no fue mucho lo que les entregué al inicio.

—Si aún tienes ganas de invertir en construcción, tengo varios proyectos sobre la mesa. Cuando quieras te los presento.

Julián lo observó con atención unos segundos, antes de enfocarse de nuevo en los jugadores de póker.

—Me gustaría, creo que no hay nada más confiable que invertir en proyectos familiares.

Liam se sorprendió por sus palabras.

—Luego de cinco años conociéndote, de haberme casado con tu hija y de ser el padre de tus únicos dos nietos, ¿al fin me consideras familia?

El hombre alzó de nuevo los hombros con indiferencia.

—Algún día debía pasar, ¿no crees? —dijo a modo de chanza y alzó su copa hacia él como si brindara.

Liam la alzó también, sin poder borrar la expresión de sorpresa y satisfacción de su rostro.

Le gustaba saber que las cosas comenzaban a cambiar entre ellos.

Si bien ambos tenían personalidades y gustos muy diferentes, en beneficio de los gemelos debían mantenerse unidos y desarrollar una buena relación.

Ya habían comprobado lo mucho que podían ayudarse si confiaban en uno en el otro. Costumbre que no solo debían poner en práctica en momentos de crisis, sino para toda la vida.

Siguieron hablando un poco más sobre inversiones y futuros proyectos urbanísticos ajenos a lo que sucedía a su alrededor, como la presencia acechante de Marco.

El hombre, por estar trabajando en el almacén, poco le permitían salir. Cuando lo hacía, para enviar mercancía a los pasillos que luego era distribuida por los empleados, vigilaba a sus presas.

Ya tenía ubicados a los gemelos, aunque le incomodó ver que los niños tenían a dos guardaespaldas en las cercanías. Además, la mujer que los cuidaba parecía experta en protección y ataque, llegar a ellos no iba a ser tarea fácil.

Emma tan solo contaba con un guardia, pero era un tipo gigante y con cara de pocos amigos. Parecía difícil de vencer. Y como agregado, siempre estaba con esas dos mujeres cerca, la suegra de Hamilton y su madre traidora.

Cuando los Bowen llegaron a aquel evento, acompañando a su hija, él sintió odio puro. Pensó que tenía asegurada la confianza de esa pareja, por eso no se preocupó demasiado por ellos.

Quizás había sido un poco brusco en su última visita a Seattle, ganándose su recelo, pero no esperó que fuesen tan traidores y ahora le sonrieran a Liam como si lo conocieran de toda la vida, apoyando sin restricciones la relación que mantenía con su hija.

Marco apretó los puños para controlar la rabia. Los Bowen iban a pagarle cara su traición. No solo quería verlos sufrir cuando él se encargara de Emma, sino que luego iría por ellos. Nunca dejaba asuntos pendientes.

Repasó con ojos de águila la ubicación de sus víctimas, calculando los tiempos en que podía acabar con todos y las maneras en que debía abordarlos en medio de la muchedumbre que invadía aquel lugar.

Pero había un problema, desde el depósito no podía llevar a cabo su plan. Tenía que improvisar alguna idea diferente que le permitiera moverse con mayor facilidad. Sobre todo, que le diera acceso a área VIP, donde se hallaban sus presas.

Fue a la cocina empujando un carro vacío. Uno de los vigilantes del evento lo detuvo.

—Ey, amigo. ¿Qué haces aquí?

—Becca Donnelly me pidió que ayudara a organizar uno de los congeladores, porque va a enviar más cajas de aperitivos congelados que acaban de llegar para cubrir las necesidades del evento.

—No me informaron que venías.

—¿Quieres que la llame para que le preguntes? Está en el estacionamiento recibiendo la mercancía. Se va a molestar si la hago venir.

—No. Pasa que yo iré al estacionamiento, luego te ubico —dijo el hombre, encaminándose hacia aquel lugar.

Marco se apresuró por entrar y activar alguna idea para cambiar de identidad antes de que el vigilante regresara. Tenía pocos minutos para actuar, si no lo hacía ahora, perdería su última oportunidad de alcanzar a Emma.