Una madre para mis gemelos Capítulo 16. Exnovio al acecho.
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Capítulo 16. Exnovio al acecho.

Emma caminaba con Lidia hacia el consultorio ginecológico. Sentía un nudo en la garganta, no tanto por miedo al diagnóstico, sino por todo lo que significaba regresar a ese espacio de revisión, de bisturís, de recuerdos de sangre y pérdida.

—Tranquila —le susurró Lidia, tomando su mano para apretarla—. Yo estoy aquí.

La enfermera las condujo a una pequeña sala. Allí las recibió la doctora Roberson, una mujer de unos cincuenta años, cabello corto y mirada firme, que transmitía seguridad con apenas un gesto.

—Emma, me alegra que hayas venido. Carla me adelantó un poco tu situación —dijo la doctora y les indicó a las mujeres que se sentaran frente a su escritorio—. Sé que ha sido un proceso difícil el que te ha tocado vivir, pero este es un paso importante para tu recuperación.

Ella asintió y luego le hizo una narración, lo más detallada posible, de lo que había sucedido y lo que le explicaron en el hospital luego del legrado.

La doctora Roberson la escuchó con atención y, luego de registrar su historia médica, la hizo pasar a su cuarto de exploración física, donde además le haría un ecosonograma.

Emma sintió la fría distancia de los instrumentos, pero también la calma profesional de la médica. Cuando todo terminó, la doctora se sentó frente a ella cruzando las manos sobre la mesa.

—Te daré una buena noticia —empezó con tono sereno—. Tu organismo está respondiendo bien. No hay signos de complicaciones internas ni de infecciones. Estás en buen camino para recuperarte por completo.

Ella soltó el aire que no sabía que retenía. Lidia le acarició la espalda con alivio.

—Eso sí —continuó la ginecóloga—, debes cuidarte. Nada de esfuerzos físicos extremos, cuida tu alimentación y sobre todo, evita cargar con tensiones emocionales fuertes. El cuerpo sana, pero el corazón también necesita tiempo. Sobre todo, en tu caso.

Emma bajó la mirada, con un peso en el pecho. ¿Cómo evitar las tensiones con Marco acechándola?

La doctora le entregó unas recomendaciones por escrito, explicándole cada una sin apuro.

—Si en algún momento quieres retomar planes de maternidad, no habrá problema en el futuro. Pero ahora concéntrate en ti.

Ella se sonrojó por la propuesta y no pudo evitar pensar en Liam. ¿Su acuerdo de matrimonio incluiría hijos en un futuro?

La idea la estremeció y por instinto se acarició el vientre vacío recordando las sensaciones que había experimentado cuando había tenido a su bebé dentro. Lo extrañaba.

Agradeció con voz baja cuando terminó la consulta y al salir, Lidia la rodeó con un abrazo.

—¿Ves? Todo está bien. Eres fuerte, aunque no lo creas.

Emma esbozó una sonrisa débil.

—Sí, supongo que sí.

Caminaron hasta un pequeño café ubicado en la planta baja del edificio. Era uno de esos lugares acogedores, con mesas de madera y olor a pan recién horneado. Se sentaron junto a la ventana pidiendo dos capuchinos y un pastel para compartir.

Emma se relajó un poco al probar el café. El calor en las manos la reconectó con la calma, y ahí, entre bocados dulces, comenzaron a hablar.

—Entonces —dijo Lidia con una sonrisa pícara—, cuéntame de Liam y de esos gemelos que ya te robaron el corazón.

La interpelada soltó una risita nerviosa.

—Los gemelos son adorables. No sabes cómo se emocionan con cualquier cosa. El desayuno que me prepararon esta mañana fue… —Cerró los ojos, evocando la imagen—. Fue un regalo que no esperaba.

—Y Liam, ¿qué tal se porta en casa?

Emma suspiró.

—Es demasiado bueno. Se preocupa por todo. Cuando le conté que vendría al médico quiso cancelar una reunión con un cliente para acompañarme. ¡Imagínate!

—¿Y por qué no lo hizo? —preguntó Lidia, arqueando una ceja.

—¡Porque no se lo permití! Tenía que atenderlo y yo debía hacer esto sola.

Aunque no ha dejado de mandarme mensajes —reveló, y alzó su móvil para que su amiga viese que recién le había llegado un mensaje de Liam—.

Me pregunta cada diez minutos cómo estoy, si necesito algo.

Hasta me propuso ponerme un guardaespaldas para que me cuidara durante esta salida —contó, y se apresuró por enviarle de respuesta un mensaje asegurándole que todo había resultado bien y que ahora tomaba un café con su amiga antes ir a casa.

Lidia rió, divertida.

—Eso es muy de él. Siempre tan protector.

—Sí, pero a veces siento que… que me envuelve demasiado —dijo seria—. Me da miedo acostumbrarme a esa seguridad y que después todo se rompa.

Lidia la miró con ternura.

—Emma, no puedes vivir pensando que la relación que estás teniendo con él puede romperse de un momento a otro, así no lograrás disfrutarla. Liam no es Marco.

La mujer jugueteó con su taza, inquieta.

—Lo sé, y estar con sus hijos me hace sentir parte de algo hermoso, pero cada vez que comparto con ellos, una voz en mi cabeza me recuerda que Marco me busca.

Suspiró con pesadez antes de continuar.

—No conoces a Marco, amiga. Él es… malvado.

Tarde me di cuenta de su verdadera naturaleza.

Primero te envuelve en una mentira, te seduce, valiéndose de su atractivo y de su personalidad arrolladora.

Luego te ata a su lado de forma que no puedas escapar nunca, ejerciendo una fuerte manipulación psicológica no solo en ti, sino en la gente que te rodea.

Después, cuando se sabe dueño de tu vida, te usa como le provoca, amándote cuando quiere y rechazándote y lastimándote en otras.

Lidia se impactó por sus palabras, sin poder evitar temblar por el miedo.

—Es un tipo desagradable.

—Eso lo sabes ya al final, cuando te das cuenta del lugar donde te metiste, aunque sin encontrar una vía de escape. Porque Marco lo organiza todo para dejarte sin nada, haciéndote depender solo de él. Te cierra todas las vías.

—Es aterrador, amiga. No sé cómo pudiste soportar tanto a su lado.

—Porque me convenció de que eso era lo que merecía, que él era mi única posibilidad de ser alguien y tener algo.

Manipuló a mis padres y me apartó de ellos dejándome sin apoyo, en una ciudad sola y con un niño en mi vientre, haciéndome sentir acorralada cada día.

Solo pude liberarme gracias a un error suyo, porque le resulta imposible controlar su propia violencia.

Es un bruto —exclamó, con lágrimas en los ojos y con un temblor leve en las manos que su amiga notó.

Lidia se aferró a sus manos para infundirle calma.

—Tranquila. Ya todo pasó. Ahora estás aquí, en San Francisco, rodeada de amigas que nunca te abandonará y por un hombre maravilloso dispuesto a protegerte.

Emma no pudo evitar que una lágrima escapara de sus ojos, que secó con rapidez. Ya estaba harta de llorar, no iba a permitir que Marco la manipulara y volviera a hacer sentir acorralada, incluso en la lejanía.

Lo que ella no imaginaba era que él no estaba tan lejos como pensaba.

Estaban tan distraídas con su conversación que ninguna de las dos se dio cuenta de la figura que las observaba a través de la ventana y desde el otro lado de la calle, con los ojos inyectados en odio y alcohol.

Después de recorrer todo Seattle, buscándola en los sitios donde sospechó que Emma pudiese estar, Marco se dirigió a San Francisco. Recordó que ella solía hablarle de esa ciudad, donde había nacido y crecido, y donde aún conservaba grandes amistades.

Tardó días en conseguir información sobre Lidia y Carla, visitando antiguos trabajos y viviendas de los que Emma le había hablado. Hasta que dio con el nuevo lugar de trabajo de Lidia.

Decidió vigilarla a ella con la esperanza de que lo llevara a Emma y lo logró ese día.

Cuando vio a su mujer aparecer en la clínica odontológica sintió una emoción súbita, como si fuese un cazador que al fin ubicaba a su presa.

Ahora la tenía frente a sus ojos. Ella sonreía con gracia, llevando el cabello suelto y caminando con ligereza, como si nunca hubiese estado bajo su control. Esa visión le encendió la rabia en las entrañas.

—Ahí estás, maldita puta —murmuró entre dientes—. Creíste que podías escapar de mí.

Sus pupilas brillaron con un fuego peligroso.

—Vas a volver conmigo, te guste o no.

El veneno de la obsesión lo mantenía firme, inmóvil, mientras la tarde se teñía con lentitud dando paso a la noche, su hora preferida del día.

Emma salió con Lidia del edificio en busca de un taxi para ir a la casa de Liam, sin sospechar que alguien la seguía muy de cerca. Dispuesto a no perderla de vista.