Capítulo 33
Consecuencias
Aria
—¿Por qué hay un pájaro carpintero taladrándome la cabeza? —susurro al intentar abrir los ojos y sentir que me va a explotar la sien.
Me giro en la cama con pereza y siento que el estómago hace un salto mortal hasta mis pies.
—¿Qué narices…? —No termino la pregunta porque imágenes de la noche anterior comienzan a llenar mi mente en forma de flashbacks.
La llegada de Scott y Kevin, la discusión con Liam, mi momento en el baño con las chicas… El dolor, la tristeza, el resentimiento; todos esos sentimientos se vuelcan en mi cuerpo de nuevo, oprimiéndome el pecho y cerrándome la garganta.
También recuerdo empezar a hablar con unos chicos en la barra, tomarme un tequila, dos, tres y, después de eso, todo es borroso y no tengo ni idea de lo que ocurrió.
Me froto los ojos y, al abrirlos, descubro que no estoy en mi casa, sino en la habitación de Liam .
No sé cómo he llegado hasta aquí, pero como la única forma que conozco de encontrar respuestas es hacer preguntas, decido incorporarme y abandonar la cama.
En cuanto apoyo los pies en el suelo, siento que el mundo se abre bajo ellos. Estoy muy, pero que muy mareada, y el dolor de cabeza es tan fuerte que siento que me va a estallar.
Echo un vistazo a la mesilla y descubro un analgésico y un vaso de agua.
Me apresuro a tomármelo y camino hasta el baño, abro el grifo de la ducha y me meto debajo del agua, disfrutando de la sensación del chorro resbalando por la piel de mi espalda.
Me tiro dentro más de media hora, treinta minutos que dan para pensar y para preguntarme muchas cosas.
¿Por qué no le dije a Liam que Scott intentó acostarse conmigo? Esa respuesta es fácil: no estoy acostumbrada a dar explicaciones y simplemente no le di importancia, porque no pasó nada.
¿Me hubiese molestado a mí si hubiese sido al contrario?
Un sentimiento de culpabilidad que no esperaba sentir se abre hueco en mi interior al darme cuenta de que sí, a mí también me hubiese molestado…
Pero lo más importante no es eso, lo más importante es: ¿Por qué no le dije a Scott que estoy con Liam?
Una vez me siento limpia y el dolor de cabeza comienza a disminuir, salgo de la ducha, me seco con una toalla y, tras coger prestado del armario un pantalón de deporte que me queda enorme y una camiseta, me pongo mis zapatillas y bajo al piso inferior.
En la cocina, mi anfitrión tiene la mirada fija en el móvil; su cara es de circunstancias y, cuando la levanta hacia mí y me recorre de arriba abajo durante unos segundos, parece aliviado. No obstante, a continuación, su expresión cambia.
—¿Cómo te encuentras? —se interesa.
—Al menos ya no tengo un tambor dentro de la cabeza —reconozco.
Asiente y sirve un vaso de zumo de naranja que alarga hasta el extremo de la encimera.
—Supongo que no querrás comer nada .
—No, por favor, no me hables de comida —gimo llevándome una mano a los labios.
—Bebe esto, te sentará bien.
Me acerco y, tras tomar asiento en uno de los taburetes, agarro el vaso y me lo llevo a los labios.
Está fresco y resulta reconfortante.
—Tenemos que hablar —dice con seriedad.
—Lo sé —admito dejando escapar un suspiro—.
No te oculté lo de Scott a propósito —añado buscando sus ojos—.
Siempre lo he visto solo como un amigo. No imaginé que él quisiese algo más y, como no ocurrió nada, di por hecho que no había nada que contar.
—Hago una pausa y continúo hablando—. Pero lo siento, comprendo que te haya molestado.
—Sé que no estás acostumbrada a dar explicaciones —lo dice sin un ápice de maldad, no me lo está echando en cara, solo está exponiendo una realidad—. Y tampoco pretendo que me las des. Solo quiero que tengas conmigo la suficiente confianza como para poder contárnoslo todo.
—Se te llena la boca hablando de confianza y, sin embargo, a la primera de cambio me acusaste de querer acostarme con él. —Mi tono está cargado de resentimiento, no puedo evitarlo porque sus palabras me hirieron y es así como me siento—. ¿Es esa la confianza que tienes en mí?
—¡Por supuesto que no! —exclama—. No tendría que haber dicho eso.
—Lo que me hace daño no es que lo digas, sino que lo pienses.
—Jamás se me ha pasado por la cabeza que pudieses engañarme —dice con total sinceridad, mirándome a los ojos—.
No debería haber reaccionado así, pero me duele y no comprendo por qué te cuesta tanto admitir que estás conmigo, decirlo en voz alta —murmura apenado—.
Es como si no creyeses en lo nuestro, como si fuese pasajero, algo que no merece ser mencionado para ti.
—No es eso… No tiene nada que ver contigo ni conmigo.
—¿Entonces? —pregunta.
Soy incapaz de contestar, porque ni yo misma lo sé.
Mi teléfono comienza a sonar y le echo un vistazo a la pantalla.
—Es Logan, tengo que contestar.
—Su rostro se contrae y enseguida sospecho que me falta información y que algo va muy mal.
—Te has hecho viral, estáis en todos lados. —La voz de mi primo es dura como el acero.
—¿Qué quieres decir? —pregunto confusa.
En lugar de responder, cuelga y me envía por WhatsApp un par de vídeos.
—Aria… —susurra Liam.
Ni siquiera puedo mirarlo, porque soy incapaz de despegar los ojos de la pantalla.
—¿Tú sabías esto? —pregunto levantando el teléfono.
—Me enteré hace un rato —confiesa.
—¡Cada uno es peor que el anterior! —exclamo, reproduciéndolos de nuevo.
Los vídeos en cuestión no tienen desperdicio; en uno de ellos se me ve magreándome contra un tipo en el Pepper Club, en otro, estoy subida a un escenario borracha perdida y desgañitándome, en el tercero, Liam amenaza y empuja contra la barra del club al chico con el que yo me estaba magreando, y en el último y más bochornoso, yo le vomito por la espalda en plena calle, rodeada de mis amigos mientras él me lleva como un saco de patatas.
Palidezco, palidezco de la vergüenza y la rabia…
—No puede ser —comento mientras comienzo a dar vueltas por la cocina.
—Intenta tranquilizarte —me pide él, levantándose para acercarse hasta mí.
—¡¿Que intente tranquilizarme?! ¡¿Que intente tranquilizarme?! ¡¿Tú has visto esto?! —grito meneando el móvil arriba y abajo.
—Claro que lo vi: en vivo y en directo, porque te recuerdo que estaba allí —dice sin demasiada delicadeza—. Y te aseguro que no fue algo agradable de presenciar.
—¡Es tu culpa! —lo acuso señalándolo con el dedo—. ¡Todo esto es tu culpa !
—¿De verdad tienes las santas narices de culparme a mí de que tú te hayas agarrado un pedo monumental mientras prácticamente te tirabas encima del primero que encontrabas? —me espeta con rabia.
—¡Sííí! ¡Claro que sí! ¡Porque si no me hubieses tratado como lo hiciste por lo de Scott, yo no habría hecho ninguna de esas cosas que acabas de decir!
—¡Manda cojones lo que tengo que escuchar! —exclama ofuscado.
—¡¿Cómo se te ocurre empujarlo y amenazarlo?! —bramo.
—¡¿Qué pretendías?! ¡¿Que me quedase quieto viendo como un tipo te manoseaba y te sacaba del local con sus amigotes cuando estabas medio inconsciente?!
Sus palabras me hacen retroceder un paso, porque no comprendo cómo pude llegar a colocarme en una situación así. Estoy furiosa conmigo misma, pero también con él, y la ira que siento es tan grande que no la puedo reprimir.
—¡No debí permitir que pasase! ¡Nunca debió suceder algo así! ¡Sabía que esto no era buena idea! —murmuro con el corazón encogido y los ojos llenos de lágrimas—. ¡Estaba segura de que antes o después se nos iba a ir de las manos!
Liam se queda paralizado con los ojos clavados en mí.
—¿Qué quieres decir? —pregunta achicando los ojos.
—Sabía que estar juntos solo nos traería complicaciones y problemas —repito—. Te dije que había demasiado en juego: amigos, trabajo… Te dije que era demasiado complicado y mira lo que ha pasado.
—Lo que ha ocurrido es que un tarado nos ha grabado, no tiene nada que ver con que estemos juntos o no —replica acercándose a mí despacio.
—Si no estuviésemos juntos, no habrías reaccionado así, yo no me habría cabreado, no me habría emborrachado y nadie nos habría grabado.
—No puedes hablar en serio. —La decepción que transmiten sus ojos me resquebraja por dentro .
—Tú eres uno de los jugadores estrella de Los Lobos, y yo, la jefa de Relaciones Públicas del equipo. ¿Qué crees que pensará la gente cuando vea esto? ¿Qué tipo de profesionales pensarán que somos?
—¿A quién le importa lo que piense la gente?
—A mí, a mí me importa… No tienes idea de cuánto he trabajado para hacerme un hueco en mi profesión, para que me tomasen en serio. Y ahora todo eso está en la cuerda floja, ¿y total por qué? Por algo que debimos evitar y que nunca debió suceder.
Sus ojos se oscurecen y se vuelven duros e impenetrables.
—¿Eso es lo que somos para ti? ¿Algo que debimos evitar y que nunca debió suceder?
—Dados los acontecimientos, es evidente que sí. —Intento tomar aire, necesito respirar y, sin embargo, siento que soy incapaz, porque mis pulmones arden y todo mi cuerpo comienza a temblar—. Lo nuestro termina aquí.
El sonido de mi corazón rompiéndose dentro de mí resulta ensordecedor.
Liam palidece y cierra los ojos con fuerza antes de decir:
—¿Sabes lo que creo? Que has estado buscado una excusa para sabotear esta relación desde el primer momento, y la acabas de encontrar.
—Lo siento, Liam —susurro, incapaz de continuar mirándolo a los ojos ni un solo segundo más.
—Te aseguro que yo lo siento más —murmura con la mirada vidriosa—. Estás mandando a la mierda algo que podría haber sido único y especial.
—Solo hago lo que creo que es mejor para los dos —trato de convencerme a mí misma con voz temblorosa.
—Al menos deja ya de mentirnos a ambos —me reprocha—. Estás buscando la salida fácil.
—No es cierto.
—Lo es y tú lo sabes, pero tranquila; si eso es lo que quieres, eso es lo que tendrás.
No pienso ser el único que lucha por lo que hay entr e nosotros cuando está claro que tú ni siquiera lo vas a intentar.
—El dolor que emana su cuerpo se mezcla con el mío, golpeándome sin piedad y, cuando lo veo ascender escaleras arriba, lo único que consigo hacer es dejarme caer en el suelo y comenzar a llorar.