Una jugada arriesgada Capítulo 32
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Capítulo 32

Micrófono en mano

Liam

En el momento en que Aria sale disparada hacia el baño con las chicas detrás me hundo en el taburete y me masajeo la frente, compungido.

Me arrepiento de cada una de las barbaridades que acabo de soltar porque sé que no he sido justo y que ninguna de ellas es verdad, pero me sentí herido y decepcionado y, una vez que empecé a decir burradas, ya no pude parar.

Sobre todo, porque al ver que, en lugar de reconocer que había hecho las cosas mal, Aria se ponía a la defensiva, eso me encendió todavía más.

—Te has pasado un poquito —me acusa Ryan con gesto serio.

—Un poquito no, se ha pasado cinco pueblos —matiza Brad.

—Lo sé y lo siento —reconozco.

—Sabes que no había ningún motivo oculto en no comentarte que había quedado con Scott —añade Ryan.

Me quedo callado durante unos segundos.

—Sé que no tenía malas intenciones al no decírmelo —admito—. P ero también creo que es normal que me haya molestado que llevando todo el día juntos ni siquiera me lo haya comentado.

Sé que no he reaccionado bien, pero también soy consciente de que tengo parte de razón.

—El tío intentó acostarse con ella —afirmo, y solo con decirlo siento que se me revuelve el estómago.

—Es cierto —concede Brad.

—Y somos pareja, se supone que tenemos la suficiente confianza como para que me cuente esas cosas. —Lo digo con convencimiento, y Ryan suspira con pesar.

—Ahí tienes razón. Si un tío con el que ha quedado Maddy tratara de acostarse con ella y no me lo contase, tampoco me sentaría especialmente bien. —Me observa durante unos segundos—. Pero perdiste los papeles, tío.

—Exacto —incide Brad—. Y en el momento en que perdiste las formas, perdiste la razón.

Sé que es cierto: nada justifica la forma en que la traté; pero lo que hizo, o más bien lo que no hizo, me dolió.

—No comprendo por qué le cuesta tanto admitir que estamos juntos —confieso decaído—. Creí que ya habíamos superado esa etapa. Eso es lo que más me ha dolido, que no fuese capaz de decirle a Scott que estamos juntos ni siquiera cuando él intentó liarse con ella.

—Lo de estar en una relación formal es nuevo para Aria, quizás solo necesita algo de tiempo para acostumbrarse —deja caer él—. Lo primero que tienes que hacer es disculparte, y luego hablar las cosas con calma.

De repente la veo salir del baño y encaminarse hacia la barra.

—Pero ¿qué cojones…? —pregunto con los ojos abiertos como platos al verla acariciarle el brazo y ponerse a tontear de forma descarada con uno de los chicos, que la está devorando con la mirada.

—Hemos intentado hacerla entrar en razón —musita Maddy al llegar a la mesa—. Pero está muy enfadada.

—Y con razón —añade Savannah .

—¿Y eso justifica que esté sobando a ese tío delante de mis narices? —cuestiono al verla tomarse su segundo chupito a la vez que baila al ritmo de la música frotando su espalda contra el pecho del tipo en cuestión.

Ellas comparten una mirada preocupada.

—¿Qué? —pregunto con todo el cuerpo en tensión.

Ninguna de las dos parece dispuesta a contestarme, así que repito la pregunta por segunda vez.

—¿Alguna puede decirme de qué mierda va todo esto?

Savannah suspira y me mira con la tristeza reflejada en sus bonitos ojos.

—La acusaste de querer liarse con otros sin tener motivos —afirma—. Creo que ahora solo quiere que tengas motivos para pensar así.

—Tienes que estar de coña —murmuro justo en el momento en que el tipo pone la mano en su cintura y comienza a bailar muy pegado a ella.

—Después de cómo la trataste, ¿qué pensabas que iba a ocurrir? —la defiende Maddy.

—Desde luego no me imaginaba que iba a actuar así —respondo decepcionado.

Observo a Aria beber otro chupito de tequila justo antes de entrelazar los brazos alrededor del cuello de su acompañante quien, encantado, pone una de sus asquerosas manos sobre su culo.

Estoy tan enfadado que me arde la sangre. Soy un tío tranquilo al que no le gustan los enfrentamientos, sin embargo, en este momento, siento unas ganas tremendas de cargarme a alguien.

—Ya está bien —digo levantándome del taburete con toda la intención de dar por terminado este dantesco espectáculo.

—Liam, no creo que sea una buena idea… —Brad me agarra del brazo, pero me suelto de un fuerte tirón.

—No pienso quedarme quieto ni un segundo más viendo esto —le espeto con rabia.

Maddy me lanza una mirada de preocupación.

—No puede beber más, nunca toma más de una copa, como mucho, dos, porque no tolera bien el alcohol —me dice .

Me vuelvo hacia ella.

—Pues más a mi favor —le suelto antes de volver la mirada de nuevo hacia Aria.

Tiene las mejillas sonrojadas, los ojos vidriosos, y sus movimientos son tan exagerados que en otras circunstancias resultarían de lo más cómicos; hoy, sin embargo, no me hacen ni puñetera gracia.

El tío aparta sus rizos con una mano para plantar un beso en su cuello jaleado por sus amigos.

—Ni de puta coña —siseo encaminándome hacia ellos a toda velocidad.

—Aria, nos vamos —le digo con firmeza cuando llego a su altura.

Ella me observa durante unos segundos por encima del hombro, dedicándome una mirada llena de desilusión y tristeza.

—No me voy a ningún sitio, y menos contigo —responde arrastrando las palabras.

—Por supuesto que sí —replico.

El colega que la tiene cogida por la cintura me contempla con chulería.

—Te ha dicho que no se va contigo, tío —me espeta el muy idiota que, por lo visto, se siente muy valiente al estar arropado por sus amigos.

—Mi novia se viene conmigo —le aseguro cruzando los brazos sobre mi pecho.

El chico parece dudar durante un par de segundos, pero enseguida vuelve a su actitud chulesca del principio.

—¿Este es tu novio? —le pregunta a ella.

Aria se encoge de hombros y se pega más a él, dando a entender que lo que estoy diciendo no le interesa.

—Ya lo estás viendo —me suelta el muy gilipollas.

—No quiero problemas —le advierto.

—Pues deja de buscarlos.

—Me aburrooooooo —protesta Aria—. ¡Barry, un chupito más! —exclama completamente borracha .

El bueno de Barry me dirige una mirada disimulada, y yo niego con la cabeza.

—¡Barry! —lo llama ella de nuevo al no recibir respuesta.

El tipo, que todavía la tiene agarrada por la cintura, le planta un beso en el cuello sin apartar sus ojos de mí en lo que viene siendo una clara provocación.

—¿Qué te parece si nos vamos de aquí, preciosa? —le susurra al oído lo suficientemente alto como para que la escuchemos yo y todos los amigos que tiene alrededor.

Aria apenas es capaz de mantener los ojos abiertos y, sin esperar siquiera a que ella conteste, el muy cabrón le pasa la lengua por el cuello y añade:

—Verás qué bien te lo pasas con nosotros…

Eso es la gota que colma el vaso, más de lo que puedo soportar y, sin perder un segundo, lo empujo, separándolo de Aria, y me abalanzo sobre él.

Y lo mantengo atrapado entre mi cuerpo y la barra mientras lo agarro por la camiseta y, con el puño en alto enfocado hacia su nariz, le digo a pocos centímetros de su cara:

—Vuelve a tocarla y te arranco la lengua.

Al instante siento que sus amigos me rodean, pero los míos no tardan ni dos segundos en hacer acto de presencia.

—Ella quiere venirse conmigo —afirma el muy idiota, al que estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para no partirle la cara.

—Ella no sabe lo que quiere, está borracha y tú estás intentando aprovecharte —le espeta Maddy con dureza.

—Yo no la he obligado a nada —dice él sin rastro de arrepentimiento.

—Para el caso es lo mismo —contesta la entrenadora.

De repente la voz de Aria, quien por lo visto ha aprovechado la revuelta para escabullirse hasta allí, nos llega alta y clara a través del micrófono imitando (o intentando imitar, porque lo que sale de sus labios es un conjunto de berridos ininteligibles) a Madonna.

—Se acabó —afirmo sobrepasado.

De un empujón suelto al hombre que estoy agarrando y camino con paso firme hasta el escenario .

—Baja —le pido a grito pelado.

Ella me ignora, hace como que ni me ve y, sin pensarlo, la agarro por detrás de las rodillas, me la echo sobre el hombro como si fuese un saco de patatas y comienzo a caminar con ella cabeza abajo.

—¡Suéltame! ¡Esto es un secuestro! ¡Me están secuestrando! —grita a la vez que deja caer el micrófono al suelo y empieza a darme puñetazos en la espalda, revolviéndose e intentando librarse de mí, cosa que por supuesto no va a conseguir.

—Lo siento, Barry —me disculpo con el hombre cuando paso por su lado de camino a la puerta.

—Tranquilo —dice él negando con la cabeza.

Los chicos, Maddy y Savannah salen del local justo detrás de mí.

—¿A dónde vas? —pregunta Maddy, preocupada por el estado de su amiga.

—A mi casa —respondo enfadado.

—¿Andando? —pregunta ella.

—Voy, voy a… —nos interrumpe Aria con voz entrecortada.

Antes de que ella tenga tiempo de terminar la frase o yo de reaccionar y ponerla en el suelo, una arcada hace convulsionar su cuerpo y un río de vómito desciende por mi espalda.

Cierro los ojos e inspiro con fuerza.

—Sí, andando, estamos a un par de minutos y un poco de aire le sentará bien —afirmo con voz seca.

—Es mejor que se venga con nosotros —sugiere Savannah.

—Ni lo intentes —le advierto—. No lo va a tener tan fácil para librarse de esta.

Tanto Maddy como ella asienten y me miran con cara de pena. No les gusta dejarla en este estado, pero saben que yo nunca le haría daño, que conmigo estará bien y que, cuando vuelva en sí, ambos necesitaremos tener una conversación a solas, sin ningún tipo de intromisión.

Así que no insisten más y, despidiéndome de ellos con un movimiento de cabeza, avanzo por la calle cubierto de vómito y con Aria borracha colgada sobre mi hombro y murmurando palabras que no comprendo y, a decir verdad, prefiero no comprender.