Una jugada arriesgada Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—¡Bradley Wood! —lo reprende Savannah con los ojos abiertos de par en par.

—¿Qué? —se defiende él—. No sabes la de tiempo que llevamos esperando este momento .

—Es cierto —lo apoya Ryan—. Él se ha cansado de vacilar, ahora le toca aguantar. Además…, debería darle vergüenza no habernos informado a primerísima hora de la mañana.

—Sois un par de críos —los acusa Maddy.

—Un par de críos muy bocazas —especifica Savannah.

—Anda que… ¡A vosotras dos ya os vale! —les reclama Aria, que parece a punto de lanzarles una costilla a la cara.

—¡Estábamos emocionadas! —se defiende la rubia.

—¿Cómo es posible que yo no supiese nada de todo esto? —protesta Kevin sacando a relucir su vena más de portera.

—Será porque no tienes ojos en la cara —le contesta su hermana.

—¿Entonces estáis juntos? —se interesa Darla.

Aria y yo contestamos a la vez, pero nuestras respuestas son completamente opuestas.

—No —dice ella.

—Sí —digo yo.

Nos miramos con fijeza.

—Ehhh… ¿Sí o no? —quiere saber Kevin quien se lo está pasando pipa a nuestra costa.

Los dos nos quedamos en silencio durante unos segundos y, a continuación, volvemos a contestar a la vez. Y, aunque estoy seguro de que la respuesta de Aria esta vez va a ser diferente, para mi sorpresa se repite la historia anterior.

—Sí —afirmo yo.

—No —asegura ella con una rotundidad que me revuelve por dentro.

—Parece que no lo tenéis demasiado claro… —murmura Darla.

—No hemos hablado sobre el tema —anuncia Aria con gesto hosco.

—Normal, para qué hablar cuando se puede… —comienza a decir Ryan en tono mordaz.

—¡Jugar! Para qué hablar cuando se puede jugar —lo interrumpe Kevin señalando a su hija con un movimiento de cabeza que a puntito está de provocarle un esguince cervical .

—Por supuesto, hablar está sobrevalorado —comenta Brad.

—No digáis idioteces —reprendo a los imbéciles de mis amigos—. Lo que ocurre es que hay cosas que se dan por hecho —añado molesto al ver como el gesto de Aria poco a poco va cambiando hasta volverse frío como el hielo.

—Ah, ¿sí? —pregunta ella cruzando las manos sobre su pecho.

Se ha cerrado en banda y no comprendo por qué lo ha hecho. ¿Es que acaso se arrepiente de lo que ocurrió anoche? ¿Tan poco significa para ella lo que compartimos?

Me siento cabreado y defraudado a partes iguales.

—Por supuesto —respondo con firmeza.

—Pues yo creo que no debes dar las cosas por sentado antes de haberlas hablado. —Su voz cortante me enciende todavía más y, por un momento, incluso me olvido de la presencia de los demás.

—Disculpa si me he creado una idea equivocada —comento con ironía—.

Pero si me tiro toda la noche fo… —El carraspeo de Kevin me recuerda justo a tiempo dónde y con quién estoy— …

jugando con alguien —me corrijo—, es porque lo que hay entre nosotros es más que se…

—Un nuevo carraspeo me hace cambiar las palabras en el último momento— … un juego.

—Pues quizás deberías hacértelo mirar —me espeta ella con cierto aire de superioridad.

La contemplo apretando los dientes; no se imagina las ganas que tengo ahora mismo de decirle cuatro cosas bien dichas para hacerla reaccionar.

—¿Yo? ¿En serio te parece que soy yo quien debería hacérselo mirar? —replico, flipando por lo que estoy escuchando.

—Por supuesto que sí —contesta con firmeza—. Es muy liberador jugar —lo dice poniendo especial énfasis en la palabra— sin dar por sentado que hacerlo significa algo más, por muy divertido que haya sido.

—El problema es que hay gente que se mete en una partida sin conocer las reglas del juego —le suelto, mordiéndome la lengua para no soltar alguna burrada de la que pueda arrepentirme luego.

Su mirada es más fría y dura que un bloque de hielo, pero la mía echa fuego.

No me creo ni una sola de sus palabras; estuve allí, la vi derretirse entre mis brazos suspirando mi nombre, sostuve la intensidad de su mirada y me recreé en el temblor de su cuerpo, y por eso, diga lo que diga, por mucho que se empeñe en negarlo, no tengo ninguna duda de que lo que hubo entre nosotros fue mucho más que sexo.

—Los mayores tenéis mucha suerte. —La voz de la pequeña Molly acapara todas las miradas y nos saca de nuestro ensimismamiento—. A mí también me gustaría quedarme despierta jugando por la noche, pero ni papá ni mamá me dejan porque son unos muermos. Y no me gusta dormir, es una pérdida de tiempo.

—Créeme, tesoro, no te gustarían esos juegos —le susurra Lizeth frunciendo el ceño.

—Cualquier juego es mejor que dormir —rebate la niña—. ¿Cuándo voy a poder quedarme despierta jugando por la noche como Liam y Aria?

—Cuando tengas treinta años —se apresura a responder su padre con una mueca de desagrado.

—No te quejarás, Lizeth, primer día que te quedas con nosotros y ya tienes cena con espectáculo —bromea Ryan.

La chica arruga el gesto, turbada.

—Voy al baño —anuncia Aria en voz baja aprovechando la interrupción de nuestra discusión.

Sin esperar a que nadie diga nada se levanta y, sin volver la vista atrás, se aleja de la mesa y entra en la casa dando grandes zancadas.

En el mismo instante en que ella desparece todas las miradas recaen sobre mí.

—¿Piensas quedarte ahí sentado? —me espeta Maddy.

—Tu amiga es una cabezota —suelto.

—Eso no es ninguna novedad —afirma ella.

La fulmino con la mirada, pero la entrenadora no se achica.

—Maddy tiene razón: no puedes quedarte ahí como un pasmarote —dice Ryan .

—Con lo que os ha costado dar el paso… —corrobora Brad.

—Vosotros dos callad. Si hubieseis tenido la boca cerrada, no habría pasado nada —los acuso.

—Eso no te lo crees ni tú, solo hemos propiciado un pelín una conversación que estaba predestinada a ser —me dice el quarterback—. Además, sabes que te lo mereces por todo lo que nos ha vacilado a nosotros.

Los contemplo frunciendo el ceño.

En realidad, tienen parte de razón; vista la actitud de Aria, la conversación sí o sí iba a ser complicada. Pero ya les vale, ¡menudo sitio han elegido para provocarla!

—Ahora vengo —digo levantándome y alejándome sin más.

—Ánimo, valiente —le escucho decir a Ryan.

—Te voy a matar —lo amenaza Maddy entre susurros.

Valiente o no, las cosas no se van a quedar así. Ni de coña, no, señor.