Capítulo 26
Las vendidas de mis amigas
Aria
—¿Se puede? —pregunta la voz de Maddy desde el otro lado de la puerta.
Detrás de ella, Savannah me dedica una sonrisa tan inocente como falsa.
Arrugo la nariz y les dedico una mirada poco amistosa a ambas.
Son casi las dos de la tarde y estaba trabajando en el contenido de la página web que mi equipo está preparando para anunciar la yincana.
—Dudo que os marchéis aunque os diga que no… —contesto de mala gana—, así que…
Me hago a un lado y las dos entran de forma apresurada y me siguen hasta el salón, donde se acomodan una al lado de la otra en un sillón.
Yo me siento en la butaca en la que estaba antes de que tocaran al timbre y me coloco el portátil sobre las piernas para seguir trabajando mientras trato de ignorarlas .
Tres minutos, eso es todo lo que consiguen aguantar antes de intentar llamar de nuevo mi atención las muy petardas.
—No estarás enfadada… —deja caer Maddy como si tal cosa.
—¿Enfadada yo? ¿Por qué iba a estarlo? —pregunto con retintín, dejando el ordenador sobre la mesa de centro para fulminarlas con la mirada—. Ah, sí, espera, tal vez porque mis mejores amigas me mintieron.
—No te mentimos, solo ocultamos cierta información —se defiende la entrenadora.
—¡Ja! —exclamo—. Eso es una definición bastante exacta de mentir. Por no hablar de que me robasteis en mi propia casa —añado refiriéndome a la tetera que ellas sustrajeron sin que me diese cuenta.
Ambas intercambian una mirada…
En realidad, no estoy enfadada, pero si piensan que se lo voy a poner tan fácil, van apañadas.
—Para ser justas, no robamos nada, cogimos prestada la tetera durante unas horas —intenta argumentar Savannah—. Y solo nos prestamos a ello porque sabíamos que era para una buena causa.
—¡Ese es el tema! ¡Estabais aquí cuando Liam me llamó y, en lugar de decirme todo lo que estaba tramando, os callasteis como dos traidoras e hicisteis como si no tuvieseis idea de nada!
—Eso no es exactamente así —difiere Maddy—. No sabíamos lo que Liam tenía en mente.
—Es cierto —corrobora Savannah—. Solo le dijo a Ryan que estaba preparando algo especial y que necesitaba que le consiguiésemos esa tetera.
Pero no le especificó en qué consistía lo que quería hacer.
—Hace una pausa de unos segundos y continúa hablando—.
Le dijo que era una sorpresa y que te iba a gustar…
Las dos se quedan calladas con sus ojos clavados en mí.
—¿Qué? —pregunto, a pesar de que no tengo ninguna duda de lo que quieren saber.
Savannah resopla.
—Que si te gustó .
Las contemplo durante unos segundos más y cruzo los brazos sobre mi pecho.
—Me gustó —asiento al fin—. ¿Cómo no iba a gustarme?
Las Judas que tengo por amigas sonríen aliviadas.
—¿Piensas darnos más detalles o tenemos que torturarte para conseguirlos? —me increpa Maddy comenzando a impacientarse.
—Os merecéis que no os cuente ni una palabra, por vendidas. Pero como soy un alma caritativa…
—Qué morro tienes, tú también te mueres por contárnoslo —asevera ella echándose a reír.
—Eso también —admito sonriendo con complicidad.
—Primero fuimos en teleférico a la isla de Roosevelt.
—Noooo —dice Savannah abriendo mucho los ojos—. Pero si sabe que no te gustan nada las alturas.
—La verdad es que no estuvo mal —confieso—. Lo reservó entero para nosotros y las vistas eran maravillosas.
—Lo sé —suspira Maddy con aire soñador—. Ryan y yo fuimos una vez y fue superromántico, aunque la verdad es que me cuesta creer que consiguiese convencerte para subir en él.
—Se ve que Liam puede llegar a ser muy convincente —comenta Savannah con cierto retintín.
—Después —continúo diciendo como si no hubiese escuchado el comentario que la petarda de mi amiga acaba de hacer— estuvimos paseando por la isla, hicimos las fotos para la campaña de publicidad y nos comimos unas patatas que, por cierto, estaban buenísimas —añado un momento después.
—Chico listo, las patatas siempre son un acierto. —Savannah asiente, dando su conformidad.
—La vuelta fue en ferry —anuncio.
Una sonrisa asoma a mis labios al recordar ese momento.
—Ohhh, qué mono —murmura la entrenadora.
—Muy mono —corrobora Sav, colocándose un mechón de pelo detrás de la oreja.
—La verdad es que fue todo un detalle —admito recostándome en la butaca .
—Un superdetalle —afirma la entrenadora.
—Pues vais a flipar cuando os cuente lo que vino después… —dejo caer, haciéndome la interesante.
—Ya estás tardando —se impacienta ella.
—Creo que me apetece tomar algo… —comento con una sonrisa maliciosa mientras me levanto con la intención de dirigirme a la cocina—. ¿Vosotras queréis?
—¡Lo que queremos es que dejes de hacerte la interesante! —protesta la rubia.
—No me hago la interesante, soy interesante —recalco echando a caminar en dirección a la cocina.
Las dos me siguen y me siento como mamá pato seguida por sus patitos.
En cuanto llego a la nevera, saco una botella de agua fría y le doy un buen sorbo.
Ellas toman asiento en los taburetes que rodean la isla y esperan con gesto impaciente.
—Ahora que ya has saciado tu sed, ¿crees que podrías hacer lo mismo con nuestra curiosidad? —pregunta Savannah.
Echo un vistazo hacia la ventana y me tomo mi tiempo para hacerlas sufrir un poco más.
—Cuando llegamos al muelle, Ryan y Brad habían dejado allí su coche —les cuento.
Ellas intercambian una mirada de sorpresa.
—Esos dos se van a enterar, qué calladito se lo tenían —murmura Maddy.
—Antes de subir me pidió que me tapase los ojos con un antifaz para que no supiese a dónde nos dirigíamos.
—¿Y tú accediste a eso? —cuestiona ella sorprendida—. Chica, estás desconocida.
—Lo dicho, está visto que Liam puede ser muuuyyyy persuasivo —recalca nuestra amiga.
—Accedí —afirmo—. Y cuando llegamos y me quité el antifaz resultó que estábamos en el Greenacre Park.
Las dos abren los ojos de forma que me recuerdan a los platos de fi esta de mi abuela y vuelven a intercambiar una mirada.
—¿Ese es el sitio donde tus abuelos…? —comienza a decir Savannah.
—Celebran cada aniversario —la interrumpo terminando la frase por ella.
—Y no os imagináis lo bonito que estaba. —Suspiro y cierro los ojos durante un segundo para recrearme en la imagen que tengo grabada en la retina—. Estábamos solos y todo el espacio estaba iluminado por cientos de velas y lucecitas blancas.
Ambas me observan con expresión soñadora sin decir nada.
—Había una única mesa al lado de la cascada, y en el centro estaba mi tetera, con un precioso ramo de lirios rosas.
—¡Ohhh, por favor! ¿Se puede ser más romántico? —suspira Maddy.
—¿Y qué más pasó? —inquiere Savannah con anhelo.
—La cena estaba deliciosa —les aseguro—. Macarrones con queso.
—Vamos, que tenía pensado hasta el más mínimo detalle —declara ella.
Asiento, porque no podría estar más de acuerdo.
—¿Y qué más? —insiste mi amiga completamente enganchada a la historia.
—El tiempo pasó volando y, cuando quisimos darnos cuenta, llevábamos horas hablando.
—¿Solo hablando? —cuestiona Maddy sin esconder su desconcierto.
Me encojo de hombros.
—También nos reímos mucho y compartimos alguna que otra confidencia.
—¡Venga ya! ¡No fastidies! —exclama ella cruzando los brazos sobre su pecho—. ¡Para confesarte vete a una iglesia!
—¿Perdona? —pregunto divertida alzando las cejas.
—¡¿Pretendes que nos creamos que no pasó nada más?! —la apoya Savannah quien parece igual de descontenta.
—Os aseguro que no pasó nada más —afirmo levantando en modo juramen to la mano derecha—. Al menos ahí… —matizo conteniendo una sonrisa ante el gesto de decepción de ambas.
—Eso quiere decir que después… —El semblante de Maddy muta de la frustración a la esperanza.
—Lo invité a entrar en casa —afirmo, asintiendo con la cabeza.
—Espero que allí no os dedicaseis solo a hablar y compartir confidencias… —gime ella.
—Pues no, la verdad es que hablar lo que se dice hablar no hablamos demasiado. —Sonrío con picardía y las dos saltan del taburete a la vez.
—¡Dime, por favor, que terminasteis en la cama! —exige Savannah.
—¿Desde cuándo quieres que te cuente ese tipo de cosas?
—Ya te lo hemos dicho en más de una ocasión: después de todo el tiempo que llevamos aguantando vuestras peleas y toda esa tensión sexual que vais esparciendo a vuestro alrededor, nos hemos ganado el derecho de recibir todos los detalles —replica la rubia.
—Pues sí, ese fue uno de los sitios en los que acabamos.
—¿Uno de los sitios? ¿Hubo más sitios? —quiere saber Maddy.
—Puede que alguno.
—¿Alguno como…? —me anima a continuar mi amiga.
—Puede que como la ducha, el sillón del salón y el mueble del recibidor.
—¡Oh, madre mía, ahora sí que me vendría bien una de esas botellas de agua fría! —comenta ella de broma abanicándose con la mano.
Me echo a reír y ellas lo hacen conmigo. Se las ve emocionadas, quizás demasiado.
—En serio —dice Savannah clavando su mirada en mí—, me alegro mucho de que os hayáis decidido y por fin estéis juntos.
—Ehhh, frena —le pido con seriedad—. No te adelantes. Yo no he dicho que estemos juntos.
—Pero si acabas de… —murmura Maddy quien parece tan confundida como ella.
—Acabo de decir que nos acostamos, varias veces, y estuvo genial, pero eso es todo .
—Estás de coña, ¿no? —La expresión de Savannah es un poema.
—Para nada —les aseguro.
—¿Pretendes decirnos que con lo que os ha costado dar el paso todo se va a resumir a un simple polvo? —Maddy parece hasta ofendida.
—Uno no, cuatro, y de simples no tuvieron nada, fueron cuatro polvos espectaculares.
—Pues peor me lo pones —resopla y me atraviesa con la mirada—. ¡Venga ya, Aria! ¡¿Por qué?! ¡Si es evidente que estáis hechos el uno para el otro! ¡Todos los veíamos menos vosotros!
—No te voy a negar que hay atracción.
—Todas las personas que estamos en esta habitación, incluida tú, sabemos que hay mucho más que eso… —protesta ella.
—Pero —insisto— no hemos concretado nada.
Lo digo con total sinceridad, porque es la pura verdad; la noche fue increíble, después del asalto de la cama terminamos en la ducha, amanecimos en el sofá y, cuando ya creíamos que ninguno de los dos podía más, nos despedimos en el mueble del recibidor…
Liam es intenso, electrizante, sensual y adictivo. Por no hablar de que tiene un lado sensible y dulce que no me había imaginado y que lo vuelve aún más atractivo.
Sin embargo, lo que acabo de decirles a mis amigas es cierto: ni él ni yo le pusimos etiqueta a lo que pasó entre los dos, y estoy segura de que es mejor así, porque una cosa es una noche juntos y otra muy diferente una relación. Eso sería una mala idea, lo complicaría todo un montón.
Niego con la cabeza.
—Es mejor dejar las cosas como están, yo no soy de las que buscan relaciones serias, disfruto sin ataduras y sin problemas. Por no hablar de que Liam y yo somos polos opuestos, a pesar de que hayamos acercado posturas, seguimos siendo demasiado diferentes para mantener una relación estable…
Al menos eso es lo que me repito una y otra vez desde que esta mañana cruzó la puerta y salió de mi casa… Intento creérmelo, convencerme de ello, y creo que casi lo he conseguido… ¿O tal vez no?