Una jugada arriesgada Capítulo 20
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Capítulo 20

Una ducha, una visita y una llamada imprevista

Aria

Escucho el sonido del telefonillo, pero lo ignoro; son más de las nueve y media de la noche, sin duda debe de tratarse de alguien que viene a visitar a algún vecino y se ha confundido de casa.

Contemplo el plato de la ducha mientras me echo champú por segunda vez. Tiene tal mezcla de colores que parece que acabase de vomitar ahí el arcoíris.

Espero que los polvitos que compró la abuela sean más fáciles de quitar que los de la última vez, porque el año pasado una de mis camisetas favoritas terminó con un color verduzco imposible de quitar y tuve que tirarla a la basura.

Una sonrisa asoma a mis labios al recordar lo mucho que hemos disfrutado hoy…

Incluso a pesar de la pillada de mis primos y la posterior traición de Marcelo al cantar como un canario delante de todos los presentes, tengo que reconocer que ha sido un día genial.

Y sí, puede y solo puede que la presencia de Liam haya contribuido un poco (o bastante) a ello .

El agua caliente resbala por mi piel relajando cada uno de los músculos de mi cuerpo.

Me encanta, el momento de relajarme en la ducha es sin duda uno de mis preferidos de todo el día, un ritual que me tomo con parsimonia, y precisamente por eso me resulta incomprensible que, para algunas personas, ducharse sea algo mecánico, un proceso que hacen a toda prisa, tardando apenas dos o tres minutos, como si fuese solo una obligación, algo que quitarse de en medio, sin disfrutar ni recrearse en las sensaciones, en el vapor, el olor del jabón, la calidez del agua en la piel, como si se tratase de un mero trámite.

El timbre vuelve a sonar repetidas veces, arrancándome un resoplido de protesta.

«¿Quién narices puede ser tan insistente?».

Ni idea, pero sea quien sea es obvio que no se trata de una equivocación, así que, de mala gana, salgo de la ducha, me envuelvo en una toalla y abandono el baño, dejando huellas mojadas a lo largo del pasillo mientras lo recorro con el ceño fruncido y cara de pocos amigos.

Una cara que cambia del mosqueo a la estupefacción cuando, al llegar al piso de abajo, me encuentro con Maddy y Savannah colocando sus abrigos en el mueble del recibidor.

—¿Qué hacéis aquí? —pregunto sorprendida.

Estoy convencida de que no habíamos quedado ni nada parecido.

—¿De verdad pensabas que después de lo que pasó esta tarde ibas a irte a dormir sin darnos las pertinentes explicaciones? —cuestiona Maddy alzando la ceja divertida.

Resoplo molesta, porque sí, esa era justo mi idea.

—No debí daros esa llave —murmuro a la vez que les doy la espalda y me encamino de nuevo escaleras arriba para dirigirme a mi habitación—. Era solo para usar en caso de emergencia.

—Llamamos varias veces antes de usarla, pero no nos abrías —se justifica Savannah—. Además, a juzgar por todo ese vapor podría serlo… Un día te va a dar un bajón de tensión y te vas a caer redonda ahí dentro. ¿Se puede saber a qué temperatura pones el agua? —protesta mi amiga .

Echo un vistazo a la nube de vapor que, en efecto, sale por la puerta de mi habitación y me encojo de hombros.

—Me gusta el agua caliente —digo sin más.

—Y yo que estaba segura de que por hoy ya habías tenido suficiente calor —comenta Maddy con malicia.

—Ya empezamos… —murmuro.

—Ya te hemos dicho que no te ibas a librar, así que empieza a cantar.

—¿De verdad no podíais esperar a mañana para venir a cotillear? —protesto.

Ellas intercambian una mirada y responden al unísono, como si fuese evidente.

—No.

—Y sabes que, de haber sido al revés, tú hubieses hecho lo mismo… —declara Savannah cruzando los brazos sobre su pecho—. De hecho, dudo que nos hubieses dado tanto tiempo.

No digo nada porque tiene toda la razón; si cualquiera de ellas dos estuviese en mi situación, yo no habría esperado hasta ahora para reclamar información.

—Así que desembucha… —me ordena Maddy—. Desde cuándo te estás beneficiando a Liam.

—¡No me estoy beneficiando a nadie! —exclamo.

—Lo que queremos saber es desde cuándo Liam y tú estáis enrollados —interviene Savannah—. Y lo más importante: por qué nosotras —añade Maddy señalándose tanto a ella como a Savannah— hemos tenido que enterarnos a la vez que todo el mundo y por un niño de diez años.

—¡Que no estamos enrollados! —repito alzando la voz—. Ha sido la primera vez que pasa algo entre nosotros.

Las dos se miran de nuevo con cierta incredulidad.

—Pues ya es puntería que la primera vez os pillen —comenta Savannah.

—Eso mismo digo yo —protesto mientras cojo un pijama del armario y me lo pongo.

—También te digo que precisamente escondidos no es que estuviesen —le dice Maddy—. Anda que no habrá sitios para ir a liaros mejor que detrás de un árbol, en medio del jardín.

—No fue premeditado —afirmo escueta.

—Y dejando eso a un lado… —continúa Savannah.

Las dos se quedan en silencio, esperando a que diga algo, con la expectación dibujada en sus caras…

—¿Y dejando eso a un lado qué? —repito.

Mis amigas me contemplan como si me hubiese vuelto tonta de repente.

—¿Cómo que qué? —dice Maddy haciendo aspavientos con las manos.

—Que si te gustó —explica Savannah.

—Que si fue como te lo esperabas —añade la entrenadora.

—¿Se te erizó el vello?

—¿Te quedaste con ganas de más?

Las dos sueltan una pregunta tras otra sin parar, creo que ni siquiera se toman un momento para respirar; parecen una ametralladora fuera de control y lista para reponer munición sin dejar de disparar.

—No pienso contestaros a nada de eso —las corto alzando las manos.

Ellas intercambian una mirada divertida.

—¡Y una mierda que no! —exclama Maddy—. ¡Con la de tiempo que llevamos aguantando vuestras discusiones y peleas nos hemos ganado el derecho a exigir todas y cada una de las respuestas!

— Solo fue un beso, nada reseñable —declaro con la voz algo seca a la vez que me dirijo hacia el armario para coger unos calcetines.

—No tengo claro si intentas engañarte a ti misma o a nosotras, pero no cuela —afirma Savannah.

—Le estáis dando demasiada importancia —resoplo encaminándome hacia el baño para pasarme el cepillo por el pelo todavía mojado.

—Perdona que te diga, amiga, pero de las tres, la que más importancia le estás dando eres tú —me espeta Maddy con tono vacilón, alzando una ceja .

—Estás desvariando —la acuso.

—¿Con cuántos tíos has estado desde que nos conocemos? —replica ella.

—¿Pretendes que me ponga a enumerarlos? —rebato comenzando a molestarme.

—No es necesario, pero tienes que reconocer que nunca has sido lo que se dice pudorosa a la hora de hablar de tus relaciones, jamás has tenido problema en darnos detalles —insiste la entrenadora.

—A veces demasiados —interviene Savannah arrugando la nariz con una mueca de disgusto.

Contemplo a mis amigas en silencio, con los brazos cruzados sobre mi pecho.

Es cierto, soy una persona abierta que disfruta del sexo responsable y consensuado cuando le apetece, y nunca he tenido inconveniente en hablarlo con ellas, pero sigo sin comprender qué narices tiene eso que ver con esta conversación.

—Sigo sin entender a dónde queréis llegar, aparte de hacer constar que soy una libertina —rezongo.

—Solo decimos que nunca te has negado a compartir información con nosotras sobre esas «relaciones» porque ninguna de ellas tenía importancia para ti… Hasta ahora —murmura Savannah con intención.

Mi mandíbula se abre de forma desmesurada.

—Exacto —la apoya Maddy—. Las tres sabemos que lo de Liam no fue solo un beso, él es mucho más y lo que pasó significa muchííísimo más.

—Y precisamente por eso no quieres hablar de ello —termina Savannah.

Las contemplo como si estuviese planeando la forma más lenta y dolorosa de arrancarles la cabeza.

—Aria, en serio, no pasa nada —musita Maddy acercándose a mí para apretarme el brazo con cariño—. No es malo que admitas que sientes algo por Liam.

—Además, ni siquiera nos ha cogido por sorpresa, era algo que se veía venir —agrega Savannah .

—¿Has pensado en graduarte la vista? —le replico de mala gana.

—Era evidente que toda esa crispación, esa tensión constante que había entre vosotros tenía que esconder algo más que rechazo…

—contesta mi amiga encogiéndose de hombros—.

Aunque lo disfrazaseis de enfrentamiento, lo cierto es que ambos estabais todo el rato el uno pendiente de lo que hacía o decía el otro, dispuestos a saltar a la mínima oportunidad.

—Estáis como una regadera —las acuso.

—Yo creo que nunca hemos estado tan cuerdas —anuncia Maddy sonriendo.

—La pregunta es… ¿Y ahora? —inquiere Savannah.

—¿Y ahora qué? —repito.

Antes de que mi amiga pueda decir nada, mi móvil comienza a sonar en la mesilla con el nombre de Liam iluminándose en la pantalla.

Las tres intercambiamos una mirada y, antes de que pueda evitarlo, todas echamos a correr hacia el teléfono a la vez.

Sin dudarlo, me lanzo rodando encima de la cama y consigo cogerlo antes que ninguna de esas dos perturbadas que tengo por amigas.

—¿Sí? —respondo con la respiración algo entrecortada, dedicándoles una mirada de victoria a las dos desquiciadas.

—¿Aria? —La voz de Liam suena extrañada.

—Estás llamando a mi móvil. ¿Quién voy a ser? —replico escapando de las dos chifladas, que se pegan a mí como lapas para no perderse detalle de la conversación.

—Ya… —concede—. ¿Estás bien? —Parece preocupado.

—Ajá —respondo.

—Es que tu voz suena algo rara… —me dice.

—Hola, Liam —lo saluda Maddy, elevando el tono para hacerse escuchar.

—Hola, Liam —la imita Savannah.

—No sabía que estabas con las chicas —comenta.

—Y no lo estaba, lo que pasa es que han decidido venir a acosarme .

—No la estamos acosando, solo charlamos —se defiende la entrenadora.

—Me están haciendo un tercer grado —las acuso.

—Ya veo —responde y, por su tono, puedo intuir la sonrisa que se está dibujando en su cara—. No pretendo quitaros mucho tiempo, solo quería avisarte de que mañana a las dos de la tarde pasaré a buscarte. He encontrado el sitio perfecto para la cuarta actividad de la yincana.

—¿Mañana? —repito.

—Sí, ¿es que te viene mal?

—Le viene genial —responde por mí Savannah.

—¿El sitio no debería elegirlo yo, que soy la encargada de programar las pruebas? —protesto ignorando a mi amiga.

—Te va a gustar, confía en mí —declara con seguridad.

Durante unos segundos me quedo callada. Después de lo que ocurrió esta tarde, estoy segura de que lo más coherente sería dejar pasar unos cuantos días antes de volver a quedar, permitir que las cosas se enfriasen, reposasen… Sin embargo, las ganas de volver a verlo pueden más.

—No sé si me dará tiempo a comer —me hago la dura.

—Tienes tiempo de sobra —rebate.

—¿Y si me apetece dormir una siesta?

—¿Siesta? No eres un oso, no necesitas hibernar —bufa.

—Si voy a tener que aguantarte toda la tarde, igual necesito hacer acopio de fuerzas.

—Aria, todos los que estamos escuchando esta conversación sabemos que tú nunca, jamás en tu vida has dormido una siesta —afirma él.

—Touché —interviene Maddy conteniendo la risa.

Pongo los ojos en blanco.

—De acuerdo —accedo, en parte porque, por mucho que intente disimularlo, en el fondo, y no tan en el fondo, lo estoy deseando, y en parte porque, aunque no fuese así, con estas dos alcahuetas a mi lado no tendría forma de librarme—. Mañana a las dos. Espero que merezca la pena .

—Te prometo que te gustará.

Cuando cuelgo el teléfono, los ojos de mis amigas brillan más que dos farolas en medio de la más absoluta oscuridad.

—Qué bonito —murmura Savannah.

—No seas peliculera —le digo.

—¿A dónde crees que te llevará? —insiste ella observándome con estrellitas bailando en sus pupilas.

—No tengo ni idea —respondo.

—Ayyy, qué romántico, una cita sorpresa —suspira Maddy.

—No os equivoquéis, ni romántico ni cita… Es una actividad para la campaña de publicidad en la que estamos trabajando, nada más.

—Que sí, que sí, un trabajo durísimo y muy sacrificado —musita ella conteniendo una sonrisa.

—Estoy hablando en serio —insisto.

—Lo sabemos, y es una mierda porque que intentes mentirnos a nosotras es malo, pero que intentes mentirte a ti misma es peor —responde Savannah.

—Sois imposibles —las acuso, señalándolas con el dedo.

—Lo que tú digas, pero las tres sabemos que lo que hay entre tú y Liam está muy lejos de ser trabajo, incluso juraría que está lejísimos de ser solo una mera y simple atracción —replica Maddy.

Las contemplo con frustración; no voy a dar mi brazo a torcer, me niego a pensar que el cosquilleo que me recorre el cuerpo al pensar que mañana voy a estar con él sea ocasionado por algo más que la evidente atracción que ha surgido entre los dos.

Porque, por mucho que mis amigas se empeñen en adornarlo de sentimientos, corazoncitos y colorines, lo que está ocurriendo entre Liam y yo no es más que eso, tensión sexual y, por suerte, eso es algo que se me da bien manejar.