Una jugada arriesgada Capítulo 13
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Capítulo 13

La mejor tía del mundo y la peor hermana del universo

Liam

—Podéis creerme o no, pero os juro que estábamos tan a gusto y de repente le cambió el carácter —les susurro a Maddy y Savannah, que caminan a mi lado.

Los tres hemos acelerado un poco el paso y vamos unos metros por delante de los demás por el patio de la protectora—.

Me recordó a los peluchitos esos tan monos que se volvían malvados si tocaban el agua —añado.

—¿Te refieres a los Gremlins? —pregunta Maddy deteniéndose y alzando las cejas.

—Esos mismos —admito asintiendo.

—Siento ser yo quien te lo diga, pero tus referencias cinematográficas son más antiguas que las de mi abuela —se burla ella conteniendo la risa—. Por otro lado, no sé qué puede ser más peligroso, que Aria te escuche llamarla «peluchito adorable» o que la compares con ese muñeco tan horroroso.

—No os desviéis de lo importante —protesto.

—Y, según tú, ¿qué se supone que es lo importante? —cuestiona Brad, uniéndose a nosotros .

—Lo complicada que es —protesto resoplando—. Cuando estoy con ella nunca sé si estoy acertando o metiendo la pata.

—¡¿Complicada?! ¡¿Esa pequeñez te parece complicada?

! —exclama Kevin acelerando el paso para colocarse a mi lado—.

¡Complicado va a ser conseguir que Molly salga de aquí sin llevarse como mínimo dos o tres cachorros escondidos dentro de su mochila para casa!

—gime arrugando el ceño y revolviéndose el pelo con una mano.

—No seas exagerado —lo acusa su hermana—. Ni que la niña se dedicase a robar perros por los parques y las plazas.

—Lleva meses pidiéndome uno y ahora resulta que tú nos invitas a venir a un refugio. Eso es jugar sucio… —nos acusa.

La entrenadora le dedica una mirada de lo más inocente, pero no cuela.

—Podías haberte negado —sugiere encogiéndose de hombros.

—Sí, claro, como si hubiese tenido la más mínima oportunidad de no venir cuando propusiste el plan delante de tu sobrina. En cuanto mencionaste «paseo» y «perros» se le abrieron los ojos como platos.

—No seas dramático, no va a pasar nada por dejarla disfrutar con estos pobres animalitos.

—¿Dramático? —repite él—. Ya te recordaré lo dramático que soy cuando me toque jugar fuera y tú tengas que encargarte del perro.

—¿Perro? ¿Nos vamos a llevar un perro? —La niña, que se acerca corriendo, parece haber escuchado la última parte de la conversación, y sus ojos brillan por la ilusión como dos luciérnagas en medio de la noche.

—No, en absoluto, no nos vamos a llevar ningún perro —afirma Kevin con rotundidad.

—¿Por qué? —La decepción de la pequeña es tan evidente que se me encoge el corazón.

—Porque es una gran responsabilidad —le explica su padre tomándola de la mano mientras nos encaminamos hacia la puerta que da acceso a una de las naves donde están los animales.

—Mi profe dice que soy muy responsable para mi edad —comenta ella levantando la barbilla con dignidad .

—Y es cierto, pero un perro da mucho trabajo —le explica paciente su padre.

—Tú siempre dices que para conseguir las cosas hay que trabajar —le recuerda la niña.

—Me refiero a conseguir tus propósitos y tus metas.

—Mi propósito es tener un perro. —Molly no parece dispuesta a dar su brazo a torcer.

—No es un buen momento —dice Kevin a la vez que niega con la cabeza.

—Mi amiga Kira tiene un perro y duerme con ella a los pies de su cama; si yo tuviese un perrito a los pies de mi cama, nunca más me daría miedo la oscuridad —asegura Molly con aire soñador.

—Te lo repito, cariño, un perro da mucho trabajo y es una gran responsabilidad —insiste su padre.

—La abuela dice que los niños dan mucho trabajo y son una responsabilidad para toda la vida —afirma ella mirándolo con inocencia.

—Lo son.

—Pero tú me quieres, ¿verdad, papi? —pregunta con voz melosa.

—¡Claro que te quiero!

—Los niños también dan trabajo y, aun así, tú me quieres. ¿Verdad, papi? —Sonríe la pequeña con candidez.

—¡Por supuesto que sí! —exclama él.

—Pues entonces, aunque dé mucho trabajo, yo también quiero un perro.

—¿Está intentando hacerle chantaje emocional? —le susurro a Maddy entre asombrado y admirado.

Ella asiente, disimulando una sonrisa.

—Y, como puedes comprobar, se le da genial —me dice en el mismo tono.

Contemplo a la pequeña pensando en cuánto tendría que aprender de ella… Claro que con esa sonrisa angelical y esa carita de no haber roto un plato en toda su vida tiene una ventaja difícil de igualar.

—Ya lo hablaremos más adelante —intenta esquivar el tema su padre—. Por ahora disfruta de las horas que tienes por delante con ellos .

La niña no parece satisfecha, pero tampoco insiste más y, en cuanto entramos por la puerta principal, Luck y Trevor, dos de los voluntarios que, a pesar de ser solo un par de adolescentes en su último año de instituto, intentan sacar tiempo de sus estudios y actividades para echar una mano en el refugio, se acercan a nosotros sosteniendo las correas de varios perros, ella empieza a dar saltitos emocionada y se olvida del chantaje por el momento.

Observo como la mirada de los chicos brilla ilusionada al posarse sobre mis compañeros.

—Chicos —les digo—. Estos son mis amigos Brad, Kevin, Ryan, Maddy, Savannah y Aria.

Los adolescentes les dedican una sonrisa de admiración.

—Me parece una pasada todo lo que has conseguido —le dice Trevor a Maddy con sinceridad—. La jugada con la que conseguisteis anotar el ultimo touchdown en el partido contra Los Osos fue… —Niega con la cabeza, como si no encontrase las palabras.

—Una puta pasada —Luck termina la frase por él.

—Muchas gracias —responde Maddy—. ¿Vosotros jugáis? —se interesa.

—Yo no, lo intenté de pequeño, pero no es lo mío —reconoce Trevor pasándose la mano por la nuca.

—Yo sí, soy ala cerrada en el equipo del instituto —anuncia Luck con timidez.

—Aquí donde los veis, los ojeadores de Standford ya le han ofrecido a Luck una beca deportiva, y Trevor tiene un expediente tan brillante que el año que viene estudiará en Harvard —presumo, orgulloso de ellos por esforzarse en intentar dar cada día la mejor versión de sí mismos.

—Caramba, enhorabuena, eso es una pasada —los felicita Kevin.

—Son grandes chicos, estoy seguro de que si siguen trabajando como lo han hecho hasta ahora, van a lograr alcanzar cualquier meta que se propongan —anuncio con convicción.

—¿Seguro? —pregunta Molly quien, a pesar de estar acariciando a todos los perritos sin descanso, parece haber estado de lo más atenta a nuestra conversación .

—Por supuesto —me reafirmo—. Con perseverancia y trabajo se puede llegar al fin del mundo.

Ella asiente con solemnidad antes de preguntar:

—¿Qué es perseverancia?

—Es insistir y seguir intentando las cosas, aunque no salgan a la primera —le explica su tía.

—¿Eso quiere decir que si yo tengo mucha perseverancia puedo conseguir lo que quiera? —Suena esperanzada.

—No, si eso que quieres es conseguir que nos llevemos uno de estos perritos a casa —replica su padre, adivinando a dónde quiere llegar con esta conversación.

—No tendría que ser uno de estos exactamente… —suelta la niña como si nada, encogiéndose de hombros.

—Mollyyyy —le dice su padre en tono de advertencia.

—Hablando de perritos, ¿a quiénes nos vamos a llevar de paseo? —intervengo al ver el puchero de la niña.

—Como la idea es que cada pareja se lleve un perro, hemos seleccionado para vosotros a Kata, Mila y Trosky —nos explica Luck—. Son algunos de nuestros perritos más mayores y, por lo tanto, los que lo tienen más complicado para encontrar una familia.

—Así que hemos pensado que salir en la foto con vosotros les dará una visibilidad que les vendrá genial.

Les echo un vistazo a los tres animales.

Los conozco y todos ellos son adorables.

Kata y Trosky son mastines; Mila, en cambio, es una galga, y los tres llevan demasiado tiempo en el refugio sin saber lo que es el calor de una familia.

—¿Y yo? ¿Yo no tengo perrito? —Molly alza sus expresivos ojos hacia Luck, decepcionada.

—Para ti hemos pensado en algo especial —le responde él guiñándole un ojo y echando un vistazo atrás justo en el instante en que Allyson sale de la nave contigua a la principal sosteniendo entre sus brazos un cachorro que coloca en el suelo delante de la niña.

—Molly, te presento a Pecas —le dice la directora del refugio.

—¡Es preciosa! —exclama la niña extasiada mientras se tira de rodillas al suelo para llenar de mimos a la perrita que, encantada, mueve el rabo y comienza a chuparle la cara—.

Pecas, vas a ser mi nueva mejor amiga —le asegura ella a la cachorrita que, como si la entendiese, suelta un pequeño ladrido de felicidad.

Molly cierra los ojos, arruga la nariz y suelta una carcajada.

—Oh, mierda —gime Kevin en voz baja.

—Lo siento, amigo, pero estás perdido —susurra Brad divertido.

—¿Me lo dices o me lo cuentas? —murmura el sacrificado padre frunciendo el ceño.

—¡Es tannn, pero que tannn adorable! —exclama la niña entusiasmada—. ¿Verdad que es adorable, papá?

—Sí, tesoro, muy adorable —admite él de mala gana.

—Acabo de convertirme en la mejor tía del mundo —declara Maddy divertida.

—Puede —concede Kevin—. Pero también en la peor hermana del universo.

Todos, a excepción de Kevin, a quien el asunto no parece hacerle gracia, y Molly, que sigue ensimismada acariciando a la cachorrita, nos echamos a reír.

—¿Tenéis vuestra cesta de pícnic preparada? —se interesa Allyson.

—Por supuesto —respondo levantando la cesta de mimbre que sostengo (cortesía de Savannah).

—Pues entonces deberíais poneros en marcha, estos animalitos están ansiosos por salir —sugiere ella dirigiendo la mirada hacia los perros, que mueven el rabo de forma frenética.

—No se hable más —digo con voz animada, colocándome al lado de Aria quien sujeta la correa de Mila, la cual, al darse cuenta de que nos dirigimos hacia la puerta, pega un fuerte tirón, haciéndola tropezar.

Con rapidez, para intentar evitar un nuevo tirón del animal que termine con Aria estampada contra el suelo, coloco mi mano sobre la suya, sosteniéndola con firmeza.

—Buenos reflejos, Romeo —se cachondea Ryan, ganándose un codazo en el costado de su novia y una mirada de mi parte con la que podría desintegrarlo .

—Solo intento enseñarle a Aria que ella es quien tiene que pasear a Mila, y no al revés, porque por lo visto, no lo sabe —bromeo más a la defensiva de lo que me gustaría mientras evito pensar en el agradable cosquilleo que provoca en la palma de mi mano el tacto de su piel.

El cuerpo de Aria se tensa a mi lado y enseguida comprendo que acabo de cagarla de nuevo.

—Menudo imbécil —murmura sacudiendo su brazo para librarse de mí.

La veo adelantarse sin mirar atrás y le dedico otra mueca de disgusto a Ryan quien, lejos de mostrarse arrepentido, parece de lo más entretenido.

—¿En serio? ¿Eso ha sido lo mejor que se te ha ocurrido decir? —suspira Maddy al pasar a mi lado.

Me encojo de hombros con resignación.

—Anda que… —musita, negando con la cabeza a la vez que acelera el paso para alcanzar a su amiga.

—Ya te vale, tío —le reclamo a mi amigo cuando se sitúa a mi lado.

—Yo no tengo la culpa de que seas de muelle fácil —replica él.

—¿De muelle fácil? —interviene Brad—. Este viene sin el muelle de fábrica.

—Ja, ja, ja. Muy graciosos, sois los dos pero que muy graciosos —ironizo—. Es que me parto con vosotros, me río tanto que me duele el estómago.

—Mientras sea el estómago y no los huevos… —deja caer Brad—. Lo digo porque Aria te miraba como si la mayor ilusión de su vida fuese pegarte con todas sus fuerzas una patada en ellos.

Gimo y me encojo poniendo una expresión de dolor.

—Tranquilo, nosotros te protegeremos —se burla el cabronazo que ha provocado esta situación.

—Seremos tu escudo —añade Brad siguiendo la broma.

—Tus guardaespaldas —corrobora Ryan.

—Con dos guardaespaldas como vosotros estoy jodido .

—Siento ser yo quien te diga esto —comenta Kevin, que se acerca a nosotros con la pequeña Molly caminando a su lado de lo más entretenida con su cachorro—, pero estás jodido de todos modos.