Capítulo 10
Un plan inesperado
Liam
Estoy agotado; después de más de doce horas corriendo de un lado para otro, achicando agua, limpiando, secando y recolocando, cuando al fin salgo de la ducha, me pongo un pantalón de deporte, una camiseta y me dejo caer sobre la cama estoy convencido de que me voy a quedar frito antes de que me dé tiempo de contar hasta cinco.
Sin embargo, no llevo ni un minuto con los ojos cerrados cuando el timbre de mi casa comienza a sonar de forma compulsiva.
Echo un vistazo a la hora en la pantalla del móvil que he dejado sobre la mesilla y me levanto de la cama resoplando.
¡¿Quién cojones será el desquiciado que está quemando el timbre a las cinco de la madrugada?!
Molesto, bajo las escaleras arrastrando los pies y, bostezando, me dirijo al intercomunicador de la entrada para ver de quién se trata.
—¿Aria? —pregunto parpadeando varias veces.
—¿Me dejas pasar ?
Parece alterada; le abro sin dudar y voy casi corriendo a la puerta de la entrada para esperarla.
Ella atraviesa el jardín delantero a grandes zancadas y, cuando llega a mi altura, me observa con nerviosismo.
—¿Te he despertado? —pregunta colándose en el interior de mi casa sin saludarme siquiera.
La miro de arriba abajo y arqueo una ceja.
Lleva exactamente la misma pinta con la que apareció en el refugio.
—Estaba a punto de quedarme dormido —respondo—. Y tú, ¿has pasado por casa?
No sé ni para qué lo pregunto cuando es obvio que no.
—Aún no, no me ha dado tiempo —responde sin dejar de pasearse con nerviosismo de un lado a otro.
Voy a cerrar la puerta para intentar averiguar qué le pasa cuando el timbre vuelve a sonar.
—Deben de ser los chicos —murmura ella dirigiéndose al telefonillo para abrirles el portalón como si estuviese en su casa.
—¿Los chicos? —repito más desconcertado todavía—. ¿Qué hacen aquí los chicos a las cinco de la mañana? ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo? —pregunto empezando a preocuparme de verdad.
—Todavía no, pero va a pasar —anuncia en un tono de lo más enigmático.
Poco después, Maddy, Savannah y mis amigos entran con cara de circunstancias. Todos parecen tan dormidos como yo; la única que continúa espabilada, moviéndose de un lado a otro sin parar es Aria.
—Oh, oh —murmura Savannah.
—Mierda —susurra Maddy.
Ambas se miran entre ellas.
—¿Qué pasa? —pregunto.
—Tiene la cara —responde la primera en voz baja, señalando a Aria.
—¿Qué cara? —cuestiona Ryan.
—Esa cara —recalca ella en el mismo tono, señalándola—. La cara que pone cuando está tramando algo .
—Algo loco —corrobora Maddy entre dientes.
—Algo muy loco —matiza Savannah en voz baja, asintiendo, mientras suelta un gemido.
—¡Se me ha ocurrido una idea genial! —exclama Aria volviéndose hacia nosotros.
—Ya va a soltar la bomba… —musita Maddy.
Las contemplo con una mezcla de diversión y sorpresa sin saber si están hablando en serio o nos están vacilando a todos. A juzgar por sus expresiones precavidas y resignadas, no parecen bromear.
—En serio, no os vais a creer lo que se me ha ocurrido —insiste Aria sin dejar de mover las manos alterada.
—Suéltalo ya —la insta Ryan.
—He pensado que el siguiente punto de la yincana debería ser una visita al refugio —anuncia con los ojos brillantes por la emoción.
Sus palabras captan toda mi atención.
—Continúa —le pido, pues, si incluye el refugio, el tema sin duda me interesa.
—Por supuesto, primero habría que hablar con Allyson para ver si está de acuerdo, pero hacen una labor maravillosa y creo que sería una gran oportunidad para darle visibilidad a los perritos y buscarles una familia —prosigue ella acelerada.
—Es una gran idea —admito conmovido tras pensarlo durante un momento.
—¿Qué has pensado? —se interesa Maddy.
—Creo que la prueba consistiría en que las parejas participantes concertasen una cita con la protectora y se acercasen hasta allí para sacar a pasear a uno de los perritos —nos explica de forma precipitada, como si su mente fuese a más velocidad que sus palabras—.
Si no estoy equivocada, por la zona hay una especie de pradera con un merendero; podrían acercarse hasta allí para merendar, sacarse la foto con el perrito que les hayan asignado y de paso disfrutar de un rato de juegos con ellos. —Sus ojos brillan de la emoción.
—Así, al subir las fotos de las parejas con los perros a la plataforma conseguiríamos que muchas personas los viesen y probablemente algunas se interesarían por ellos —termino por ella .
—Exacto. Nos encargaríamos de anunciar que están disponibles para adoptar, incluso podríamos subir al lado de la foto una ficha con las características de cada animal —comenta mirándonos a todos—.
Ya sabéis, lo básico: nombre, sexo, edad, si es sociable, si tiene algún miedo o necesita medicación… —enumera.
—Amiga, has tenido muchas ideas desde que te conozco, pero creo que esta es, sin lugar a dudas, una de las mejores —afirma Savannah—. Me encantaría participar.
—Y lo harás —le asegura ella—. Por eso os he hecho venir; he pensado que para esta actividad podríamos participar los seis, incluso se lo podríamos decir a Kevin, estaría genial que la gente viese a varios jugadores implicados, eso los estimularía para colaborar e incluso para adoptar.
—Mañana por la mañana tenía pensado pasarme por el refugio para comprobar cómo va todo después del desastre de hoy. Si quieres, puedes venir conmigo y comentarlo con Allyson —le propongo.
—Me parece genial —afirma sin dudar—. ¿Me recoges a las nueve?
—¿De la mañana? —resoplo.
—No seas vago.
—No lo soy, es que ni siquiera nos hemos acostado todavía y dentro de nada va a salir el sol.
—Dormir es una pérdida de tiempo, ya lo harás cuando estés muerto —rebate ella.
Como si mencionar nuestra falta de horas de sueño hubiese terminado por agotarla, a Maddy se le escapa un bostezo.
—Habla por ti, yo quiero mi cama y la quiero ya —anuncia.
—Estoy contigo —la apoya Savannah.
—En serio, mi abuela tiene más aguante que vosotras dos juntas —protesta Aria.
—Tu abuela tiene más energía que una central nuclear —replica Ryan—. Esa mujer es incombustible.
—Pues también es verdad —admite Aria con una sonrisa complacida.
—Por desgracia, nosotros somos simples mortales, no superhéroes como ella, y nuestra batería hace rato que ha entrado en reserva —anuncia Brad.
—Está bien, muermos, que sois unos muermos —acepta ella de mala gana—. ¿Alguno me lleva a casa?
—¿Has venido caminando? —Savannah parpadea varias veces con incredulidad—. ¿Estás mal de la cabeza o qué te pasa?
—¡Ni que fuera pata tanto! Vivimos en la misma urbanización, a apenas un par de calles de distancia —le recuerda la aludida.
—Aun así, no deberías ir por ahí sola y caminando de madrugada —la regaña la rubia—. Ven con nosotros, te dejaremos en tu casa.
—¿Nos vemos mañana? —me pregunta dedicándome una última mirada.
—Te recojo a las diez —lo digo solo por si cuela, a pesar de que lo veo improbable.
—Buen intento, a las nueve —me corrige.
—A las diez —lo intento yo de nuevo.
—Nueve —niega ella con la cabeza.
—Ni para ti ni para mí: nueve y media —farfullo.
—Está bien —accede de mala gana.
—Maddy, ¿te encargas tú de avisar a Kevin por si le apetece unirse a nosotros? —la escucho decir mientras se alejan hacia la puerta.
—Claro, despreocúpate, mañana mismo hablaré con él —le responde la entrenadora justo antes de que todos salgan y me dejen solo otra vez.
Me quedo mirando fijamente la puerta por la que acaban de desaparecer.
Aria ha tenido una gran idea, una tan buena idea que comprendo que no quisiese esperar para compartirla con los demás, pero estoy reventado: o me voy ya a la cama o voy a terminar durmiéndome de pie.