Capítulo 5
Ofrenda de paz
Aria
—¿Se habrá cabreado mucho? —le pregunto a Savannah cuando nos paramos delante del portalón de mi casa.
Mi amiga ha insistido en acompañarme antes de volver a casa con Brad, pero, desde que nos despedimos de los demás, las dos hemos caminado en silencio sin que ninguna pronuncie ni una sola palabra.
Lo cierto es que desde que Liam se fue de esa forma me siento algo rara y quizás un poco culpable.
Estoy acostumbrada a nuestros piques y discusiones, y la sangre no suele llegar al río; no obstante, algo me dice que hoy se ha mosqueado de verdad, y no sé muy bien qué pensar o cómo reaccionar.
—¿Tú qué crees? —me responde ella en un tono cargado de sarcasmo.
Me encojo de hombros.
—Pienso que es una posibilidad, aunque no entiendo el motivo de su enfado —asevero—. Es solo una pequeña peleíta más.
Mi amiga se gira para enfrentarme .
—¿Qué esperas que te diga? —Su tono, entre el cansancio y la ironía, no me gusta nada.
—Lo que piensas.
—Dudo que quieras escucharlo —murmura entre dientes.
—Si no quisiese saberlo, no te lo estaría preguntando —declaro.
Ella cuadra los hombros y fija su mirada azulada y serena en la mía.
—Es evidente que chocáis, y admito que al principio vuestras pullas tenían cierta gracia, pero creo que poco a poco habéis ido convirtiendo las discusiones en vuestra única forma de interaccionar y la situación ha llegado a tal punto que no sabéis comunicaros si no es a través de ellas.
No estoy de acuerdo con lo que dice y estoy dispuesta a hacérselo saber, no obstante, en cuanto hago el ademán de abrir la boca, ella levanta un dedo para exigirme que no diga nada y la deje continuar.
—Los dos sois de mecha corta, habláis sin pensar, os cuesta frenar. Sobre todo, a ti —me acusa—. Y, por todo eso, cualquier día de estos una de esas peleítas de las que hablas se os va a ir de las manos y la cosa va a terminar mal, no solo para vosotros, también para los demás.
La preocupación que revela su mirada me golpea con fuerza.
—Deberías darle una vuelta —añade—. Piénsalo, creo que es el momento de parar… Igual si los dos os molestaseis en mirar más allá de vuestras rencillas, os daríais cuenta de que ambos tenéis mucho más que ofrecer y mostrar de lo que imagináis.
Su teléfono suena y, por cómo se ilumina su rostro al ver el nombre que se refleja en la pantalla, deduzco que es Brad.
—Toca noche de peli —me explica mientras teclea con rapidez sin desviar la mirada del teléfono.
—Pues vete, no lo hagas esperar —la animo, contenta de verla tan ilusionada.
Si hay alguien en el mundo que se merezca ser feliz, es Savannah, y más después de todo lo que sufrió por culpa de Harry durante la última temporada .
—Está bien —accede dándome un cariñoso abrazo—. Pero dale una vuelta a lo que hemos hablado.
Asiento y la veo alejarse con sus palabras todavía resonando con fuerza en mi cabeza.
Savannah no es una de esas personas que hablan por hablar, y tampoco le gusta dar consejos así como así, ni meterse en la vida de los demás.
Es de naturaleza reservada, algo tímida incluso, discreta y observadora y, precisamente por eso, es tan complicado ignorar lo que dice, porque sé que suele estar en lo cierto y hablar con conocimiento de causa.
Estoy tumbada en el sofá del salón, el cual permanece iluminado solo por la luz tenue de una pequeña lámpara de pie, mientras de fondo escucho el sonido de la televisión, aunque, a decir verdad, llevo un buen rato sin prestarle atención, y eso que la serie que tengo puesta me gusta un montón.
Las palabras de Savannah continúan retumbando en mi cabeza, haciéndome sentir un poquito culpable y dudar de cómo de fina he estado durante nuestra última discusión.
Puede que tenga algo de razón… Por el bien del grupo, igual es el momento de tender un puente, fumar la pipa de la paz o qué sé yo.
Dejo escapar un suspiro resignado y cojo el teléfono, que tengo apoyado a mi lado, dispuesta a terminar con esta situación que está ocupando demasiado espacio en mis pensamientos.
Echo un vistazo a la hora y comienzo a teclear.
Yo: ¿Estás durmiendo?
La respuesta no se hace esperar .
Liam: ¿Por qué? ¿Pretendes asesinarme mientras lo hago?
Vale, es evidente que sigue enfadado, de lo contrario no sería tan cortante a la primera de cambio.
Pongo una mueca de fastidio y cuento hasta diez para evitar contestarle como se merece…
Yo: Mejor te escribo mañana.
Voy a dejar el móvil cuando veo que continúa escribiendo.
Liam: ¿Qué querías?
Yo: Avisarte de que mañana por la tarde haremos la segunda actividad de la yincana.
Liam: Deberías preguntarme si tengo planes antes de dar por hecho que estoy libre.
Yo: ¿Los tienes?
Liam: Esa no es la cuestión.
Yo: ¿Y cuál es?
De verdad que estoy haciendo un ejercicio de autocontención digno de admiración para no mandarlo directito a la mierda.
Liam: Que no deberías concretar día y hora sin consultarme primero. Los demás también tenemos vida.
Yo: Es una cuestión de trabajo .
Le recuerdo.
Liam: Trabajo que no puedes organizar como te dé la gana, porque no depende solo de ti, depende de los dos.
La lengua está a punto de sangrarme de tanto mordérmela, lo juro, y mis dedos, a punto de cobrar vida propia mandando a paseo mi ya de por sí escaso autocontrol.
Yo: Tienes razón: si te va mal, lo dejamos para otro momento.
Liam: ¿Acabas de darme la razón? 😲
Yo: Ya ves, eso parece.
Liam: ¿Te encuentras bien? ¿No te habrán hecho una lobotomía o algo así? ¿Tengo que llamar a alguien? ¿Policía, bomberos, emergencias?
Yo: Buenas noches, Liam.
Respondo de forma seca, porque no me hace ni puñetera gracia que, encima del trabajo que me está costando contenerme, se cachondee de mí.
Liam: Espera.
Yo: ¿Qué?
Liam: No hace falta dejarlo para otro día, mañana me va bien.
Yo: Recógeme a las seis y media, esta vez conduces tú. No pienso permitirte subir en mi coche otra vez.
Liam: Así me gusta, que te preocupes por mi integridad física.
No sé si está bromeando o habla en serio, y la verdad es que tampoco me interesa saberlo.
Yo: Seis y media en punto.
Le recuerdo.
Liam: ¿A dónde vamos a ir?
Yo: Mañana lo verás.
Liam: Buenas noches, Rizos.
Por el apelativo deduzco que está menos cabreado que cuando empezamos la conversación. Aun así, no me gusta y lo sabe.
Yo: No me llames así.
Liam: 🫡
Yo: Buenas noches, Liam.
Liam: Buenas noches, Rizos.
Repite.
No contesto, me limito a poner los ojos en blanco y dejarlo por imposible. ¡Manda narices lo que tengo que aguantar! ¡Para que luego las chicas digan que debería poner más de mi parte y todas esas cosas!