Una jugada arriesgada Capítulo 4
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Capítulo 4

Preparar las botas de cowboy

Liam

—¡Os digo que está como una cabra! —insisto después de darle un sorbo a mi lata de Coca-Cola y dejarla de nuevo sobre la mesa del salón—. Estábamos hablando como personas normales y civilizadas y de repente se le fue la pinza.

Los chicos y yo estamos pasando la tarde en la casa de Ryan y Maddy, esperando a que lleguen las chicas; hemos quedado aquí porque hoy Brad y Savannah van a contarnos algunos detalles sobre la boda y quieren que estemos todos juntos.

—Te quiero, tío, y todos sabéis lo mucho que quiero a Aria, pero definiros a ambos como «personas normales» es ser muy, pero que muy generoso —replica Brad recostándose en el sillón.

—Cierto —corrobora Ryan—. Y lo de civilizados también os queda bastante grande.

—No tiene gracia —resoplo.

—No pretendíamos tenerla —replica Ryan—. Además, dices que estabais bien. ¿Qué hiciste para despertar a la bestia ?

—Nada —niego con la cabeza.

Ambos me contemplan con la incredulidad reflejada en sus rostros.

—Os juro que no hice nada —repito.

—No cuela, tío. —Brad se pasa una mano por el pelo.

—Quizás hice un comentario de lo más inocente sobre el estado de su coche, pero solo eso, lo juro —les aseguro levantando ambas manos.

—¿A qué te refieres con inocente? —insiste mi amigo achicando los ojos.

—Le dije que solo por la cantidad de papeles que tenía en los asientos traseros podrían acusarla de la deforestación del Amazonas —admito de mala gana.

—¡Liam! —Ryan se echa a reír.

—Y que debería hacérselo mirar, porque muchos casos de Diógenes empiezan así —añado en voz baja.

—¡La madre que te parió! —exclama Brad abriendo mucho los ojos—. ¡Te encanta sacarla de sus casillas! No puedes evitarlo, ¡es superior a ti!

—No lo hago a propósito.

—¡Y una mierda! ¡Disfrutas provocándola! ¡No lo niegues que te conozco! —me espeta Ryan.

Aprieto los labios y cruzo los brazos sobre mi pecho, a la defensiva.

Lo que dice es cierto; la mayor parte de mis discusiones con Aria me resultan refrescantes y adictivas.

Sus réplicas afiladas e ingeniosas me hacen aguzar el ingenio, y eso me resulta de lo más atractivo.

Lo malo es que a veces lo que comienza siendo un pique inocente se nos va de las manos y uno de los dos, cuando no ambos, terminamos cabreados de verdad.

—Me sale de manera natural —me disculpo.

—Lo que te pasa es que te gusta y no sabes cómo llamar su atención —me acusa Brad.

—No me gusta y mucho menos intento llamar su atención.

—No, claro, no te gusta .

—Pues no —me reafirmo.

—Por eso te pones de mala hostia cada vez que un tío se acerca a intentar ligar con ella.

Entrecierro los ojos… Cómo me jode que me conozcan tanto.

—Me importa una mierda con quién se líe o se deje de liar.

—Pues para no importarte, te quedas con una cara de vinagre que disimulas fatal.

—Lo que pasa es que creo que debería ser un poco más selectiva.

—Aria es una tía con las ideas claras, siempre ha dicho que no necesita a un hombre en su vida para ser feliz y es consecuente con ello, además, es una de las tías más independientes que conozco y la respeto por ello.

Así que si está soltera y le gusta disfrutar, ¿qué hay de malo en eso?

—cuestiona Brad—. Si fuese un tío, a todo el mundo le parecería de lo más normal.

—No vayas por ahí —le advierto—. Sabes que lo que digo no tiene nada que ver con el hecho de que sea un hombre o una mujer. Yo soy un tío y no voy tirándome todo lo que se me pone por delante.

—Ella tampoco, no seas exagerado, además, Brad tiene razón: Aria es una tía genial, es buena persona, divertida y le gusta vivir la vida, es un alma libre y eso es parte de su encanto —comenta Ryan—.

Lo que te pasa es que te mueres de celos cada vez que la ves con alguien, y ya no sabes cómo gestionarlo.

Estoy a punto de contestarle de mala manera cuando escuchamos el sonido de la puerta de la entrada abriéndose y la voz de Maddy nos llega alta y clara.

—¿Ryan? ¿Chicos? —nos llama.

—Estamos en el salón —contesta su novio sin apartar su mirada de mí.

—Ni una sola palabra más —les advierto a ambos al ver que me observan con cierta guasa—. Quiero tener el día tranquilo.

—No te preocupes, seguro que ya te vas a encargar tú solito de cagarla —se burla el quarterback .

Las chicas llegan y, mientras que tanto Maddy como Savannah se acercan a mis amigos para saludarlos de forma cariñosa, Aria se limita a dirigirme un movimiento de cabeza desganado y se deja caer en el sillón de enfrente justo en el extremo más alejado.

No me sorprende, tampoco es que esperase otra cosa, y aprovecho que ni me mira para contemplarla con descaro.

Su pelo rizado luce algo alborotado y tiene las mejillas sonrosadas, como si hubiese llegado corriendo.

Apenas lleva maquillaje, solo máscara de pestañas y un ligero brillo de labios…

Viste un vaquero desteñido y un jersey de color rojo holgado.

Se nota que va de andar por casa y no se ha arreglado y, aun así, está guapa.

Por mucho que me joda admitirlo siempre lo está, aunque esa sea una información que ni bajo pena de muerte admitiría en voz alta.

Su belleza es natural, rebelde, exótica y peligrosa a la vez. Sus ojos verdes me recuerdan a los de un felino, son como los de una pantera: impredecible e imposible de contener.

—¿Qué tal en casa de la abuela María? —pregunta Brad con naturalidad.

—Bien, pero tuve que aguantar una bronca por no obligaros a acompañarme, será mejor que la próxima vez aparezcáis o es capaz de venir ella misma a buscaros para arrastraros hasta allí.

—La abuela María es genial —afirma Ryan.

Me revuelvo incómodo en mi asiento; sé que ninguno de ellos lo hace por fastidiarme, pero de todo el grupo soy el único que nunca ha sido invitado a la casa de sus abuelos y, aunque no lo reconocería ni muerto, en parte, aunque sea en una parte muy pequeña, escucharlos hablar de ese tema con tanta naturalidad cuando yo siempre me quedo al margen me molesta.

—Lo es —admite ella sonriendo con cariño—. Aunque hoy me he llevado una colleja.

—¿Una colleja? ¿En serio? —Brad se echa a reír.

—Las reparte con alegría, como quien ofrece caramelos —le explica Maddy.

—Algo harías para merecerla —la acusa Savannah.

Ella se encoge de hombros, dando a entender que no va a entrar en detalles, pero un brillo divertido ilumina su mirada y no me pasa desapercibida la forma en la que sus facciones se han relajado desde que empezó a hablar de su abuela.

La miro con cierta envidia. Yo no conocí a mis abuelos, ni a los maternos ni a los paternos, y es una figura que siempre he echado de menos en mi vida.

Mi madre me tuvo pasados los cuarenta y sus padres ya eran mayores cuando la tuvieron a ella, por lo que, cuando yo nací, mis abuelos ya pasaban de los ochenta, y ambos murieron antes de que cumpliese los tres años, así que no tengo recuerdos de ellos.

Por otro lado, mi padre rompió cualquier tipo de relación con sus progenitores en cuanto entró en la universidad, y ni los unos ni el otro pusieron nunca nada de su parte ni demostraron ningún interés en retomar la relación, con lo cual, por ese lado tampoco pude disfrutarlos.

—Bueno, entremos en materia. —La voz de Maddy me trae de vuelta a la realidad—. Estoy deseando que nos contéis algo sobre la boda. ¿Habéis pensado ya cuándo y dónde será?

Savannah y Brad intercambian una mirada llena de complicidad.

Se comprometieron hace unos días y todavía no nos han desvelado ningún detalle de qué tipo de boda quieren celebrar, aunque, conociéndolos a ambos, a pesar de que mi amigo es uno de los mejores jugadores de la NFL y podría permitirse una fiesta a bombo y platillo, estoy bastante seguro de que será una ceremonia íntima y bastante familiar.

—Estamos esperando a alguien más —nos informa Savannah.

—Ah, ¿sí? —pregunta Ryan sorprendido.

—Sí —responde Brad en el momento en que el timbre vuelve a sonar—. Y creo que acaba de llegar.

Ryan saca su móvil del bolsillo y, después de ver de quién se trata, sonríe y, dándole a un botón, abre la puerta que da al jardín y a la entrada.

—Buenas noches a todos —nos saluda Kevin Ward, el hermano de Maddy, entrando en el salón.

—¡Kev! —La entrenadora se apresura a levantarse para abrazarlo y él besa su pelo con cariño .

Al igual que todos nosotros, Kevin también se mueve en el mundo del fútbol americano, él es ni más ni menos que el quarterback titular del otro equipo de la NFL de Nueva York, pero, a pesar de no jugar con nosotros desde que se mudó a la Gran Manzana, se ha convertido casi en uno más del grupo y todos le tenemos un gran cariño, eso por no hablar de que cuando amenazaron y secuestraron a Savannah, sin su ayuda es probable que el final de la historia hubiese sido muy distinto.

—Lo siento por retrasarme. He tenido que llevar a Molly a la casa de su madre, le toca quedarse con ella —se disculpa.

Molly es su hija, una niña adorable que tuvo cuando empezaba a despuntar su carrera y que hace las delicias de todos lo que la rodean.

Kevin y la madre de la pequeña nunca llegaron a estar juntos a nivel sentimental, no obstante, a pesar de que lo suyo fue cosa de una noche de locura, desde que ambos se enteraron de que ella estaba embarazada se esforzaron y pusieron todo de su parte para que su relación fuese sana y cordial.

La pequeña es lo más importante para los dos y eso se nota y es digno de alabar.

—No te preocupes, no íbamos a contar nada sin ti —le asegura Savannah.

—Y por eso eres mi rubia preferida —responde él guiñándole un ojo.

—Eeehhh —protesta en broma Aria, dándole un pequeño codazo cuando él se deja caer a su lado en el sofá—. Pensé que yo era tu chica preferida.

Él se echa a reír.

—Tú eres mi morena preferida —le sigue la broma, pasando un brazo sobre sus hombros. Y los dos comparten una mirada cargada de complicidad que me provoca cierta envidia.

—Bueno, pues ahora que estamos todos y que mi hermano tiene un amplio abanico de preferidas… ¿Podéis contarnos algo? —pide Maddy impaciente.

Savannah y Brad entrelazan los dedos y él comienza a hablar.

—Hemos decidido que la boda será en primavera, durante las próximas vacaciones, cuando acabe la temporada que vamos a empezar .

—Primavera… Me gusta, es una época bonita para casarse —afirma Aria sonriendo complacida.

—Necesitamos que todos estemos de vacaciones porque hemos decidido celebrarla en el rancho de mi familia —añade Brad sin contener la emoción.

—¿En Nebraska? —Ryan parece sorprendido.

Él asiente.

—Sé que es un viaje largo, pero ya que yo no tengo familia más allá de vosotros, nos ha parecido que sería bonito celebrarlo allí, en la casa familiar de Brad —añade Savannah compartiendo su entusiasmo.

—¿Nos vamos de boda a Nebraska? —pregunta Maddy.

—Eso parece —contesta su hermano guiñándole un ojo.

—¡Nos vamos a Nebraska! —exclama Aria aplaudiendo.

—Tenemos que montar a caballo, echar de comer al ganado, ir a pescar al río… —comienza a enumerar Maddy.

—¡Comprarnos unas botas y un sombrero! —la interrumpe Aria compartiendo su estado de excitación.

—¿Crees que podremos aprender a echar el lazo? —pregunta la entrenadora.

—Seguro que encontramos algún cowboy guapo que se ofrezca a enseñarnos —le responde la Rizos desplegando una espléndida sonrisa—. ¡Y no te olvides del baile en línea! ¡Indispensable que nos aprendamos algún baile en línea!

—¡Por supuesto, no podemos ir a Nebraska y no aprender a bailar en línea! —replica Maddy.

Brad suelta una sonora carcajada.

—Con ese listado de actividades, ¿creéis que os dará tiempo de asistir a la boda? —se cachondea.

—Tranquilo, dejaremos reservado un huequito para vosotros —replica ella siguiendo la broma.

—Me hace feliz ver que os ha gustado la idea, me daba un poco de miedo que os diese pereza hacer un viaje tan largo —comenta Savannah.

—Estás de coña, ¿no? —cuestiona Aria—. Sav, es tu boda, iríamos al fin del mundo con tal de verte vestida de blanco. Te prometo que va a ser una boda espectacular, la mejor de la historia de Nebraska.

—No es necesario, queremos algo íntimo y sencillo —anuncia ella sin perder la sonrisa.

—Que sea un ceremonia íntima y sencilla no quita que también pueda ser memorable y especial —la corrige Maddy.

—Estoy de acuerdo —interviene Ryan—. Sois geniales, chicos, os merecéis tener la boda de vuestros sueños, y de paso también la de los nuestros —añade bromeando.

—Estoy de acuerdo con todo lo que han dicho ellos —anuncio—. Aunque te hayas vuelto bastante moñas —acuso a Ryan quien me propina un ligero puñetazo en el hombro.

—Ya tardaba, aunque no me sorprende nada —murmura Aria negando con la cabeza.

—¿Se puede saber qué es eso que no te sorprende? —salto al instante buscando su mirada.

Sus ojos colisionan con los míos en actitud retadora.

—Que ese comentario tan desafortunado haya salido de tu boca.

—Solo era una broma —sentencio en tono contenido.

—Una broma que denota una importante falta de seguridad.

—¿Estás insinuando que soy inseguro?

Ella se encoge de hombros como si fuese lo más evidente del mundo.

—Acabas de acusar a Ryan de moñas solo por mostrar sensibilidad. Eso solo demuestra que te sientes inseguro en lo que respecta a tu masculinidad.

—No tengo ningún problema con mi masculinidad; soy muy, pero que muy masculino —rebato, empezando a ofenderme por el rumbo que está tomando esta conversación.

Los demás permanecen en silencio, mirándonos a los dos con atención.

—Si te hace feliz pensarlo…

—El comentario era una broma —repito— y, dado que todos los presentes a excepción de ti se lo han tomado como tal, quizás el problema lo tienes tú y no yo .

—Muy típico de ti… —murmura ella meneando la cabeza en señal de negación.

—¿El qué? ¿Qué se supone que es muy típico de mí? —exijo saber cada vez más alterado.

—Intentar librarte de tu mierda escupiéndola sobre los demás.

Aprieto los labios en una línea fina y cierro las manos en un puño.

¿Esta tía de qué cojones va? ¿Cómo se atreve a decir eso si me ha juzgado desde el primer día en que coincidió conmigo sin molestarse siquiera en conocerme?

Yo haría cualquier cosa por los que considero más hermanos que amigos, y que lo dude me ofende y me cabrea a partes iguales.

Que me acuse de algo así me parece mezquino.

—Puedo tener muchos defectos…

—Decir muchos es quedarse corto —me interrumpe.

—Pero te aseguro que ninguno de ellos es intentar descargar «mis mierdas», como tú las llamas, sobre los demás, y mucho menos sobre mis amigos.

Es evidente que estoy enfadado de verdad, se nota por mi tono y por mi expresión.

Por primera vez desde que la conozco, Aria se queda en silencio, estudiando mi reacción y, como no tengo ganas de que la cosa vaya a más, me levanto y, sin darle opción de réplica, hago un gesto con la mano para despedirme del resto y me dirijo fuera, dispuesto a irme a casa dando por finalizada la conversación.