Capítulo 1
Que viva la empatía
Aria
—¿No crees que deberías dejar ya el helado? Te has comido casi toda la tarrina, y es de litro y medio —pregunta Maddy intercambiando una mirada con Savannah.
Me encojo de hombros y me llevo a la boca una nueva cucharada del delicioso manjar de fresa que he robado del congelador de la casa que mi amiga comparte con Ryan.
Es sábado por la tarde y, aunque a partir de mañana pienso encerrarme en el despacho de mi casa para empezar a preparar la dichosa campaña que me han endosado esta mañana, ahora toca disfrutar de unos merecidos momentos de paz a solas con las chicas, sobre todo, teniendo en cuenta que estoy convencida de que durante algún tiempo se me va a olvidar el significado de esa palabra.
—A grandes males, grandes remedios —replico tras saborearla.
—Venga, no es para tanto —intenta animarme Maddy.
—Eso lo dices porque no eres tú la que va a tener que recorrerse la ciudad entera llevando a cabo las estúpidas pruebas de esa estúpida yincana con el estúpido de Liam. —El énfasis que pongo en el apelativo es incuestionable.
—No estoy de acuerdo en que la idea de la yincana sea estúpida, de hecho, me parece muy buena; ni mucho menos en que Liam lo sea —me contradice mi amiga.
—Opino igual, creo que es una muy buena estrategia de marketing —la apoya Savannah—. Y, mal que te pese, Liam es un amor.
—Hay amores que matan —rumio mientras la contemplo con los ojos entrecerrados.
Maddy y Savannah son mis mejores amigas y las quiero a rabiar, pero, cuando de Liam se trata, no son objetivas y prefiero ignorarlas sin más.
La primera es la entrenadora jefa de Los Lobos y la segunda, una de las fisioterapeutas del equipo.
Las dos son mujeres fuertes y luchadoras que han trabajado duro para hacerse un hueco en un mundo dominado por los hombres, y no podría estar más orgullosa de ellas por haberlo conseguido, sin embargo, Maddy es la novia de Ryan Hart, y Savannah, la prometida de Bradley Wood, que son, a su vez, el quarterback y el ala cerrada del equipo respectivamente, y para más inri, los mejores amigos de Liam…
, lo que se traduce en que, por culpa de mis amigas y sus novios (que, a diferencia del idiota de Liam, son increíbles y me caen genial), para mi desgracia, suelo pasar bastante tiempo con él más a menudo de lo que me gustaría.
—Además de que es lógico que lo hayan escogido para la campaña siendo el MVP de la temporada y uno de los jugadores más atractivos y carismáticos de Nueva York —declara Maddy.
Las aniquilo a las dos con la mirada porque, como buena publicista que soy, sé que tienen razón.
Liam es pretencioso, pedante, insufrible y tiene la capacidad de cabrearme y sacar lo peor de mí cada vez que respira el mismo aire que yo, pero su pelo rubio alborotado, sus indescriptibles ojos verdes (Los dos compartimos ese color, con la diferencia de que los míos son claros como las aguas de un mar en calma y los suyos, profundos e impenetrables como una selva inexplorada) y esa sonrisa que me saca de mis casillas, pero con la que podría protagonizar cualquier anuncio de televisión, unido a que en este momento es uno de los jugadores más valorados de Nueva York, lo hacen perfecto para ser la imagen de la puñetera campaña que voy a tener que preparar yo.
—Vuestro cometido esta noche no es razonar —anuncio señalándolas con la cuchara.
—Ah, ¿no? —Savannah coloca un mechón de su media melena rubia tras la oreja mientras sus cristalinos ojos azules rezuman diversión.
—¡Por supuesto que no! —exclamo—. ¡Sois mis amigas! ¡Deberíais compadeceros de mí y no regodearos en mi desgracia!
—Uy, sí… Pobrecita, vas a tener que visitar un montón de sitios interesantes con un chico encantador —comenta Maddy.
—Tu concepto de encantador difiere mucho del mío.
—Eso es porque tu concepto está un poco distorsionado —me acusa Savannah.
Hago un mohín; estaba claro que las dos iban a ponerse de su parte porque tienen debilidad por él.
—Por no hablar del aumento que supondrá este trabajito para tu cuenta bancaria. Imagino que esas horas extra estarán muy bien cobradas —añade Maddy conteniendo una sonrisa.
—Poco me parece para lo que voy a tener que aguantar… —murmuro llevándome una nueva cucharada de helado a la boca—. Eso por no mencionar que estoy segura de que él va a cobrar mucho más.
—Obviamente, él es la estrella —comenta Savannah encogiéndose de hombros.
—Más que la estrella, el estrellado diría yo —resoplo.
—Bueno, si tanto te molesta, siempre puedes renunciar al encargo… —sugiere mi amiga conteniendo una sonrisa, porque me conoce lo suficiente como para saber que eso no lo haría ni en mil años.
—¿Por quién me tomas? ¡Soy una profesional! —le aclaro elevando el mentón—. Solo que por parte de mis dos mejores amigas esperaba un poco más de apoyo en esta situación .
—Es cierto —afirma Maddy con un brillo de diversión brillando en su mirada color miel—. ¡Qué malas personas somos! ¡Deberíamos sentirnos avergonzadas!
—Un día de estos voy a buscarme otras amigas —las amenazo—. Unas más empáticas y comprensivas.
—Al menos, estamos en plenas vacaciones y no en medio de la temporada —replica ella pensativa.
—¿Eso te consuela? —cuestiono.
—Mucho —responde—. No tengo demasiadas esperanzas en que los dos salgáis con vida de esto, y necesito a Liam en perfecto estado cuando empiecen los entrenamientos.
—Ja, ja, ja. ¿Por quién me tomas? Que no me apetezca pasar tiempo con él no significa que no sepa comportarme.
—Te recuerdo que la última vez que dijiste eso perdiste una apuesta y acabaste fregando los platos —murmura Savannah.
Aprieto la mandíbula. Liam me provoca cada vez que abre la boca, y yo parezco tener un efecto bastante similar sobre él, por eso es complicado conseguir que estemos en el mismo espacio sin que alguno de los dos empiece a lanzar dardos, la mayoría envenenados y bastante afilados.
—No digo que sea mal tío… —trato de sonar neutral.
—Es que si lo dijeses, estarías mintiendo —me interrumpe la entrenadora recogiéndose su larga melena castaña en una coleta alta.
—Es solo que no congeniamos, somos tan diferentes que siempre chocamos —continúo diciendo.
—Yo creo que el problema es justo el contrario —me corrige Savannah.
—¿Perdona? —la increpo, incapaz de creer lo que acabo de escuchar—. Pensé que me conocíais un poco mejor —bufo.
—Y lo hacemos —afirma ella—. Por eso sabemos que vuestro problema no es ser muy diferentes, sino justo todo lo contrario. Estáis hechos de la misma pasta y por eso chocáis tanto.
—Lo que me faltaba por escuchar. —Niego con la cabeza al mismo tiempo que cruzo los brazos sobre mi pecho, indignada .
—Por si te sirve de consuelo —dice Maddy en un claro intento de compensar el comentario anterior—, estoy segura de que con Liam o sin él conseguirás que esta campaña sea todo un éxito.
—¡Eso no lo dudes, en mi trabajo soy la mejor!
Ambas sonríen, conscientes de que lo digo completamente en serio. Es cierto que en lo que respecta a mi vida privada puedo llegar a ser un poco alocada, pero en mi faceta laboral no hay persona más profesional, metódica, imaginativa y organizada.
Soy una crack , una de las mejores en lo mío, así que sí, el equipo, el Ayuntamiento y el puñetero Liam Jackson deberían sentirse afortunados de poder contar conmigo.
Liam
Después de unos cuantos largos que me ayudan a relajar los músculos de mis hombros salgo de la piscina climatizada y me dejo caer en una de las tumbonas cerrando los ojos.
Anoche, los chicos y yo quedamos en la casa de Brad (que ahora comparte con Savannah, su flamante prometida, a la que por cierto aprecio un montón) para ver el partido, y al final una cosa llevó a la otra y, cuando llegué a casa, pasaban de las tres de la madrugada.
Por norma general no suelo trasnochar, es cierto que desde fuera parezco extrovertido y despreocupado, pero jugar como receptor en Los Lobos es un sueño, un sueño del que espero poder seguir disfrutando muchos años, y soy consciente de que para lograr mantenerme al máximo nivel debo cuidarme y ser disciplinado con la mayoría de mis hábitos.
Sin embargo, estamos en temporada baja y acabamos de empezar las vacaciones, lo que se traduce en tiempo libre para pasarlo bien, desconectar y descansar.
El zumbido del móvil, que vibra sobre la mesita baja que tengo al lado, capta mi atención y alargo la mano para desbloquearlo.
Es un wasap de Aria y, como no podía ser de otra forma, el mensaje es escueto y directo y tan seco como ella .
Aria: Mañana a las nueve en punto te recojo en tu casa. No me hagas esperar.
Lo leo y soy incapaz de resistir el impulso de picarla.
Yo: ¿Tan pronto? ¿No me digas que ya me echas de menos?
Aria: Pufff, no te haces una idea de cuánto.
Me echo a reír al imaginarla torciendo el gesto y poniendo los ojos en blanco.
Yo: Ahora en serio: ¿Sabes que estoy de vacaciones? ¿De verdad es necesario hacerme madrugar tanto?
Aria: Sí, vamos a probar la primera actividad para la yincana, a ver si conseguimos hacer algo decente que se pueda usar para la campaña.
Estoy convencido de que, a pesar de estar en pleno fin de semana, Aria se habrá pasado horas planificando el desarrollo de las pruebas desde que salió del despacho de Logan, y lo cierto es que me muero de curiosidad.
Yo: ¿Piensas contarme cómo vas a organizarlo todo?
Aria: No entraba en mis planes más inmediatos, la verdad .
Yo: Pues igual deberías, sobre todo, porque soy el reclamo principal.
Aria: No te lo creas tanto, podrían haber elegido a cualquiera.
Yo: Pero me han elegido a mí…
Estoy casi convencido de que va a dejarme en visto y ni siquiera va a contestar, pero justo cuando me dispongo a dejar de nuevo el teléfono en la mesa compruebo que está tecleando de nuevo.
Aria: La yincana se compone de siete retos que los participantes deben completar, cada vez que terminen uno de ellos tendrán que sacarse una foto que demuestre que lo han llevado a cabo y la subirán a una web que crearemos y vincularemos a la página y las redes sociales del equipo y también del Ayuntamiento.
»En ese momento recibirán un correo electrónico que contendrá una pista como premio y la información sobre la siguiente prueba, y así sucesivamente hasta terminar todas y cada una de ellas.
En ese momento los participantes recibirán un último correo que contiene un enigma que deberán resolver ayudándose de las pistas conseguidas.
Al resolverlo, si la respuesta es correcta, se les dará un número para entrar en el sorteo del pack de entradas que se efectuará ante notario el día indicado en las bases de la campaña.
Yo: Es una gran idea .
Admito, porque lo cierto es que me parece original y bien planteado, sobre todo, teniendo en cuenta que ni siquiera han pasado cuarenta y ocho horas desde que recibió el encargo.
Aria: Por supuesto que es una gran idea.
Yo: ¿Quién es ahora la que no debería creérselo tanto?
Aria: No es que me lo crea, es que no me gusta la falsa modestia.
Me encantaría meterme un poco más con ella (durante los últimos meses hacerla perder los estribos parece haberse convertido en uno de mis pasatiempos favoritos), pero siento curiosidad, así que me centro en preguntar.
Yo: ¿Cuáles van a ser las ubicaciones y las pruebas?
Aria: No pienso decírtelo, lo irás descubriendo cuando las vayamos haciendo.
Yo: ¿Ni siquiera la de mañana?
Aria: No.
Yo: No me digas que te hace ilusión sorprenderme.
Aria: No lo flipes, se llama estrategia de mercado, quiero ver tu reacción para deducir cuál puede ser la de los participantes .
Yo: ¿Estás usándome como conejillo de indias?
Aria: Ni de coña, esos animalitos son demasiado monos, tú eres más como una rana de laboratorio.
El comentario me arranca una carcajada, la verdad es que me divierten su lengua afilada y sus respuestas rápidas.
Yo: ¿Debo tener miedo de que intentes diseccionarme?
Bromeo.
Aria: Ni de coña, me da un asco terrible la sangre.
Me echo a reír de nuevo.
Me estoy divirtiendo y por eso pretendo seguir la conversación un poco más, pero ella no me da la opción.
Aria: Buenas noches, no se te ocurra hacerme esperar, sé puntual y no llegues tarde.
Liam: A la orden, Rizos.
Aria: Deja de llamarme así.
Liam: ¿Por qué? ¿Acaso ahora tienes el pelo liso?
Espero su respuesta, pero esta vez sí que pasa de contestarme y, dando la conversación por terminada, me deja en visto.
Me levanto de la tumbona y me encamino hacia la escalera, preguntándome qué me tendrá preparado para el primer reto de la yincana… Tratándose de esta chica, puede ser cualquier cosa, y me muero de curiosidad, pero, por lo visto, para descubrirlo no me quedará otra que esperar hasta mañana.