Una joya por robar (Pasiones robadas 2) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Por fortuna, gracias a la afición de Wilington por los licores y a la lista de tareas del mayordomo, este había puesto en manos de Xander una llave y el deber de mantener bien surtido el aparador.

Sin embargo, aquel punto de entrada los había decepcionado.

Aunque el pasadizo los llevaba de una habitación a otra, la mayoría de las puertas estaban cerradas con llave.

Las cerraduras no solían ser un problema para Xander, ya que podía abrir una normal en cuestión de segundos, pero aquellas no eran cerraduras normales.

Le había escrito a Arie para pedirle que enviara herramientas especiales desde Londres, y solo podía esperar que llegaran pronto a la oficina de correos del pueblo.

La rareza de su diseño no hacía sino aumentar el misterio de la colección de Wilington.

Un misterio que debía hacer que todo aquello valiera la pena.

—¿Vas a contarme lo de Juliet? —preguntó Damien, balanceándose de un pie a otro mientras se tiraba del cuello de la librea, recordándole a Xander lo muchísimo que picaba.

—¿Qué pasa con ella? —preguntó Xander, más hosco de lo habitual, pero Damien lo conocía lo bastante bien como para limitarse a poner los ojos en blanco.

—¿De verdad tengo que preguntártelo? —preguntó Damien, cruzándose de brazos sobre el pecho, lo que tensó la tela de la chaqueta sobre sus anchos hombros con un crujido nada cómodo—. ¿Por qué está aquí? ¿Y qué va a significar esto para nosotros?

—Al parecer está aquí porque el barón la está cortejando.

Xander intentó mantener la voz neutra.

Damien abrió los ojos con asombro.

—¿Ese viejo cabrón?

Xander no pudo evitar soltar una risotada breve.

—Sí, por desgracia —dijo con ironía—. Yo, sin embargo, tengo la sensación de que sé la verdadera razón por la que Juliet está aquí. Por la misma razón que nosotros.

—¿Y eso qué significa para ti?

—¿Qué quieres decir?

Damien lo miró con una exasperación elocuente.

—Puede que creas que nos engañaste a todos, pero sabemos por qué la dejaste, Xander. No querías que formara parte de esta vida. De nuestra vida. Pensaste que estaría mejor sin ti. Nunca volviste a ser el mismo después de que ella saliera herida.

—Puede ser —dijo Xander con brusquedad. Había querido que todos creyeran que era porque no deseaba sentar la cabeza con una sola mujer. Pero Damien estaba mucho más cerca de la verdad.

—¿Vas a decírselo a Arie?

—Ella no tiene nada que ver con Arie —dijo Xander con aspereza, consciente de la vehemencia de su propia voz, pero incapaz de evitarlo.

Su hermano no se caracterizaba precisamente por ver más allá de lo que tenía delante cuando se trataba de un gran robo.

Además, nunca había apoyado del todo la relación de Xander con Juliet y se había mostrado bastante tajante al afirmar que Xander había hecho bien en dejarla.

Xander se volvió hacia Damien.

—No le digas nada.

Damien alzó las manos ante sí.

—Por supuesto. Pero ten cuidado, Xander.

—Lo haré —dijo Xander—. Pero debo asegurarme de que salga de aquí sana y salva, pase lo que pase con las joyas. Le guste a quien le guste, es culpa mía que acabara metida en esta vida, y de un modo u otro esta vez voy a sacarla de ella.

—Claro —murmuró Damien.

—En cuanto a esta noche...

Dejó de hablar cuando una presencia demasiado familiar que avanzaba por el sendero captó de pronto su atención.

Se mantenía apartada del resto del gentío, de pie muy cerca de una mujer que Xander no reconoció.

Juliet llevaba un vestido de muselina rosa pálido, nada que ver con los brillantes tejidos que había lucido cuando estaban juntos.

Aunque, en aquellos tiempos, cuando estaban juntos, por lo general ella interpretaba un papel u otro, según el plan en el que estuvieran metidos.

Hasta que resultó herida, su vida corrió peligro y estuvo a punto de morir por culpa de él.

Le había dejado lo suficiente para que pudiera empezar de nuevo.

Entonces, ¿por qué estaba allí ahora? No podía desear de verdad a un hombre como lord Wilington...

, ¿o sí? Como si le hubiera leído el pensamiento, Juliet alzó la vista, y había desaparecido la expresión inocente de una mujer que intentaba impresionar a un lord en busca de una belleza crédula.

No, cuando alzó la mirada para evaluar a la gente que tenía delante y la casa ante ella, lo hizo con la expresión de la mujer que él había conocido cinco años atrás.

La mujer que había sido su pareja perfecta en todos los sentidos.

La mujer a la que había amado, su igual, y a la que nunca había conseguido olvidar.

Y fue en ese momento cuando lo supo sin la menor duda. Juliet estaba allí exactamente por la misma razón que él.

—¿Qué decías? —preguntó Damien, con una media sonrisa burlona al seguir la dirección de la mirada de Xander.

—Estaba diciendo que esta noche probaremos unas cuantas puertas más. Quizá incluso esta tarde uno de nosotros pueda entrar por el pasadizo que encontramos en el despacho.

Rebuscó en los bolsillos para darle las llaves a Damien. Damien esperó con paciencia.

—¿Pasa algo?

—No encuentro las llaves —dijo Xander, mirando a su alrededor, preso del pánico por un instante.

Alzó la vista y vio a Juliet en la escalinata, justo cuando estaba a punto de entrar en la casa.

Como si hubiera sentido su mirada sobre ella, volvió la cabeza y le sostuvo la mirada.

Entonces, con una sonrisa pausada, metió la mano en un bolsillo oculto de su vestido, sacó un objeto y lo alzó ante sí entre el dedo índice y el pulgar.

Xander no pudo evitar sonreír de oreja a oreja al ver las llaves colgando de sus dedos.