Una familia moderna Penny
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Penny

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E stoy en un duermevela, aunque no querría despertarme nunca.

No abro los ojos porque no quiero que mi madre se dé cuenta de que me estoy despertando.

No quiero hablar con ella, ni con Martha ni con Thomas.

No tengo nada que decirles, aunque en realidad es que no sé qué podría decirles porque no estoy segura ni de lo que pienso ni de lo que siento.

¿Soy un monstruo? Lucía ha dicho que soy un monstruo. Puede que tenga razón, aunque no lo sé.

Estoy cansada de ser como soy. Estoy cansada de vivir en una familia como esta.

Mi madre es medio tonta, mi abuelo va a lo suyo y Martha…

Mi abuela no quiere hacerse vieja, pero ya lo es.

¿Por qué me han consentido todo? A lo mejor porque no les importaba lo que hacía o para no tener problemas.

Mi abuela dice que recuerda con aprensión los gritos de su padre cuando les regañaba al tío Alberto o a ella.

Un día me dijo que para ella lo más importante es que haya paz en casa.

Pero ¿qué paz? Creo que no les importo a ninguno.

No es que no me quieran, sino que todos interpretan un papel: mi abuelo, el de «guay comprensivo»; Martha, el de la abuela pasota, y mi madre… mi madre es muy simple y muy débil.

¿Por qué he hecho todo lo que he hecho? ¿Por qué no me conformé con ser como las demás niñas del colegio?

En realidad, no me gusto cuando me miro al espejo.

Llevo el pelo cortado por un lado y largo por otro para dejar claro que soy lo que quiero ser en cada momento, que nadie tiene poder sobre mis deseos.

Pero no sé lo que quiero ser, no sé lo que soy.

A veces tengo ganas de empezar a romper todo lo que hay en mi habitación y en esta casa.

Estoy harta de escucharlos decir «hay que comprenderla», «aún es pronto para que madure», «tiene derecho a experimentar y después decidir», «algún día se reirá de lo que está haciendo ahora».

Pero no me dicen ni sí ni no a nada, es como si no les importara lo que hago.

Y lo de Luz, esa niña siempre ha sido un poco tonta, aunque es buena persona.

Me cae bien, sé que de todas mis amigas ella es la única que lo es de verdad.

No habría estado mal casarnos. Hace todo lo que le digo, sea lo que sea.

La otra noche, mis colegas estaban demasiado colgados con el MDMA y la cocaína.

Me empecé a aburrir y llamé a Luz; ella siempre está dispuesta a dejarlo todo por complacerme.

Le dijo a su madre que íbamos al cine. Y fuimos, pero luego le propuse venir a casa.

Llamé a Rosa para convencerla de que la dejara quedarse a dormir; al fin y al cabo, aquí vive Lucía, que es su abuela.

Rosa dudó. Sé que no le caigo bien, pero casi nunca se atreve a contrariarme.

Nos dijo que cuando llegáramos se lo dijéramos a Lucía, pero no lo hicimos.

Nos encerramos en mi habitación y le di una pastilla para que se tranquilizara.

Le dije a Luz que se desnudara y se tumbara en la cama.

Luz podría haberme dicho que no, pero no fue capaz.

Después de lo que le hice, ella se puso a llorar y por eso le propuse casarnos.

Pero me dijo que éramos chicas y que ella no quería casarse con una chica.

La única opción es que yo transicionara y me hiciera chico.

Al principio le pareció buena idea, pero luego empezó a llorar y a llorar. Me puso de los nervios.

Pero he tomado una decisión, por eso no quiero que mi madre se dé cuenta de que me estoy despertando. Me haré la dormida hasta que ella se duerma. No sé qué hora es, pero ya es casi de noche, así que en algún momento se tendrá que dormir.

No puedo dejar de pensar en lo que ha dicho Lucía, que soy un monstruo. Si soy un monstruo, no merezco vivir, ¿o sí?