Capítulo 2 #8
—Sigo pensando lo mismo, pero en el caso de nuestra hija, fue una decisión fruto de la frustración.
Ese novio que tuvo Felicitas, el tal Agustín, era un estúpido, además de inmaduro, pero hay otros hombres en el mundo.
Sin embargo, nuestra hija vivió el fin de la relación como un fracaso existencial y decidió que ya no dejaría que ningún hombre formara parte de su vida, y siguiendo mi consejo fue a ese banco de semen y dio a luz a Penny, que, reconocerás conmigo, no es precisamente la octava maravilla.
—¿Y sería la octava maravilla si fuera hija de aquel chico que dejó plantada a Felicitas?
—Desde luego que no. Solo conoceríamos el nombre de ese imbécil.
—Bueno, pues ahora sabemos que seguramente es hija del semen de otro imbécil, solo que no conocemos el nombre de ese imbécil. No creo que sea tan importante saber quién es.
—Thomas, estás defendiendo algo en lo que no crees.
Nos dolía verla sufrir después de que Agustín la dejara.
Se pasó seis meses llorando, aunque entre llanto y llanto fue capaz de que la preñaran con una inyección cargada con el semen de un tipo que no sabemos si era un psicópata o un genio.
Pero viendo a Penny me inclino a pensar que era un psicópata.
—Me duele que no tengas buena opinión de nuestra nieta.
Penny es solo una chiquilla confundida. Es normal dada su edad y, sobre todo, ante la cantidad de teorías que corren por internet.
Aún no tiene discernimiento suficiente para distinguir entre el trigo y la paja.
Los críos deben procesar ideas de todo tipo que se les cuelan por las rendijas de la red. No está siendo fácil para ellos.
—No está siendo fácil para sus padres ni sus familias.
A su edad no escuchan, lo importante es el grupo, las opiniones de fuera.
Y ahí fuera hay mucho malvado que defiende intereses que trastocan la personalidad y el futuro de los niños y los jóvenes al grito supuestamente de libertad de que puedes ser quien quieras: hombre, mujer o avestruz.
—No simplifiques, es una cuestión muy seria.
—Claro que lo es, sobre todo porque los adultos participan de la locura en nombre de una pretendida libertad.
Dejamos a los críos solos con sus preguntas, sus dudas, su cóctel hormonal, mientras unas minorías (que no digo que no hayan sufrido y estado marginadas) han colocado en la agenda pública sus frustraciones haciendo creer que lo particular es universal.
¿Qué va a pasar dentro de unos años cuando los adolescentes de hoy que, siendo chicos, hayan decidido que en realidad son chicas se hayan dejado cortar el pito?
, ¿o con una chica a la que le rebanen las tetas ya que lo de ser tío mola, entre otras cosas, porque sigue vigente el machismo que hace que muchas crean que ser hombre tiene más ventajas?
—Dices barbaridades. Planteas un asunto muy serio como si estuvieras discutiendo en el mercado. Martha, es de justicia escuchar a las minorías, intentar entenderlas, dar respuesta a sus problemas.
—Estupendo, pero no convirtiendo en regla universal sus problemas.
El otro día me contó Lucía que su hija la llamó para pedirle consejo.
Al parecer, Luz, su nieta, llegó llorando del colegio porque hicieron una encuesta sobre las preferencias sexuales y todas las chicas se declararon bisexuales y ella no lo es y eso le ha supuesto burlas y quedarse sin amigas.
¿Sabes cuántos años tiene la nieta de Lucía?
—Lo sé, los mismos que Penny, dieciséis.
—Y si a los dieciséis no eres bisexual, o quieres transicionar, o te declaras de género fluido o alguna de esas cosas, te quedas fuera de juego por «rara». Ahora tiene que ser «algo» que no sea solamente «chica» o «chico» porque, de lo contrario, supones un problema para la humanidad.
—No exageres, Martha. Pierdes la razón con esos planteamientos maximalistas y…, bueno, yo diría que también reaccionarios.
—Ya, ya me lo ha dicho Penny, soy reaccionaria y por eso me acusa de estar cosificada.
¡Solo quiero ser una mujer! ¡Menuda antigualla!
¿Eso qué es? Pero en realidad es ella y los que imponen las nuevas teorías los que cosifican a la gente.
Hay que pertenecer a alguna de estas tribus: la tribu de los no binarios a la que pertenece nuestra nieta, la de los panbinarios, los trans, género fluido, intergénero, bigénero, transexual, transgénero, trigénero, bisexual.
Nuestra nieta me ha dado una lección de todo lo que se puede ser con solo desearlo, menos ser hombre o mujer.
Incluso te diría que ser homosexual o ser lesbiana suena a poco, es reaccionario.
Así que son otros los que están cosificados y no quienes simplemente decimos que somos mujeres y hombres sin más.
Tenemos que pedir perdón por sentirnos bien en nuestra piel de dinosaurios.
—Martha, no te reconozco. En Boston eras la primera que salía con una pancarta defendiendo los derechos de las minorías.
E incluso te pintabas la cara con los colores del movimiento LGTB.
Y tu mejor amiga, aquella bailarina francesa que terminó casándose con la jefa encargada del vestuario de la compañía de ballet.
Tú fuiste la madrina de la boda. ¿Te has quedado a gusto después de decir todo lo que has dicho?
Espero que lo que has dicho a Penny te haya servido para relajar tu sistema nervioso.
—¿Y eso qué tiene que ver con nuestra nieta? ¡Eres tan conciliador, tan políticamente correcto! Lo mismo un día de estos me sorprendes diciéndome que en realidad eres trigénero, algo que no sé muy bien en qué consiste, pero que debe de ser guay del Paraguay.
—No digas sandeces, y ¿qué es eso de ser «guay del Paraguay»?
—Pues algo más sencillo que ser trigénero o pangénero.
—Martha, tú nunca has sido así… Siempre has sido una activista contra las injusticias que han sufrido las minorías.
—Y ahora… vivimos una dictadura ideológica mundial, la de las minorías.
Los que formamos parte de las mayorías tenemos miedo de decir en voz alta que no estamos de acuerdo con determinadas cosas, porque decirlo te cuesta la muerte civil.
Por cierto, tu amiga Mary Baker es una de las líderes del movimiento woke .
He leído varios artículos que ha escrito sobre estas cuestiones y parece que se ha convertido en un referente de esa ideología.
»En cuanto a mí…, si en vez de tener setenta años y estar retirada y poder vivir de mi pensión tuviera treinta y trabajara, me tendría que morder la lengua o manifestarme a favor de todas las imposiciones de las minorías.
—Martha…, no seas radical.
—Ya, soy una radical reaccionaria o una reaccionaria radical. Pero en realidad lo que no soy es una hipócrita.
—Eres odiosa. —La voz de Penny nos sobresaltó a los dos. ¿Desde cuándo nos estaba escuchando?
Thomas se levantó de la butaca, pero sin acercarse a Penny, que tenía la mirada vidriosa por la ira.
Yo sentía indignación. Indignación por ver pisoteada la intimidad de una conversación entre Thomas y yo. Si no podíamos hablar sin tapujos en nuestra propia casa por temor a que nos escucharan, entonces estábamos definitivamente perdidos.
—¿Cómo te atreves a escuchar? Nadie te ha dado permiso para entrar en mi sala… —dije enfadada.
Thomas y Penny se quedaron unos segundos confundidos ante mi reacción. Pero Penny no se achantó.
—Venía a deciros que mejor que dormir con Peter aquí nos íbamos al garaje de Eduard, esta noche van a estar allí nuestros colegas y para echar un polvo lo mismo da allí que aquí.
Pero lo que yo haga os da lo mismo, veo que me odias —dijo dirigiéndose a mí—, pero te aseguro que no tanto como yo a ti.
Eres todo lo que desprecio en la vida, lo que no quiero ser, lo que me produce náuseas.
—¡Penny, no hables así a tu abuela!
—¿Qué clase de abuela es? ¿No has escuchado lo que piensa de los que no son como ella?
Se cree que es cisgénero porque de pequeña le hicieron un lavado de cerebro inculcándole que las niñas van de rosa y los niños, de azul.
Thomas, deberías haberte casado con Mary Baker en vez de con ella.
¿Qué tienes en común con una bailarina del tres al cuarto?
Se cree un cisne, pero se mata de hambre para mantener el tipo, tiene un cuerpo de mierda, todavía no se ha muerto y parece un esqueleto que anda cubierto de pellejos.
Y la cara… El otro día te escuché hablar por teléfono con la tía Irene para que te vieran en el centro donde trabaja y, ya que has ido a que te vean la mierda de brazos que tienes, deberías pedir que te hicieran un lifting en la cara.
Pero, ¿sabes?, no tienes remedio, no pueden hacerte nada porque eres una vieja de mierda, y nada ni nadie te puede devolver la juventud.
Además, eres una frustrada; solo hay que mirarte para darse cuenta.
Seguramente te habría gustado ser de género fluido, si tienes aspecto de eso.
Pero te has conformado con esos vestidos cursis llenos de lazos.
Eres el ejemplo de lo que es ser una mujer cosificada.
—¡Basta ya, Penny! Le debes respeto a tu abuela. Puedes discrepar con ella, defender lo que piensas, pero hazlo con respeto. Todo se puede decir siempre que se haga sin ofender. —Thomas, puesto en pie, miraba con enfado a su nieta.
—¿Y ella a quién respeta? He escuchado todas las cosas que ha dicho.
No le importa pisotear los sentimientos de los demás, para ella el mundo es blanco o negro.
No tiene la menor empatía por las emociones y sentimientos ajenos.
Las personas como ella son las que durante siglos han mandado a la hoguera a las personas como yo.
Han destruido todo lo que no comprendían.