Una fábula sueca 19
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Eran las ocho de la mañana, y la mente de Ingrid parecía estar recubierta por una neblina que le causaba un abotargamiento viscoso y grisáceo.

Todos los daños físicos que se había hecho la noche anterior habían evolucionado claramente a mejor: el pinchazo ya no se irradiaba a otras zonas, sino que se había convertido en un picor tolerable y discontinuo, como la picadura de una pequeña araña de jardín, y la herida de la mano estaba bien, solamente le escocía un poco en una zona cercana a la uña.

Puso una cafetera, se sirvió una taza muy cargada y subió a su despacho.

Allí metió el pasaporte de Hans en un sobre de correo diplomático.

Después encendió el ordenador y redactó lo siguiente:

De: Ingrid Sørensen [email protected]

Para: Klara Pålson [email protected]

CC: Manel Segovia [email protected]

Asunto: Pasaporte P451292Q

Estimada Cónsul General:

Le escribo para poner en su conocimiento de forma oficial ciertas irregularidades detectadas con relación al documento al que hago referencia en el asunto de este correo.

En primer lugar, me gustaría advertir que he incluido a Manel en copia, ya que él es el encargado de la seguridad del consulado y estimo conveniente que esté al tanto de lo ocurrido. Por eso escribo en español.

Acto seguido, Ingrid enumeraba, de forma precisa y escrupulosamente ordenada en el tiempo, todas las interacciones con Elina y Katja, a quienes identificaba incluyendo también sus respectivos números de pasaporte.

Ingrid fue especialmente minuciosa narrando la primera visita de las suecas —haciendo hincapié en que ahí tuvo lugar la primera de varias solicitudes de irregularidad— y el episodio de la noche anterior.

También deslizaba que el allanamiento sufrido a primeros de marzo podía estar relacionado con ellas.

Las valoraciones subjetivas las dejó para el final del mensaje, y en ellas expresó sus sentimientos de inseguridad y vulnerabilidad, así como lo mucho que le estaba afectando tanto a ella como a su familia «todo lo expuesto más arriba».

Además, Ingrid dejaba caer que, tanto en su opinión como en la de su entorno, todo parecía indicar que a Hans le había ocurrido algo, por lo que sugería una investigación «por parte de las autoridades correspondientes».

Se despedía solicitando a Pålson su permiso para desvincularse del pasaporte y para enviarlo por correo a la embajada.

Firmaba atentamente y deseaba una feliz Pascua.