12 #2
—Si pertenece al clan MacDougall, es un proscrito. No debería estar en Escocia. Hay que capturarlo y ahorcarlo —dijo Fiona con rencor.
Erin se asustó. Sabía bien que la traición se pagaba con la horca, pero algo le decía que Brianna no se había dejado seducir por un simple embaucador. No era tan ingenua como aseguraban Ian y Fiona.
—Hablaré con ella —intervino.
Su suegra y su esposo dirigieron la vista hacia ella.
—¿Para qué? —soltó Fiona.
—Necesitará consuelo.
Fiona miró a Ian, esperando a que él tomase la decisión.
—Mi querida esposa, eres demasiado compasiva.
—No sabía que tener piedad fuera algo malo —se defendió Erin.
—A veces, tanta piedad trae consecuencias negativas —añadió Fiona.
—Por el amor de Dios, estamos hablando de Brianna —dijo con paciencia—.
No es tan tonta. Es una mujer inteligente, que no se deja embaucar por nadie ni influir en sus opiniones.
Tiene el suficiente cerebro como para discernir el bien del mal, sabe perfectamente cuándo la están engañando y cuándo no.
Es muy intuitiva y persistente. Tiene un gran corazón, noble y generoso.
Imparte justicia cuando la situación lo requiere, pero también es compasiva.
Si fuera hombre, sería un buen laird —alegó en defensa de su amiga.
—El amor nos vuelve ciegos —contestó Fiona.
—¿Tan malo es que se haya enamorado de un hombre que pertenece a un clan rival?
—quiso saber—. El amor es lo más bonito que hay en este mundo.
Enamorarse no debería ser un crimen y no debería recibir castigo alguno, como dejarla encerrada en su alcoba como si fuera una cárcel —le recriminó a su suegra.
—Brianna se ha enamorado de un proscrito, que, además, es nuestro enemigo —le recordó Ian.
—A lo mejor ese joven, Kylian, no es como pensamos.
Solo porque pertenezca a un clan enemigo no significa que esté de acuerdo con las ideas de su laird .
Como miembro de su clan, es su deber participar, ayudar y acatar las órdenes del jefe, aunque no las comparta.
Deberías saberlo, amor mío, ya que me desposé contigo por orden de mi padre, el laird de mi clan, a pesar de que no estaba de acuerdo en contraer nupcias con ninguno de mis pretendientes.
—Al ver la mirada dolida de Ian, añadió—: Aunque no me arrepiento de haberlo hecho, porque a tu lado soy inmensamente feliz.
Ian cambió su mirada dolida por otra de comprensión y cariño al escuchar las últimas palabras.
—Mi hija no debería amar a nadie que pertenezca a un clan que ha apoyado a los ingleses. Debería odiarles —soltó Fiona, enfadada.
—El odio y el rencor emponzoñan el alma. Sería mejor dejar el pasado atrás y construir un futuro a partir de este presente. Quien odia, muere. Sin embargo, quien perdona, avanza —replicó, tozuda.
—Mi querida Erin, tú también eres demasiado ingenua. ¿Es que no piensas en las consecuencias que podría tener para ella? ¿Para todos?
—Pasaré por alto esa ofensa. Sé que lo decís llevada por la indignación que sentís en este momento. Sé que no opináis así sobre mí. En cuanto a las consecuencias, ¿no creéis que podría haber un acercamiento entre ambos clanes y firmar la paz?
—El rey los declaró proscritos —le recordó Fiona—, y solo él puede revocar esa decisión.
—Tenéis razón, Fiona. Aun así, permitidme hablar con Brianna —volvió a solicitar Erin.
Miró fijamente a Ian esperando una respuesta.
Cuando vio que este asentía, se giró hacia Fiona y le tendió la mano.
—La llave, por favor.
En cuanto la tuvo en su poder, salió disparada de la estancia y tomó el camino que la llevaría a la alcoba de su cuñada.
Brianna sintió la llave girar en la cerradura de la puerta y se levantó de un salto de la cama.
Cuando Erin entró en la alcoba, Brianna echó a correr hacia ella y se refugió en sus brazos.
—Mi madre…
—Ya lo sé. Nos lo ha contado a Ian y a mí.
He venido para avisarte: no te va a permitir abandonar tus aposentos como te ha prometido.
Mandarán algunos soldados para apresar a Kylian.
Tu hermano sabe quién es. Pertenece al clan MacDougall y no es un cazador de proscritos: él es un proscrito.
¿Por qué no me habías contado nada? ¿Ya no confías en mí?
La ansiedad creció más todavía en el pecho de Brianna. Se distanció de su cuñada, sin llegar a romper del todo el abrazo.
—Sí confío en ti. Kylian es un buen hombre que desea vivir en paz.
—¿Y por qué habéis estado viéndoos a escondidas? Aunque sea un buen hombre, es un proscrito. Si lo apresan, lo ahorcarán.
Brianna estaba tan nerviosa que empezó a sollozar.
—Pero yo lo amo.
Erin la acercó más a su cuerpo. Continuó abrazándola, consolándola unos minutos más.
—A veces, el amor no es suficiente. El honor del clan está por encima de los sentimientos amorosos y de nuestros deseos —afirmó Erin con tristeza.
—¿Qué puedo hacer?
—Debes olvidarlo.
—No. Eso es imposible.
—Debes hallar la manera de hacerlo —repitió Erin—.
Piensa que no podrás desposarte con él. El rey ha declarado proscrito a su clan y solo él puede revocar esa decisión —repitió las palabras que poco antes había dicho su suegra—.
Y, en el caso de que Ian acepte que contraigas nupcias con él, el rey se lo tomará como una ofensa y las consecuencias para nuestro clan podrían ser catastróficas.
Brianna rompió el abrazo de malos modos y se alejó hasta la otra punta de la alcoba.
—¿Cuánto tiempo llevas casada con mi hermano? ¿Una semana? ¿Diez días? Si yo te dijera ahora que lo olvidases, ¿lo harías? No, sería muy difícil echarlo de tu corazón. A mí me pasa lo mismo con Kylian. No estamos desposados, pero me siento como si fuera su mujer. Nunca jamás podré olvidarlo.
—Eres tan terca… —comentó Erin, sintiendo una pena enorme por la situación en la que estaba su amiga, pues la comprendía a la perfección— y tienes tanta razón…
Yo no podría olvidar a Ian después de los días que hemos compartido.
Soy tan feliz que no podría rechazar nuestro amor ni una vida junto a él.
Brianna regresó a su lado y la tomó de las manos.
—¿Me ayudarías a escapar de esta alcoba? Necesito advertirle.
—Si estuviera en mi mano, lo haría con mucho gusto, pero no puedo fallarle a mi esposo.
Hice una promesa que no voy a romper. Juré ante Dios que le sería fiel, y eso también implica obediencia, confianza.
Si te ayudo a escapar, Ian lo tomará como una traición.
No deseo tener conflictos en mi matrimonio. Debemos pensar otra cosa.
La mente de Brianna iba a toda velocidad, planeando la forma de avisar a Kylian de lo que se avecinaba.
—En un par de días se marchará a Irlanda —comenzó a decir—.
Si pudiera hacerle llegar algún mensaje para que emprenda su viaje de inmediato, tal vez tendría la oportunidad de escapar.
Prefiero amarlo en la distancia, con la posibilidad de que algún día vuelva y podamos estar juntos, que vivir con la certeza de su muerte.
Erin se sintió muy impresionada por aquellas palabras y se entristeció por la verdad que encerraban.
—Pensaremos una solución. Algo se nos ocurrirá —le dijo para animarla.
Permanecieron unos minutos en silencio, cavilando la forma de contactar con Kylian.
De pronto, Brianna se acercó a la mesita que había en la alcoba. Sobre ella había una caja de madera tallada con el escudo de los MacLeod. Abrió la caja y sacó un pergamino, una pluma y un tintero. También sacó el lacre con el que sellaría la carta.
—Le escribiré un mensaje para advertirle y tú se lo harás llegar.
—¿Yo? —se sorprendió Erin.
—Sí, tú. Escucha: Kylian me contó que debía comprar algunas cosas en el mercado del pueblo antes de embarcarse hacia Irlanda. Hoy es día de mercado. Podrías contactar con él y entregarle esta misiva —dijo mientras escribía con rapidez.
—Pero yo no lo conozco. No sé cómo es físicamente.
Brianna se detuvo un momento.
—Tienes razón, no lo conoces, pero él a ti sí. Podría acercarse a ti y…
—¿Y por qué motivo tendría que acercarse a mí?
—Pues… Emm… No lo sé. Pero tengo que hacerle llegar este mensaje de la forma que sea —dijo, con la voz cargada de impotencia y frustración.
—¿Cómo es? Descríbemelo.
—Es más o menos igual de alto que mi hermano. Tiene unos ojos verdes preciosos, cabello oscuro, largo hasta los hombros, con barba. Viste calzas marrones y una camisa clara. Lleva una capa de lana oscura.
—Hay muchos jóvenes en el pueblo que son así —intervino Erin—. ¿No tiene algún rasgo que lo distinga?
—Sí. Tiene un lunar cerca del ojo izquierdo y una pequeña cicatriz encima de la ceja.
—De acuerdo, lo intentaré. Pero si alguien me descubre y tu hermano se enfada conmigo…
Brianna la abrazó.
—Yo te defenderé. Contaré la verdad: que solo pretendías ayudarme. Gracias.
Terminó de redactar la misiva, la dobló, acercó el lacre a una vela para derretir la cera y le puso el sello. Una vez que la cera se hubo secado, se la entregó a Erin. La misiva era bastante pequeña, por lo que Erin la escondió en la manga de su vestido.
Abandonó la alcoba y bajó a la sala privada, donde Ian estaba aún hablando con Fiona.
Antes de entrar, se detuvo un momento para respirar hondo, calmar los acelerados latidos de su corazón y controlar el nerviosismo que le producía saber que estaba haciendo algo que su esposo vería como una traición a su confianza y que podría llegar a afectar negativamente a su matrimonio.
Pero Brianna era su mejor amiga desde su más tierna infancia, no podía fallarle cuando la necesitaba.
Escuchó la conversación que mantenía Ian con su madre.
—Ese malnacido de Kylian MacDougall, ¿será el que ha estado matando y robando el ganado de las gentes del pueblo con el muchacho al que atrapó la patrulla de vigilancia? —preguntó Fiona.
—No tengo la certeza de que sea él. Además, el muchacho era un MacDonald.
—Los MacDonald y los MacDougall siempre se han llevado bien. Los dos apoyaron a los sassenach —le recordó a su hijo.