Una esposa para el laird (Guerreros de Escocia 1) 11 #3
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Brianna agachó la cabeza, avergonzada. Le había fallado a su madre. Los remordimientos azuzaron su mente. ¿Debía contarle la verdad? ¿Debía hablarle de Kylian? Si le confesaba que había estado con un MacDougall, saldrían a cazarlo enseguida y, en el caso de que lo atrapasen, lo matarían.

—¿Quién es? ¿Algún mozo del pueblo? —quiso saber Fiona.

Brianna negó con la cabeza y alzó los ojos hasta los de su madre, que, de pie frente a ella, esperaba una respuesta.

—Se llama Kylian. No es de nuestro clan. Es forastero.

—¿Un forastero? ¿Acaso es un vendedor ambulante? ¿Un juglar?

—No, madre. Es un cazador de proscritos —mintió.

Fiona la miró con asombro. La preocupación se reflejaba en sus ojos azules.

—¿Un cazador de proscritos? —repitió, pensando que había oído mal.

—Sí, madre. Yo… Lo amo.

Fiona abrió todavía más los ojos.

—¿Cómo te has podido enamorar de un esbirro? ¿Para quién trabaja? ¿Para el rey? ¿Para el conde de Stirling? ¿Para el de Inverness? ¿A qué clan pertenece?

Soltó las preguntas como si fueran flechas que surcan el aire velozmente.

—No sé a qué clan pertenece ni para quién trabaja. Kylian se cuida mucho de informarme al respecto, porque pondría en peligro su misión. Debe pasar desapercibido —volvió a mentir.

—¿Esa es la falacia que te ha contado? —preguntó, escéptica.

—Kylian no es un embustero. Que no me lo haya contado todo sobre su vida no lo convierte en un mentiroso —lo defendió.

Fiona permaneció en silencio unos segundos.

—¿Dónde lo has conocido? ¿En el pueblo?

—Lo vi en el pueblo, pero luego se coló en la fiesta que dimos por el enlace de Ian y Erin. Ahí fue donde empecé a hablar con él y, desde entonces, nos vemos todas las noches. Pero te juro por Dios, madre, que no me he entregado a él. Aún conservo intacta mi virtud.

—¿Por qué no quiere decirte a qué clan pertenece? ¿Por qué accedió a la fiesta sin permiso? ¿Y por qué os veis de noche, a escondidas de la gente?

—Ya te lo he dicho, madre: debe pasar desapercibido. No puede revelar su presencia porque, si hay proscritos por aquí, pondría en riesgo su misión y le dificultaría darles caza.

Fiona comenzó a recorrer la alcoba mientras meditaba. ¿Estaría su hija contando la verdad? No quería dudar de ella, pero algo le decía que no estaba todo claro respecto al joven con el que se veía.

Normalmente, los cazadores de proscritos se presentaban ante el laird del clan donde estuviesen trabajando y mantenían una conversación con él para recabar información. Solían preguntar si había habido incidentes por la zona, si sabía de algún proscrito y cosas así.

Pero que ese joven, Kylian, lo llevara todo tan en secreto le dio mala espina.

—Quiero hablar con él. ¿Dónde puedo encontrarlo? ¿Dónde se aloja?

—¿Para qué quieres hablar con él?

—Porque me parece todo muy extraño. Quiero que me mire a la cara y me lo cuente él mismo.

—No puede hacerlo. Debe pasar…

—Desapercibido, sí —la interrumpió Fiona con una mueca.

Brianna asintió.

—Además, dentro de poco partirá hacia Irlanda —añadió para ver si su madre desistía en su empeño de hablar con él.

—¿Irlanda?

—Sí, madre.

—Eso me hace sospechar todavía más.

—En Irlanda también hay proscritos —comentó Brianna.

Fiona se detuvo frente a ella, que seguía sentada en la cama.

—¡Qué ingenua eres! Los proscritos que haya en Irlanda no le importan al rey ni a los nobles.

Los cazadores de proscritos deben eliminarlos de nuestras tierras, de nuestro país, Escocia.

¿Qué nos importa a nosotros si se han marchado a Irlanda?

Mientras no regresen, no importa si viven allí o en otro lugar.

Tu querido Kylian te ha soltado una patraña.

No sé con qué fin lo habrá hecho, pero no dudes que ha sido así.

—No creo que…

—La próxima noche no acudirás a tu cita con él —le ordenó Fiona—. Te quedarás aquí y mandaremos a varios hombres a buscarlo.

—¡No puedes hacer eso! —gritó Brianna, levantándose del lecho de un salto—. ¡Kylian me espera a mí! Si van otras personas…

—¿Huirá? —la cortó—. Si huye, es porque no es de fiar como tú aseguras.

—Pero…

—Pero, si de verdad es quien dice ser, acompañará a los hombres hasta Dunvegan para presentar sus respetos a tu hermano, el laird , y compartir información.

—Déjame reunirme con él esta noche. Le comentaré que debe hablar con Ian y le pediré que regrese al castillo conmigo —rogó Brianna.

Su madre lo pensó un momento.

—Te acompañarán dos hombres.

—No, madre. Iré sola. Si ve que estoy acompañada, pensará que lo estoy traicionando.

—Está bien —cedió Fiona—. En cuanto llegues a la cueva del lago, le comunicarás mi petición y acudiréis enseguida aquí.

Fiona se dirigió hacia la puerta, pero, antes de abandonar la alcoba, se giró hacia su hija y le dijo:

—Descansa. Te avisaré cuando vayamos a almorzar.

La mujer salió de la estancia y cerró la puerta con llave para evitar que su hija saliera y alertase al joven. Estaba convencida de que este huiría al descubrir que había sido delatado y que lo buscaban.

Brianna, al oír el ruido, se acercó a la puerta e intentó abrirla. Como no lo consiguió, comenzó a aporrearla mientras llamaba a su madre a gritos.

Fiona se dirigió hacia la alcoba de Ian y Erin. Era urgente que su hijo se enterase de las andanzas de su hermana. Había que capturar a ese joven con el que se veía a escondidas y saber de quién se trataba, a qué clan pertenecía y qué intenciones tenía con Brianna.